De monjita en monjita XVII (Con cartuja paciencia / Sonido ambiente)
Chuy es el periodista imaginario del siglo XX que después de entrevistar a la madre Teresa de Calcuta se embarcó en una aventura que le está llevando a través de los siglos…

Arturo Guerra
El Libro de los Santos
VV.AA.

 

 

Construir por las almas

        Una escala más: Grenoble, Francia, 1089.

        Las personas del pueblo más cercano me habían explicado cómo llegar a su cueva cenobítica. Sí la encontré pero su morador estaba ausente. Le esperé con cartuja paciencia. Finalmente pude saludarlo:

        – Señor Bruno, una duda.

        – Con gusto.

        – ¿Por qué el afán de la Iglesia de construir iglesias y más iglesias? ¿No se emplearía mejor ese dinero en proporcionar alimentos a pobres e indigentes?

        – Mejor ponte a investigar la vida de Gotardo. Apenas era yo un niño de ocho años cuando Gotardo fue llamado por el Señor.

        – Bueno... A ver si lo logro. Gracias.

        Abandoné esos parajes tan austeros y me senté delante de un arroyuelo para instruirme con mi acostumbrado libro. Primeramente intenté descubrir por qué los papás de Gotardo decidieron ponerle un nombre tan feo. ¡Pobre niño!... Pero el santoral ignoraba este aspecto.

        Gotardo se hizo monje en Nieder Altaich, en Baviera, Alemania y a los pocos años se convirtió en abad. Se encargó de que se practicara con fidelidad la regla de san Benito. Terminó siendo obispo de Hildesheim. Fue sobre todo un obispo constructor: terminó la catedral, levantó la iglesia de San Miguel de la misma ciudad y fundó asilos para gente pobre. Para Gotardo, construir iglesias y asilos servía para salvar almas y cuerpos.

"Obras son amores..."

        …

        Hildesheim, tierras germanas, 1030: mi siguiente destino.

        Me encontré a Gotardo en su salsa: supervisando las obras de una capillita. En términos periodísticos, tenía a mi alcance el sonido ambiente más apropiado. Uno de los profesores de la facultad nos insistía que en las noticias de televisión nunca nos debía faltar un buen respiro de la imagen; es decir, interrumpir el texto del locutor unos segundos para permitir que hablaran la imagen y el sonido del ambiente...

        Interrumpí al cura arquitecto:

        – Señor Gotardo, no sé si disponga de un par de minutos. Lo que pasa es que me contaron que usted podía ayudarme con una duda.

        – Bien, ojalá.

        – Gracias. ¿Por qué la Iglesia trata de poner trabas éticas al poseedor de una fortuna?

        – La verdad no sé exactamente a qué te refieres, pero intuyo tu problema. Te invito a curiosear en la vida de Matilde. Ella murió cuando yo era sólo un niño de ocho años.

        – Gracias, señor Gotardo.

Rica y generosa

        Me despedí y me fui a sentar en una gran piedra que quizá pronto se usaría para la construcción de aquel asilo. Me fijé en el verbo que había empleado este individuo: curiosear... ¿Qué?... ¿Descubrió mi punto flaco o qué?... En fin... a localizar en mi libro a esta mujer de nombre poco musical. Ahí estaba.

        Matilde fue esposa de un rey de la Germania, Enrique I. Cuando el marido murió, dos de los hijos se disputaban la sucesión. Mientras tanto, ellos dos acordaron mandar a su madre por un tiempo a algún convento, ya que les preocupaba su generosidad: Matilde, en efecto, aprovechaba su abundancia de bienes para ayudar a los pobres y a los enfermos de los alrededores. De su propio bolsillo fundó monasterios (con sendas escuelas adosadas) en Quedlimburgo, Enger, Poehlde y Nordhausen. Se le suele representar con corona de reina en la cabeza y una bolsa de dinero en la mano o con medicinas yendo de casa en casa… (Continuará).