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Ha muerto en Francia, a los 99 años, la Hermana Emmanuelle, de Notre-Dame de Sion, después de toda una vida de entrega a los más pobres, en países musulmanes y, desde 1993, en Francia. Sólo cinco días antes, el diario Le Figaro hablaba con esta religiosa tan querida por los franceses.
Amar sin medida. ¡Es tan cierto! Hace falta amar sin medida. Si no, esto no marcha. Si uno piensa siempre en sí mismo , de eso hay que olvidarse! Basta con amar con toda tu alma, con tu inteligencia, con todo tu ser.
Se desarrolla poco a poco. Y proporciona una vida extraordinariamente bella.
Por supuesto, porque yo no hacía el esfuerzo lo suficientemente grande. Poco a poco, traté de hacerlo mejor, y he mejorado un poco.
¡Cómo no! ¡Cómo no! La lucha es importante. Es la lucha la que da dignidad al hombre. La que hace que un hombre se tenga en pie.
Si no lo hubiera amado, habría llegado a la misma edad. No es ésa la cuestión. La cuestión es que el amar da a la vida un colorido muy bello. Cautivador.
Cada minuto nos aporta algo bueno que hacer, ya sea en uno mismo, sea orando, sea con los demás. En Europa he podido constatar un cierto aburrimiento. Europa está taciturna. En los traperos de El Cairo esto no existe. Perdone la expresión, pero todo el mundo estaba de guasa. Yo volví a Europa en 1993, pensando que la vida iba a ser maravillosa, y no hago más que toparme con gente que no para de quejarse. Del tiempo, y de los padres, y del marido, y de la mujer Y de todo lo que les pasa. (Ríe)
Mis años en las chavolas con los traperos han sido una maravilla No hay nada que se pueda comparar a eso.
Porque me ha llevado a tener relaciones muy buenas, muy fuertes con Dios, primero, y con los hombres. Como el Niño Jesús, a dar una mano y recibir de la otra.
Pienso mucho. Me digo: Emmanuelle, un poco más de paciencia. Lo que me interesa son los reencuentros. Eso es maravilloso. Como decía nuestro padre fundador (el padre Théodore Ratisbonne, NDLR), la muerte es el día más bonito de mi vida. El día en que al fin la novia ve a su novio cara a cara, el hijo a su padre, la mujer a su marido. Es el día más bonito de la vida. No está mal, ¿eh?
No tengo miedo a la muerte. Pero lo que la precede Eso Yo no estoy segura. En fin, lo he arreglado con la Santísima Virgen: Ruega por nosotros pobres pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Le he dicho millones de veces que me pongo en sus manos, y no me preocupo más.
Sí, claro, María, es mi sonrisa, mi corazón.
La Asociación va muy bien. Nos ocupamos de 70.000 niños en el mundo, en ocho países, no está mal. Y mis amigos que se ocupan son muy fuertes, por eso funciona.
Mucho amor. Me gustaría ser la hermana universal. Querer a todo el mundo con todo mi corazón. | |||||
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