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Proselitismo ¿mejor no? |
Me desplacé a Alcalá de Henares, cerca de Madrid, 1460. Me encontré al Diego este en un convento. Otro más. Ya había perdido la cuenta de cuántos monasterios y abadías conocía. Le saludé: Don Diego, buenos días. Una pregunta. A ver, sí. ¿Por qué ese afán proselitista de ustedes los católicos? ¿No sería mejor y más digno dejar a cada quien tranquilo con sus cosas y creencias? Mira, hijo, yo te recomendaría que conocieras la vida de Vicente Ferrer. Él murió cuando yo apenas tenía unos 19 años. ¿Y de dónde era él? De Valencia, pero los últimos años de su vida transcurrieron en Francia. Gracias. Salí a la plaza de la ciudad. Por ahí un merolico ofrecía sus bagatelas. A cierta distancia, me senté a descansar y a consultar mi libro. Busqué al individuo en cuestión: Ferrer, Vicente. | |||||
| Testigo de los problemas con el papado |
Monje dominico, culto, predicador enérgico. Incansable, quería avivar la fe de toda Europa. No soportaba los vicios ni la corrupción. Lo curioso es que la gente se le acercaba, le escuchaba y cambiaba de vida a pesar de la rudeza de sus palabras. Los archivos y registros de numerosas ciudades europeas dan testimonio del revuelo que su paso provocaba. Su predicación resolvió enemistades, pugnas y litigios entre familias, poderes o ciudades. Fue colaborador cercano del cardenal Pedro de Luna, por lo que vivió en primera persona una de las crisis internas más fuertes de la historia de la Iglesia: tras la muerte del papa Gregorio XI, los cardenales eligieron a Urbano VI, pero a los pocos meses se arrepintieron del nombramiento y eligieron a Clemente VII; la Iglesia tenía, por tanto, dos papas. Al morir Clemente VII, le sucedió Pedro de Luna, que tomó el nombre de Benedicto XIII. El problema se alargó en el tiempo, tanto que un grupo de cardenales descontentos con la postura de los dos papas reinantes, eligieron por su cuenta, en Pisa, a un tercero: Alejandro V. Finalmente, en el concilio de Constanza, se depuso a Juan XXIII (sucesor de Alejandro V); por su parte, Gregorio XII (sucesor en la línea de Gregorio XI) renunció libremente y dos años más tarde el mismo concilio depuso a Benedicto XIII y eligió, casi unánimemente, a un único papa: Martín V. El problema se había alargado casi 40 años. Vicente pudo ser testigo de la unidad recobrada por la que tanto había luchado. Poco antes de morir, Juan XXIII pidió perdón al papa Martín V, quien le absolvió benignamente y le nombró cardenal. | |||||
| La mujer arrinconada |
Así que a Aviñón, Francia, 1394. Entré a aquel palacio papal. Pregunté por Vicente Ferrer a un padrecito que vi por ahí y que amablemente me indicó la sala en la que podía localizar a Ferrer. Lo saludé: Señor Ferrer, tengo una duda. Bien, veamos. ¿Por qué la Iglesia siempre ha tenido arrinconada a la mujer? Yo creo que te vendría bien ver la vida de Brígida de Suecia. Yo tenía 23 años cuando ella murió. De acuerdo, a ver si no está muy lejos Suecia. Yo creo que no hace falta ir, recuerda que ya dejó este mundo. En la biblioteca seguro que averiguas algo. Gracias por el consejo. | |||||
| Mujeres con peso y fuerza |
Salí y me senté a las puertas de aquel palacio tan esplendoroso. Saqué el santoral y busqué a Brígida de Suecia. Mujer que cerca de los 18 años se casó. Tuvo ocho hijos. Fue educada por una tía suya muy cristiana. Siempre practicó su religión. Se casó con Ulf Gudmarsson y vivió un tiempo en la corte de la reina Blanca de Namur. Peregrinó a Santiago de Compostela con su marido. A la vuelta, éste decidió hacerse monje en el mismo convento donde moraba uno de sus hijos. Ya viuda, Brígida se fue a aquel convento y poco después fundó una congregación que contó con el apoyo del rey de Suecia y la aprobación papal. Creció rápido. Ocho volúmenes recogen sus experiencias místicas. Es contemporánea de Catalina de Siena, una mujer que movió la voluntad de papas y altas personalidades en bien de la paz y la unidad de los cristianos (Continuará). | |||||
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