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El nuevo primer ministro japonés, el católico Taro Aso, ha empezado su gestión con prudencia, sin marcar su pertenencia religiosa y manteniendo algunos de los objetivos de sus predecesores: ha situado la economía como su prioridad, ha descartado disolver la Cámara de Representantes para convocar elecciones anticipadas y acaba de anunciar una visita a China a finales de octubre, donde podría participar en la ceremonia para conmemorar el aniversario 30 de la conclusión de un tratado de paz y amistad entre los dos países asiáticos.
Con su elección por parte del Parlamento, el pasado 24 de septiembre, tras una crisis política que ha provocado el cambio de varios primeros ministros, Aso se ha convertido en el segundo católico de la historia que ocupa el cargo de primer ministro de Japón.
¿Quién es Taro Aso?
El primer ministro japonés tiene 68 años, ha sido ministro de Exteriores y se había presentado en varias ocasiones anteriores al cargo de primer ministro.
Posee el nombre cristiano de Francisco en honor al jesuita Francisco Javier, que evangelizó Asia Oriental. Su familia proviene de la isla de Kyushu, que recibió la primera evangelización cristiana del país.
Su ascenso al poder ha sido interpretado por algunos analistas como una oportunidad de la comunidad católica para darse a conocer.
El
catolicismo en Japón El aproximadamente millón y medio de católicos que vive actualmente en Japón representa menos del 1% de la población total del país. Muchos de ellos son personas de padres japoneses que han nacido en otros países o japoneses que han vuelto recientemente de los países a los que emigraron, países sobre todo de Sudamérica, como Perú, Bolivia, Brasil y Paraguay.
La organización de la Iglesia en Japón es como la de nuestro país, se realiza a través de diócesis y parroquias. Años atrás, la jerarquía católica era extranjera, pero ahora absolutamente todos los obispos japoneses son nacidos en el país y además algunos cardenales y misioneros que evangelizan en otros países y muchos católicos japoneses ayudan a Iglesias de otros países, además de a la suya propia.
Los
orígenes con San Francisco Javier El catolicismo llegó a Japón en el siglo XVI gracias al patrono de las Misiones, san Francisco Javier y a otros misioneros que transmitieron una profunda reverencia a la majestad de Dios, una gran estima por la redención, amor al crucificado y rechazo del pecado.
También recurrieron al sentido innato del pueblo japonés acerca de la caducidad de las cosas terrenas y a su falta de miedo ante la muerte, y despertaron en él un amor por las cosas del cielo y por la eternidad que en él se encuentra que se tradujo posteriormente en la valentía y la constancia de numerosos mártires, algunos de los cuales, como los 26 crucificados en Nagasaki en 1597, han sido elevados a los altares.
Tras dos siglos de cierre a Occidente y de persecución a los cristianos, en el siglo XIX volvieron muchos religiosos a Japón.
La
difícil evangelización actual en Japón Actualmente, la evangelización allí resulta difícil, según explica a ForumLibertas el jesuita Vicente Villamandos, misionero en Japón de 1953 a 1960, porque así como en Occidente la base de nuestra cultura y religión es judeocristiana, allí es budista.
Sin embargo, la Iglesia trabaja en numerosas misiones: parroquias, hospitales, asilos, escuelas, varias universidades, entre ellas la Universidad Sofía de Tokio y la de música de Hiroshima, ambas de los jesuitas; también varios colegios high school, una universidad dirigida por los religiosos del Verbo Divino, una gran escuela de idiomas del Opus Dei, ...
La Iglesia católica se relaciona con muy buena armonía con las Iglesias protestantes en Japón, que reúnen a otro millón más de cristianos, aproximadamente.
En el ámbito público, cualquier religión está bien considerada y el aprecio de la religión católica en Japón es grande, según Villamandos. De hecho, existe una clara división entre la Iglesia y el Estado que ha permitido aceptar con normalidad a un católico como primer ministro. | ||||||||||||
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