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Por fin aparecido y desaparecido de nuevo definitivamente |
(CARTA DE GOYO A UN EDITOR, 2 de febrero de 2000) Sr. Editor:
Pongo por escrito, tal como usted solicitó, lo que ayer le comentaba por teléfono sobre un material para publicar. Ya hace más de dos años que no sabemos nada de Chuy. La penúltima vez que yo le vi en las oficinas fue aquel 5 de marzo de 1997. Yo estaba terminando un artículo de opinión sobre la decisión del Gobierno de crear una nueva secretaría. Chuy vino a Documentación, se le veía atareado, como siempre, ejerciendo su profesión con mucha pasión. Pero no crucé palabra con él. Desde marzo del 97 hasta los primeros días de septiembre del mismo año, desapareció sin que nadie supiera nada. El 5 de septiembre del 97, viernes, llegó, al trabajo, por la tarde, como si nada hubiera pasado. A nadie contó nada. Sólo decía que había hecho un viaje y que se le había alargado un poco. Ese día, el jefe, mientras decidía qué hacer con él por su prolongada ausencia, y dado nuestro problema de personal (apenas lográbamos cumplir con lo indispensable), mandó a Chuy como enviado especial a la India para cubrir la muerte de Teresa de Calcuta producida a las 21:30 (hora de Calcuta). La verdad, en esos días, todavía nuestro periódico estaba volcado en lo del fallecimiento de Lady Di, y esta muerte de otra figura de escala mundial nos complicó aún más el trabajo. Chuy tomó el avión a la India esa misma noche del 5. Durante los días de las exequias y funerales, mandó sus crónicas, profesionalmente elaboradas, como de costumbre, y se publicaron puntualmente. Su boleto de vuelta lo tenía para el 12 de septiembre de aquel mismo año. Todo parecía normal. Pero después de su último reportaje desde la India (que por cierto fue muy aplaudido por muchos de nuestros lectores) enviado el 11 de septiembre, ya nada volvimos a saber de él. | |||||
| Entre sus cosas de trabajo |
Hace unos días tuvimos que recolocar su escritorio, el que Chuy usaba en las oficinas de nuestro periódico. Me tocó a mí. La verdad es que antes a nadie se le había ocurrido mover sus cosas. Yo creo que un poco por el respeto y la estima que todos le guardamos. Él siempre usaba una bandeja sobre la que ponía todos aquellos papeles o documentos que quería hacer llegar a alguien; así, cada mañana, el mensajero los repartía a sus destinatarios. Al final de la jornada siempre guardaba la bandeja en su cajón, y al día siguiente volvía a sacarla. Era una de sus costumbres. El día que se fue a Calcuta, hizo lo mismo, ahí quedó la bandeja, bien metida en el cajón. Ahí fue donde encontré una carpeta vieja y sucia con papeles de todo tipo y tamaño. Algunos parecían muy antiguos, hasta había uno que parecía pergamino. Usaba muchas tintas, pero siempre la letra inconfundible de Chuy. Eran apuntes hechos con prisas. Estaban todos amarrados con una liga ya carcomida por el tiempo. Encima tenía un post-it y, además, dirigido a mí. Agradeciendo su interés en publicar este material, quedo sss: Lic. Goyo P.D.1: Anexo fotocopia del post-it de Chuy. P.D.2: Los textos de Chuy en su integridad ya están pasados a computadora. Los dejé tales cuales. No he cambiado una sola palabra. De cualquier manera, los originales obran en mi poder, por si se llegaran a necesitar. | |||||
| La historia de sus andanzas por escrito |
POST IT DE CHUY: 5sep97
Goyo:
Salgo con prisas a Calcuta. Por favor, si tardo en volver, te pido que intentes publicar esto. Buena parte de la tarde de hoy, me dediqué a contactar tres casas editoriales y a todas les mostré este material. Nadie quiso publicarlo. Unos me decían que no pasaba de ser una densa novelita y de mediocre vocabulario.
En lo del vocabulario y lo denso, estoy de acuerdo; pero en lo otro, yo les decía que no. Que no era una novela. Que todo esto era lo que yo había visto y oído con mis propios ojos y mis propios oídos. Intenté hacerles ver que todas esas personas que yo entrevisté las encontré tal como la Historia lo ha recogido y que yo no había puesto nada de mi propia cosecha (bueno... quitando, claro está, algunos comentarios míos que de repente hago, pero siempre dejando clara la división entre hechos y opiniones, como buen periodista...). Pero todos me juzgaron por loco.
Por ello, no pudiendo hacer más trámites, te lo dejo todo para que tú, que tienes contactos con tantas editoriales, convenzas a alguna de que publique esto. Aunque sea una edición de 2000 ó 2500 ejemplares. Estoy seguro de que este material puede interesar a muchos. Me importa un comino lo de los derechos de autor, ésos déjaselos a quien se te ocurra. Acuérdate de lo que nos decía aquel profesor: la confección de una noticia, al no ser un ejercicio predominantemente creativo, no goza de derechos de autor... Sólo quiero que el mundo vea y oiga lo que yo he visto y oído en esos seis meses.
Gracias por todo, Goyo. Tu amigo y compañero de andanzas:
Chuy | |||||
| Bibliografía |
P.D.1: Será bueno incluir la bibliografía que me ayudó. Se trata realmente de aquellos tres libros de la monja vendedora. Te los puse en el papel que está debajo de este post-it. 1. El libro aquel sobre Kolbe: No olvidéis el amor (La pasión de Maximiliano Kolbe), de André Frossard, Ediciones Palabra, Madrid 1991 (Título original: Noubliez pas lamour, Editions Robert Laffont, París 1987). 2. Del libro de la vida de santos no me acuerdo bien; se llamaba algo así como Recopilación histórica de santos; lo único que conservé fue un papelito donde escribí las fuentes básicas de dicha obra: a. Un santo para cada día, de Mario Sgarbossa y Luis Giovannini, Ediciones Paulinas, Bogotá, Colombia 1987 (Título original: Il santo del giorno, Paoline, Roma). b. La flor de los santos, de Omer Englebert, Librería parroquial de Clavería, México, D.F., 1985 (Título original: La fleur des saints ou vie des saints pour chaque jour de lannée). c. La casa de los santos, de Carlos Pujol, Editorial Rialp, Madrid, 1989. d. www.santiebeati.it 3. En cuanto al diccionario, me vas a perdonar, pero lo perdí en el camino de regreso y nunca apunté los datos. ... (Continuará). | |||||
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