De monjita en monjita XXIX (¡Vaya vuelta!)
Chuy es el periodista imaginario del siglo XX que después de entrevistar a la madre Teresa de Calcuta se embarcó en una aventura que le está llevando a través de los siglos…

Arturo Guerra
El Diablo

 

 

 

 

... a morir de hambre

        …Tarde del 5 de septiembre de 1997, de vuelta a la oficina de mi periódico... Me faltaba el último capítulo del franciscano polaco...

        El 31 de julio de 1941, cerca de las tres de la tarde, sonaron las sirenas preocupadas por la fuga de un prisionero. Se trataba de un panadero de Varsovia, de apellido Klos, del bloque 14. Sobre las nueve de la noche repartieron sopa a todos los bloques, menos al 14: su ración la recibió una alcantarilla.

        A la madrugada siguiente, todo el mundo se dirigió a sus trabajos. Pero a los 600 del bloque 14 los dejaron de pie, en 100 filas de 60 cada una, en orden de estatura. Algunos caían desmayados: hacían con ellos un montículo de desplomados. A las tres de la tarde, se les permitió consumir un poco de sopa, antes de continuar las filas.

        Al caer el sol, apareció el Lagerführer (comandante ayudante del campo) Karl Fritsch, con su colaborador Palitsch, y varios escoltas y perros. Les anunció a los del bloque 14 que, dado que el fugitivo no aparecía, diez de ellos iban a morir en el bloque 11...

        Una muerte lenta, por sobredosis de hambre... y de sed... Para que a nadie le quedaran ganas de escaparse.

        Pasó por entre las filas de su “ejército” para escoger a los diez “valientes”. Éste fue uno de sus métodos de selección:

        – ¡Abre el hocico! ¡Enséñame los dientes!... ¡Fuera!

        Palitsch, apuntaba los números... El séptimo u octavo desgraciado (François Gajownieczek, un sargento polaco) explotó particularmente en súplicas y sollozos para que el comandante le perdonara la vida... Afirmaba tener mujer e hijos y querer verlos...

Y fue aceptado

        De pronto... un prisionero salió de su fila y solicitó permiso de hablar con el comandante...

        He aquí el testimonio, literal, de uno de los tres testigos oculares y auditivos de la escena. Hubo otros que estuvieron presentes en ese momento, pero: o no entendieron la conversación por no dominar el alemán (por ejemplo, Gajownieczek) o se encontraban lo suficientemente lejos como para no escuchar.

        Es el profesor Miescislaw Koscielniak:

        “[...] Entonces salió de la fila un prisionero, [...] se acercó a Fritsch y, con voz serena, declaró en alemán que quería morir en el puesto de Francois Gajownieczek. Fritsch, irritado por el gesto [...], echó mano al revólver y preguntó: ‘¿Te has vuelto loco?’ [El prisionero] repitió su petición con toda claridad, afirmando que su propia vida era menos útil que la de aquel hombre, es decir, de Gajownieczek, que era un padre de familia. Después de un momento de silencio, Fritsch preguntó [...]: ‘¿Cuál es tu profesión?’ [El prisionero] respondió: ‘Soy sacerdote católico, franciscano’. Tras un nuevo silencio, Fritsch dio su aprobación y envió [al prisionero] al grupo de prisioneros destinados a la muerte mientras que Francois Gajownieczek volvía a ocupar su puesto en la fila”.

14 días

        Aquel prisionero era el padre Maximiliano María Kolbe.

        Les condujeron al bloque 11. Él era el último de la fila y sostenía a otro compañero. Iban descalzos pues habían recibido la orden de quitarse los zapatos en el campo. A la entrada del bloque los obligaron a desnudarse. Ingresaron a una de las salas: un cuadrado de tres metros por tres con un tragaluz en medio y un cubo que hacía de baño.

        Diariamente recogían los cadáveres de la jornada. Solían ver a Kolbe de pie o de rodillas rezando o cantando con sus compañeros (esto según un testigo, que desempeñaba en el campo las funciones de intérprete y enterrador, y que quiso hacer esta declaración ante notario antes de morir). Finalmente, el día decimocuarto del castigo, decidieron agilizar la muerte de los sobrevivientes. Quedaban cuatro: tres yacían en el suelo y otro (Kolbe) estaba recargado en la pared. Los cuatro con el último rescoldo de vida. Catorce días sin comer, ni beber una sola gota de agua...

        Una eficaz inyección de ácido fénico apagó el rescoldo...

        Y de ahí, al crematorio...

        Era el 14 de agosto de 1941, víspera de la fiesta de la Asunción de la Virgen María. A Teresa de Calcuta le faltaban 13 días para cumplir 31 años... (Continuará).