De monjita en monjita XXVI (Una buena noticia)
Chuy es el periodista imaginario del siglo XX que después de entrevistar a la madre Teresa de Calcuta se embarcó en una aventura que le está llevando a través de los siglos…

Arturo Guerra
La escuela del Espiritu Santo
Jacques Philippe

 

 

 

Dios: ¿un concepto únicamente "creado" por el hombre?

        …Así que a Esmirna, 155.

        Me topé con Policarpo anciano. Lo saludé:

        – Señor Policarpo, vengo de un reino lejano y quiero formularle una pregunta.

        – Adelante.

        – ¿Por qué los cristianos dan tanta importancia al concepto de Dios, al fin y al cabo un concepto creado por el hombre, y sobre el que proyecta sus miedos, frustraciones y anhelos inalcanzables?

        Vi a Policarpo cómo sonreía mientras yo le preguntaba y me respondió:

        – Investiga la vida de Juan. Yo tuve la gracia de conocerlo en persona. Un apóstol que amaba al Señor con todo su corazón y con todas sus fuerzas. Él murió ya muy anciano, cuando yo estaba alrededor de los 25 años.

        – ¿A qué Señor se refiere?

        – A Jesucristo Nuestro Señor, verdadero Dios y verdadero Hombre.

        – ¡Ah! Entiendo. Bueno, gracias, señor Policarpo.

        – De nada. Ojalá algún día los cristianos podamos llegar a tu lejano reino para anunciarles la Buena Noticia; bueno..., si no es que tú antes no te la llevas.

        – A ver qué pasa.

        Fue mi respuesta diplomática; aunque, la verdad, no sabía a qué buena noticia se refería.

La "Buena Noticia"

        Salí de Esmirna y me senté a la vera del camino. Antes de consultar mi libro sucio y gastado, saqué otro: aquel diccionario religioso que ya antes me había sacado de algunos apuros por mi poca familiaridad con el argot religioso. Quería verlo para enterarme de lo que era aquella buena noticia que mencionó Policarpo. Cuando escucho un término desconocido, mi curiosidad profesional no me deja en paz hasta que logro salir de mi ignorancia. No sé si llamarle virtud o vicio. (Bueno..., aunque también hay sus excepciones, como las palabras lis, providencia...). Periodísticamente hablando la buena noticia se da, sí, pero poco, y es más bien un producto un tanto exótico; y, si llega a producirse, normalmente vende poco: el divorcio escandaloso de una pareja real tres meses después de la boda y estando de por medio intrincados y numerosos adulterios, vende mucho más que el 50° aniversario de matrimonio de otra pareja real feliz. Así es el periodismo. O lo que hemos hecho con el periodismo. No sé si es virtud o vicio. Si acaso es una estrategia pragmática de rentabilidad (por llamarle de alguna manera)... Aunque quizá no siempre la rentabilidad debería llevar la voz cantante en la empresa informativa... No sé... Se podría hacer una tesis de doctorado sobre este tema...

        Mientras hacía esta disertación existencial sobre mi profesión, encontré el término Buena Noticia o Buena Nueva. Resulta que es la traducción literal de la palabra evangelio. El evangelio es la parte de la Biblia donde se narra la vida, hechos y milagros de Cristo, su mensaje y enseñanza. Eso era la buena noticia. Bueno, la verdad, yo esperaba algo más. No sé..., algún tema de primera página...

La historia de Juan

        Guardé el diccionario y saqué el otro hijo de Gutenberg, (ya estaba cansado de repetir tanto la palabra libro)... Hacía ya siglos que había traspasado la era de Gutenberg y me encaminaba hacia la primera manifestación sensible del periodismo (en su sentido más literal: periódico, regular, frecuente) que según mis clases de la facultad correspondía al Acta diurna, usada desde el primer consulado de Julio César y que abarcaba informaciones políticas, sucesos de la familia imperial y noticias locales de la urbe romana...

        Encontré pronto a Juan. De profesión: pescador, al igual que su padre Zebedeo y su hermano Santiago. Un buen día Jesucristo invitó a los dos hermanos a seguirle. Les comentó que de ahí en adelante se convertirían en pescadores de hombres. Ellos dejaron las barcas, las redes y a su padre y siguieron a Jesús. Juan trabó una amistad para siempre con su maestro, del que nunca se separó. Hacia el final de la vida de Cristo, todos los apóstoles huyeron lejos y despavoridos. Excepto Juan. Escribió uno de los cuatro evangelios y algunas cartas. En una de ellas dio una original definición de Dios: Dios es Amor. Al morir Cristo, Juan, por encargo de su maestro, acogió en su casa a María. Así cobraba más sentido lo que me dijo de las dos mamás aquel niño con dotes de entrevistador... Juan pasó el resto de su vida llevando el mensaje cristiano a donde pudo. Uno de esos lugares fue Esmirna, donde Policarpo lo conoció… (Continuará).