Ernesto Cofiño
Un médico guatemalteco en proceso de canonización.
Oración para la devoción privada
Mario Grazioso
Ernesto Cofiño: perfil de un hombre del Opus Dei
José Miguel Cejas y José Luis Cofiao
Actualidad de su figura y su mensaje

         La Carta Apostólica "Tertio Millennio Adveniente" de S. S. Juan Pablo II, al final del número 37, anima a la búsqueda del testimonio de la vida de hombres y mujeres que hayan vivido en este tiempo, y que hayan realizado su vocación cristiana en el matrimonio; para proponerlos como modelo y estímulo a los esposos cristianos. Ernesto Cofiño buscó la santificación en el matrimonio y la familia.

         La Carta Apostólica "Tertio Millenio Adveniente" hace ver, también, la necesidad de hombres y mujeres que sean como levadura cristiana en medio de la sociedad.

         En la sociedad actual amenazada por la indiferencia religiosa, por el materialismo práctico, el hedonismo - que facilita que la gente se aísle, se vuelva egoísta - la vida del doctor Ernesto Cofiño Ubico es un mensaje de generosidad y entrega, ya que se puede decir, que la suya fue "una vida de servicio".

         Su humildad es ejemplar. Ernesto tenía una gran personalidad, mucha simpatía y sentido del humor. Gozaba de un gran prestigio profesional como médico pediatra, como catedrático. Recibió muchos premios y condecoraciones. Ocupó puestos importantes. Nunca se sintió superior a nadie y a nadie trató con altanería.

         Consiguió en su vida una profunda coherencia cristiana. Fue un hombre en continuo contacto con la Universidad que actuó, como levadura cristiana, en el mundo de la ciencia.

         El amor a los niños enfermos y necesitados presidió toda su vida. Amaba a los niños, y especialmente se prodigaba con los más pequeños indefensos: los huérfanos, los tuberculosos, los azotados por la "enfermedad del hambre" a la que él calificaba como "el problema número uno de Centro América". Dejó en la mente de sus alumnos una idea clara para que fuera siempre una premisa invariable: "velar por el ser humano. Y velar por él es vigilarlo en su dignidad. Que no lo degrade el hambre, que no lo venza una ciencia apoyada en el afán de conquista".

Su causa beatificación y canonización

         El día 31 de julio de 2000, en la sesión de apertura de la investigación diocesana sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios Ernesto Cofiño, que tuvo lugar en el Salón del Trono del Palacio Arzobispal de la ciudad de Guatemala, el Señor Canciller de la Curia, Mons. Gustavo Rodolfo Mendoza dio lectura al Decreto Arzobispal de Introducción de la Causa y del nombramiento del Tribunal Arquidiocesano que se encargaría de instruir el Proceso. La sesión fue presidida por el Sr. Arzobispo Mons. Próspero Penados del Barrio.

         Fue un acto entrañable para cuantos estuvieron presentes. Entre ellos que se contaba el Vicario Regional del Opus Dei, hijos e hijos políticos, familiares, colegas y amigos del Doctor Cofiño.

         El 5 de abril de 2001, al concluir el Tribunal la interrogación de los testigos, y recogida de los documentos concernientes a la Causa, tuvo lugar la sesión de clausura, también bajo la presidencia del Señor Arzobispo Primado de Guatemala. Las actas y la documentación del Proceso fueron presentadas en la Congregación para las Causas de los Santos en Roma, el día 5 de mayo de 2001.

        Sobre su experiencia al ingresar en el Opus Dei (Obra de Dios) escribió más tarde el mismo Ernesto:

        "Mi forma de vida no cambió -seguí con las actividades de siempre, ya que la Obra no se inmiscuye en estas cosas- pero en lo interior sí hubo una transformación. La formación que la Obra me dio me llevó a asimilar la doctrina de la Iglesia, a tratar a Dios con profundidad a través del cumplimiento de algunas prácticas de piedad, a hacer apostolado con mis amigos para recristianizar esta sociedad, esforzándome en trabajar bien y en atender mis obligaciones familiares, cívicas y sociales. En otras palabras, a estar muy metido en el mundo sin necesidad de salirme de él para tratar a Dios".

Su última etapa

        A los 80 años se le detectó un cáncer en la mandíbula. Tuvieron que quitarle tres cuartas partes del maxilar inferior. Era la excusa perfecta para retirarse y, por decirlo de alguna manera, "dormirse en sus laureles". Pero no era su estilo. Para el doctor Cofiño el cáncer fue como el parón que hace un deportista para recobrar fuerzas, tomar aire, y dar el mejor esfuerzo al final, pues siguió trabajando con gran empeño. Sólo lo pudo detener una cosa: el rebrote del cáncer a sus 92 años. Luchó por vencerlo, porque quería vivir más para seguir sirviendo, pero ya Dios lo quería a su lado.

         Murió santamente, auxiliado con los últimos sacramentos, después de una enfermedad larga y dolorosa, llevada con fortaleza y conformidad, el 17 de octubre de 1991, a las 7:20 de la mañana, en la ciudad de Guatemala, "exprimido como un limón".