Casimir delante de la Residencia Universitaria.
“Matar el tiempo” en Abidján
Casimir es uno de los responsables del Centro Cultural Comoë (Abidján). Explica que, aunque el país acaba de salir de un periodo de luchas y las universidades siguen cerradas, con un poco de ingenio la formación de los estudiantes sigue en marcha.
Leyendas negras de la Iglesia
Vittorio Messori

Casimir, estudias y gestionas la Residencia Universitaria Comoë. ¿Cómo te las arreglas?

        Cuando estudiaba en el Lycée Scientifique de Yamoussoukro pude beneficiarme de lo que se hacía en Yaouré, un centro parecido. Así que cuando vine a la Universidad de Abidján, quise colaborar en la organización de las tareas de Comoë.

        En realidad, todos o casi todos los estudiantes que vienen a Comoë son al mismo tiempo beneficiarios y organizadores. Así surgen en el seno de Comoë clubes de estudiantes de Derecho, o de Medicina o de Ciencias Económicas, por ejemplo, que invitan profesores, organizan clases y conferencias

¿Qué actividades organizáis?

        Se organizan coloquios y conferencias para difundir el conocimiento de los Derechos del Hombre; clases de alfabetización o de apoyo escolar en los barrios de chabolas...

        Una de las actividades más bonitas de los estudiantes de Medicina es la organización de cuidados médicos, de vacunaciones, de clases de higiene en esos mismos barrios de chabolas.

        En diciembre un equipo de diez estudiantes, con un médico al frente, han estado varios días en las aldeas alrededor de Yamoussoukro.

        ¡Y también organizamos partidos de fútbol, muchos partidos de fútbol!

Este año, Costa de Marfil y la Universidad del país han atravesado momentos difíciles. ¿Cómo habéis vivido eso en Comoë?


Una clase en Comoe

        Efectivamente, el primer semestre ha sido muy movido. Incluso en febrero tuvimos que cerrar la residencia e irnos todos a otro barrio, porque aquí había combates frecuentes. Muchos de los que vienen a Comoë se fueron a sus pueblos, con sus padres.

        Estas circunstancias dieron lugar a cosas que muestran el sentido de responsabilidad y la iniciativa de todos: muchos estudiantes, que reciben en Comoë clases de doctrina cristiana, organizaron clases parecidas en sus pueblos, en coordinación con el párroco, para grupos de diez o de veinte chicos: esto pasó en Boundoukou, Daloa, Bouafflé, Séguéla…

        Los organizadores estaban en contacto con nosotros por teléfono o, en algunos casos, por internet, y les íbamos dando orientaciones, bibliografía, hasta capítulos del Catecismo de la Iglesia Católica, cuando estaban en algún lugar en el que no tenían acceso a él.

        Una parte de los residentes, que estaban siguiendo unos cursos de historia de la filosofía y que se encontraron en Abidján sin la posibilidad de salir a la calle durante varias semanas, continuaron las clases por Internet.

¿Y ahora que el país ha recuperado la paz?

        Comoë ha vuelto a un funcionamiento casi normal. Pero como la universidad sigue cerrada, buena parte de los estudiantes, los que tienen medios para hacerlo, se han inscrito en escuelas privadas de enseñanza superior. Otros siguen en sus pueblos. Esta dispersión le da un tono particular, quizá más dinámico a la vida del centro: todo el mundo es responsable de su parcela.

        Además, ha habido un acontecimiento muy importante: el Padre, el Prelado del Opus Dei ha venido a vernos. Ha sido magnífico; nos ha llenado de ganas de perdonar, de comprender, de fomentar las ganas de convivir con alegría y de reconstruir el país.

        A la tertulia que se organizó específicamente para los estudiantes, vinieron más de 500 chicos, muchos de ellos desde pueblos situados a 100 Km. o más. Por ejemplo, Jean-Jacques vino de Agboville con 20 amigos, en un minibús entero para ellos.

        El Padre no había vuelto a Costa de Marfil desde 1997. La mayoría de los de la Obra no le conocíamos. Esos días pudimos comprender por qué en la Obra al Prelado le llamamos Padre.

¿Cómo ves el nuevo año que comienza?

        Gracias a Dios el país se normaliza; eso nos permite esperar y desear vivamente que la universidad se normalice también, cuanto antes: muchos están desorientados y no saben cómo “matar el tiempo”.

        Nosotros estamos organizando cursos de cosas complementarias que puedan ser útiles para todos, de cualquier facultad: informática, inglés, expresión oral y escrita… Hay incluso un grupo de unos 20 que sigue con gran interés unos cursos sobre las relaciones entre la ciencia y la fe, pasando por la filosofía. Y entre tanto vamos intentando progresar en los estudios.

        Yo mismo acabo de presentarme a un concurso para una escuela superior de contabilidad, porque he tenido que interrumpir mis estudios de Económicas.

¿Y cómo te ha ido?

        Lo he conseguido. Lo mejor es que esta dispersión nos ha permitido conocer nueva gente, y Comoë se vuelve a llenar. Como ha visto, estamos haciendo unas obras de ampliación en el jardín: un anexo y un “apatam”, una cabaña para reuniones. Se organizan clases o seminarios donde se puede: la sombra de un árbol, por ejemplo.

Formula un deseo para el Nuevo Año

        Ya puestos, formularé dos: que nuestro país siga restableciéndose y que las universidades puedan volver a funcionar pronto.