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La llamada del jefe |
Otra
vez me encontraba ante mi vieja máquina de escribir. Cuando ya
todos mis colegas usaban majestuosas PCs, yo seguía con
mi veterana Olivetti. No era que no lo hubiera intentado ya. En una
ocasión, durante toda una semana, me había propuesto usar
una de esas cosas que se llaman computadoras, pero aquello se convirtió
en pesadilla: que si el cable de la pantalla, que si el interruptor
escondido, que si la clave de acceso, que si cuál programa, que
si lo grabé o no lo grabé, que lo grabé pero quién
sabe en cuál de las 453 carpetas existentes... A punto estuve
de tirar todo por la ventana... Una vez más salía convencido
de que al menos para redactar mi noticia no había
como la máquina de escribir. ¡Sí, en pleno ocaso
del siglo XX!... La computadora la dejaba sólo para eso de los
e-mails, y siempre con un buen asistente técnico a la mano...
Pensaba con desgana en las primeras palabras para abrir la noticia sobre el congreso de los diputados, cuando un compañero de la redacción se acercó y me dijo que el jefe me llamaba... Nunca hubiera imaginado hasta dónde me llevaría aquella interrupción... De hecho, me encontraba aburrido, arrutinado en mi trabajo. En los últimos cuatro meses no había estado haciendo otra cosa que cubrir información del congreso. La misma historia todos los días: levantarte temprano, irte para allá, tratar de sacar tres o cuatro palabritas interesantes... No siempre es fácil salir de ahí con algún material enjundioso para los periódicos del día siguiente. Entré a la oficina del jefe para ponerme a sus órdenes: Buenos días, señor Bonilla, me comentó Goyo que usted quería... ¡Ah!, perdón, no sabía que estaba con una llamada. | |||||
| Con la tradición en contra |
Esperé pacientemente... Por fin, se dirigió a mí: Sí, Chuy, mira, resulta que la monja esta, Teresa de Calcuta, está en la ciudad para visitar una de esas sus casas, donde se dedican a dar de comer a los pordioseros y a atender a los enfermos de sida. De arriba nos piden un pequeño reportaje. Así que será bueno que mañana te des una vuelta y le hagas alguna pregunta. Llévate la grabadora. Tú sabes, ella está de moda, y cualquier noticia sobre esta monja no le vendrá mal a nuestra edición de pasado mañana. Así que, ¡manos a la obra!, ve preparando la pregunta que le vas a formular. En cuanto a mañana, no te preocupes del congreso. Total, por un día que no vayas, no se va a caer la nación. Es cierto, incluso si dejo de ir unos seis meses podría ser hasta saludable. ¡No, hombre, Chuy! Tampoco es para tanto. Al día siguiente, temprano, con mi cámara de fotos, mi pluma, mi cuaderno y mi grabadora, me fui a buscar a la viejecita en cuestión. Yo que provengo más bien de una tradición que nada tiene que ver con monaguillos, sacristías ni vinos de misa... Es cierto que mi mamá me bautizó a pesar de que mi padre se oponía... Pero, bueno, el caso es que pronto iba a hablar con esta monjita y debía sacarle algo interesante... (Continuará ) | |||||
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