![]() |
|
|
Actividades del padre Kolbe en Polonia |
Me vi obligado, en palabras del final anterior, a ir a Moravia, tierras eslavas, 863. Y, al llegar, también quise verme obligado a adelantar, un tramo más, la historia del fraile misionero periodiquero... Aunque los permisos no llegaban, de cualquier manera Kolbe y los suyos ya habían transformado Niepokalanów en hospital, para acoger refugiados. Y les quedaba tiempo para realizar reparaciones mecánicas, producir alimentos, trabajar la madera... Llegaron a dar de comer diariamente a 1500 personas. Moldeaban estatuitas de yeso de la Inmaculada, fabricaban quesos, arreglaban relojes... En un año acogieron 3500 refugiados que venían de Poznan, entre ellos 1500 judíos. Los nazis usaban Niepokalanów como instituto de beneficencia y estación de paso. Kolbe, aprovechando la coyuntura, logró que muchos hermanos dispersos volvieran al convento. Tras unos meses llegó finalmente el permiso de editar El Caballero. Lo hizo un 8 de diciembre. Incluía un artículo suyo titulado La verdad. En él sostenía que la verdad es una y no se puede cambiar, que la felicidad se construye en la verdad, que sin la verdad lo único que dura es la mentira... Fue el último artículo de su vida. Posteriormente, los nazis dedicaron, sin el consentimiento de Kolbe, uno de los edificios de Niepokalanów para almacenar municiones. En una ocasión, periodistas del diario alemán de Varsovia visitaron la ciudad de la Inmaculada. Kolbe los recibió hospitalariamente y les dio de comer. Ellos publicaron un artículo denunciando que Niepokalanów era un núcleo de resistencia política. Sin embargo, como Kolbe dominaba el idioma alemán y además su apellido sonaba germánico, las autoridades llegaron a ofrecerle documentación provisional de ciudadanía alemana. Kolbe rechazó la atractiva oferta que sin duda pudo haberle resuelto muchísimos problemas. Afirmaba ser polaco... | |||||
| ¿Sacrificio o masoquismo? |
Vi a Metodio recién desempacado: iniciando su misión eslava. Lo saludé: Buenos días, señor Miguel; perdón, señor Metodio. Veo que estás bien informado sobre mi pasado. Sí... Es mi trabajo. De hecho quería hacerle una pregunta. Bien, adelante. Ustedes los católicos insisten mucho en el sacrificio, en la necesidad de sufrir, de negarse, de renunciar... ¿No cree, señor Metodio, que todo esto es una especie de masoquismo? Investiga la vida de Benito de Aniano. Dejó este mundo cuando yo tenía unos 20 ó 21 años. Gracias, señor Metodio. Que Dios vaya contigo. Me senté una vez más a consultar mi santoral. Ahí estaba: Aniano, Benito de. Se llamaba Witiza y era paje de Pipino el Breve. Lo dejó todo. Se fue de monje a la abadía de San Secuano que estaba cerca de Dijon. Era muy austero. Fundó en Languedoc una comunidad regida por una regla aún más rigurosa que la de San Benito; sin embargo, al poco tiempo dio marcha atrás y retomó la de Benito, además de adoptar el nombre. Uno de sus monasterios, con el tiempo, se convirtió en el centro del monaquismo de la época carolingia. | |||||
| Trabajando hasta el final |
Así que a Languedoc, tierra gala, 781. Di pronto con Benito. Era un monje joven. Como todavía no se cambiaba de nombre, me cuidé de no llamarle Benito sino Witiza: Señor Witiza, soy un peregrino que ha caminado muchas leguas para hacer preguntas. Ojalá pronto puedas acabar con tus preguntas; si no, no te quedará tiempo para vivir las respuestas. Veamos tu duda. Sí, señor Witiza, ¿por qué con frecuencia los hombres de Iglesia se empeñan en seguir trabajando y trabajando pese a la edad y los achaques? ¿No le parece que eso es exagerado y que llega a ser una obsesión inhumana? ¿Por qué no retirarse a tiempo y dejar a sangre joven seguir el trabajo? Pues, la verdad, nunca me lo había planteado, pero... ¿por qué no lees sobre la vida de Bonifacio? Murió cuando yo tenía como cuatro años. Gracias. A ver si tengo suerte. A la suerte yo le llamo Providencia. | |||||
| Espíritu combativo de por vida |
Salí de aquel austerísimo monasterio. Me senté a tomar el sol... No por propia iniciativa sino porque no vi ninguna bendita sombra. Decidí que la palabra rara mencionada por Witiza al final de su conversación quedaba destinada, por ahora, al mismo compartimiento ignoto de lis... Tampoco se puede saber todo en la vida... Y menos cuando uno está en peligro de insolación. De prisas y corriendo consulté en mi libro la vida de Bonifacio. Se llamaba Winfrido. Otro par de papás desconsiderados... Monje y misionero. Intentó irse a evangelizar a Frisia, pero el duque se lo impidió. Entonces decidió peregrinar a Roma para rezar sobre las tumbas de los mártires y con la idea de que el papa Gregorio II bendijera su labor. Después volvió a la Germania y durante tres años se dedicó a predicar e iniciar a los conversos en la fe. Le llamaron de Roma y se apresuró a ir. El papa le ordenó obispo y le puso de nombre Bonifacio. Volvió con su nuevo nombramiento. Construyó una abadía por la región de Turingia con la intención de que se convirtiera en el centro de la fe de Germania. Y así sucedió a los pocos años. Era la abadía de Fulda. Siendo ya muy anciano se propuso de nuevo evangelizar Frisia a donde se dirigió acompañado de un grupito de monjes. Al llegar quiso celebrar una misa. Unos frisones armados interrumpieron y atacaron a los misioneros. Bonifacio animaba a sus monjes: No teman, porque ninguna de las armas de este mundo pueden matar nuestra alma. Bonifacio intentó cubrirse con el libro de los Evangelios pero la espada fue más fuerte (Continuará). | |||||
|
Recibir NOVEDADES FLUVIUM |