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Ante las amenazas de actos violentos |
El minúsculo grupo de estudiantes radicales que impidieron la visita del Papa el pasado jueves a la Universidad de Roma no podían imaginar que el incidente terminase sacudiendo la conciencia de Italia y proyectando al mundo entero el mensaje de Benedicto XVI sobre la complementariedad entre la fe y la razón. Como gesto de apoyo al Santo Padre, doscientas mil personas acudieron ayer al rezo del Ángelus, batiendo el récord histórico de esta oración dominical. El Papa se emocionó al ver la plaza de San Pedro llena a rebosar de fieles, banderas y pancartas de solidaridad con él como persona, algo que nunca había sucedido. Aún así consiguió recortar a sólo unos segundos el primer aplauso siguiendo su técnica habitual: tomar enseguida la palabra, de modo que el público, incluso cuando es una multitud, se calla de repente al unísono para escucharle. Pero el aplauso estruendoso volvió a sonar en cuanto saludó "a los jóvenes universitarios y profesores, y a vosotros todos", incluso los que ayer no podía ver pues los asistentes desbordaban por la Vía della Conciliazione, que se abre hacia el Tíber. "Os lo agradezco de corazón, queridos amigos", les dijo el Papa, recordando que "había aceptado muy a gusto la amable invitación de la Universidad de Roma "La Sapienza", pues conozco bien ese Ateneo, lo aprecio y tengo cariño a sus estudiantes, muchos de los cuales vienen cada año a nuestros encuentros en el Vaticano junto con colegas de otras universidades". La protesta de un pequeño grupo de radicales la semana previa al día de inauguración del curso académico que en la ciudad "eterna" puede retrasarse hasta mitad de enero se apoyaba en la carta al rector de 67 profesores disconformes con la invitación al Papa. En la gigantesca Universidad de Roma, 67 profesores suponen el 1,4 por ciento de los 4.767 profesores del cuerpo docente. Casi todos eran de Física, y denunciaban la hostilidad del Papa hacia Galileo, olvidando que fueron Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger quienes rehabilitaron al astrónomo italiano. La amenaza de reventar el acto y provocar enfrentamientos con la Policía ante las televisiones de medio mundo crearon, como dijo el Papa, "un clima que hacía inoportuna mi presencia en la ceremonia. Por eso me abstuve contra mi voluntad, pero les envié el texto que había preparado", y que se leyó íntegro en el acto académico. Era una reflexión sobre el papel del Papa y el papel de la Universidad, cada uno en su campo, en la que invitaba a todos, creyentes o no, a mantener la fe en la razón humana, una idea formulada extensamente en 1998 en la encíclica "Fe y Razón", de Juan Pablo II, que prepararon entre los dos. Benedicto XVI, que enseñó durante 25 años en seis universidades alemanas y se definió ayer como "profesor, por así decir, jubilado", manifestó que "me siguen vinculando a la Universidad el amor a la búsqueda de la verdad, al debate y al diálogo franco pero respetuoso de las respectivas posiciones". Un firmante se arrepiente El Papa animó a todos los universitarios "a respetar siempre las opiniones de los demás y a buscar, con espíritu libre y responsable, la verdad y el bien". Era una auténtica lección de civismo y de ciencia. Estaba hablando el profesor Ratzinger. El profesor de física nuclear Luciano Maiani, director del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y uno de los 67 firmantes de la carta, reconoció que "siento mucho lo sucedido. Menos el Papa, hemos perdido todos: los científicos, los estudiantes, las autoridades académicas, la opinión pública y el mundo político. Es necesario restablecer la confianza entre los científicos y los hombre de Iglesia, basada en que ninguno debe predicar al otro". | |||||
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