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Enemiga de la libertad |
Me esperaba Metz, Francia, 627.
Corría el último año de Arnulfo como obispo activo. Por tanto me dirigí a su sede. El secretario me hizo muchas preguntas. Demasiadas. Mi atuendo le inspiraba desconfianza... No sabía que un pantalón de mezclilla pudiera llamar tanto la atención... Por fin le convencí de que yo era enviado de un rey lejano. Me hizo pasar. Saludé a mi entrevistado:
Señor Arnulfo, buenas tardes.
Vi cómo el secretario me miraba nervioso y asustado mientras Arnulfo me recibía:
Buenas tardes, caminante. Me comentó mi secretario que vienes de un reino muy lejano.
Sí, mire, mi intención es hacerle una pregunta.
Se veía sonriente y aceptó.
Señor Arnulfo, ¿por qué la Iglesia es enemiga de la libertad, si precisamente es la libertad la posesión más valiosa del ser humano?
El nerviosismo del secretario no cedía, pero Arnulfo siguió la conversación:
No sé que entiendas tú por libertad, pero te voy a recomendar la vida de Columbano, un misionero irlandés que terminó sus días cuando yo andaba por los 33 años. | |||||
| Se lanzaron por el mundo |
Gracias, señor Arnulfo.
Dejé aquel palacio. Me topé con un arroyuelo y me senté en una de las piedras de la orilla. Comenzaba a oscurecer. Abrí mi mochila para tomar el libro y me fui al índice. Ahí estaba Columbano.
Por esos años fueron muchos los monjes irlandeses que, con el afán evangelizador, se lanzaron al continente. Columbano fundó monasterios en Luxeuil, Fontaines, Faremoutiers, Jouarre y Bobbio. En Luxeuil, la abuela de un joven rey le expulsó, pero antes de marcharse, Columbano escribió a sus monjes una carta donde podía leerse: Si a uno le quitan la libertad, le quitan la dignidad. Columbano pretendió volver a Irlanda, pero al constatar que su barco se desviaba a causa de un viento fuerte, interpretó aquello como un mensaje de parte de Dios. Se dejó llevar por el viento hacia Italia donde fundó el monasterio de Bobbio. Murió un año después.
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| Kolbe desde la prisión |
Mi siguiente escala: Bobbio, Italia, 614. No quise entrar en materia sin leer otro pasaje más de la vida de Kolbe...
Mientras estuvo encarcelado, veinte hermanos escribieron al comandante proponiéndole tomar el lugar de Kolbe y asumir todas las acusaciones que pesaban sobre él. Fueron ignorados.
Un buen día un sargento le arrebató el rosario que colgaba de su hábito, y agarrando el crucifijo se lo enseñaba preguntándole:
¿Realmente crees en esto?
Sí.
Lo golpeó en la cara. Volvió a dirigirle la misma pregunta. Kolbe reafirmó su sí. Le llovió un nuevo golpe. Así, hasta que el sargento se cansó. Porque Kolbe no se agotó de decir sí. Al terminar el incidente, Kolbe siguió rezando. Desde entonces el comandante le ordenó vestir como civil. El 12 de mayo Kolbe escribió una carta:
12 de mayo. Queridísimos: envíenme ropa civil. Escribo esto por orden del comandante. No necesito abrigo ni pantalones, porque los que tengo aún están en buen estado. Mándenme también un mono de trabajo (abrigado) con un chaleco de cuello alto, un chal o un echarpe. ¡Muy urgente! He recibido su paquete del 5 y las cartas de los hermanos Félix y Pelagio. La Inmaculada os lo agradecerá. No puedo contestarles a cada uno personalmente porque no me permiten escribir más a menudo, pero en mis cartas hago mención de las que recibo, así como de los paquetes y tarjetas. Dejémonos guiar dócilmente por la Inmaculada a donde ella quiera con el fin de que, cumpliendo bien nuestro deber, conquistemos a todas las almas para su amor. Saludos cordiales y mis buenos deseos para todos y cada uno de ustedes. Raymond Kolbe... | |||||
| Ortodoxia y totalitarismo |
Pregunté a un niño de Bobbio sobre el monasterio en fundación. El muchacho estaba satisfactoriamente informado y pronto llegué a mi destino. Casi choqué con un monje anciano que por su cara parecía, a leguas, irlandés. Lo interrumpí:
Disculpe, buscaba al señor Columbano para mantener una breve conversación.
Soy yo me confirmó mientras sonreía.
¡Ah! Mucho gusto, me alegro; espero no quitarle mucho tiempo.
No te preocupes, te escucho.
Señor Columbano, ¿por qué la Iglesia se empeña tanto en cuidar la ortodoxia? ¿No cree que eso es una especie de totalitarismo?
El longevo monje volvió a sonreír y me dijo:
Creo que deberías analizar la vida de Sabas que murió siendo yo un muchachito como de cuatro años.
Gracias, señor.
Que Dios te acompañe. | |||||
| De la cueva al monasterio |
Me retiré y me senté a la sombra de un árbol de tronco añejo. Abrí el libro.
Sabas era de Cesarea de Capadocia y desde muy joven se hizo monje. Residió primero en su pueblo y luego en Jerusalén. Viajó a Alejandría y allí solicitó permiso de vivir en una cueva apartada. Sí se lo permitieron pero con la condición de que volviera al monasterio cada fin de semana para hacer vida comunitaria con los demás monjes. En el 478 retornó a Jerusalén y se buscó una cueva perdida y de difícil acceso en el valle Cedrón. Para acceder a ella se requería una escalera que, al poco tiempo, delató la localización exacta de la morada de Sabas. Otros monjes siguieron el ejemplo y se instalaron en cuevas cercanas. Aquello terminó siendo un original monasterio. Entonces Sabas fue ordenado sacerdote por el patriarca de Jerusalén. Después fundó varios monasterios más. En una ocasión el emperador Atanasio envió a Jerusalén a un obispo herético, monofisista. Estas dos palabras raras significan que este obispo se había salido de la fe de la Iglesia Católica y estaba enseñando que Jesucristo no tenía dos naturalezas, la humana y la divina, sino que una de ellas había absorbido a la otra. Para la Iglesia Católica Jesucristo era verdadero Dios y verdadero hombre. Sabas quiso defender su fe y para ello llevó a sus monjes a Jerusalén con el fin de oponerse al error del ministro hereje (Continuará). | |||||
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