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Manuel María Bru - La Razón Madrid (11/12/02) |
| Hasta dar la vida | Chiara Lubich, la fundadora del movimiento de los Focolares, se despidió de España a principios de semana recordando la esencia del carisma que a través de ella el Espíritu Santo ha regalado a la Iglesia: «Hacerse uno con todos, amar a todos, ser los primeros en amar, ver a Jesús en el otro». Éste es el secreto para construir una convivencia pacífica, para acoger a los que sufren las nuevas formas de pobreza (abandono, soledad, familias desunidas, depresiones, hastío materialista, emigración, etc), y el secreto para realizar el fin específico de esta espiritualidad, la oración de Jesús al Padre: «Que todos sean uno, para que el mundo crea, que no es una conquista, sino una gracia que se obtiene sólo cuando se ama hasta el punto de estar dispuestos a dar la vida por los demás». |
| Con varias comunidades religiosas | Ecumenismo
interno
El viaje de Clara Lubich comenzó hace ocho días con un encuentro con los benedictinos de Monserrat, y con diversas órdenes venidas de toda Cataluña. Lubich les cuenta la experiencia de comunión vivida con la variedad de movimientos desde Pentecostés del 1998, y cómo se está fortaleciendo la comunión entre los diversos carismas. Por eso es normal la experiencia de miles de religiosos que comparten junto a su carisma originario, el carisma de unidad nacido de los focolares. También recordó a los Benedictinos que ella se inspiró en las «ciudades laboriosas» surgidas alrededor de sus monasterios, como los focolares se sintieron empujados a construir las suyas, como son esas 20 ciudades-María, en las que se da un testimonio de la «ciudad nueva» evagélica. |
| Con obispos | Con el grupo de obispos españoles, Lubich compartió la experiencia del Movimiento, su pasión por la Iglesia, las claves de la nueva evangelización tal y como se está realizando desde el Movimiento Focolar, y su personal testimonio de interlocutora secreta entre Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, o de baluarte del diálogo interreligioso, junto a Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, durante el pontificado de Juan Pablo II. |
| Su vocación con seminaristas |
A los seminaristas de varias diócesis españolas les contó con vigor la historia de su vocación, que no es otra que una vida enraizada en el Evangelio del amor y la unidad. Y con firmeza y alegria les dijo: «Ya se puede prever cómo será la Iglesia del futuro si esta comunión continúa: más una, más bella, más atractiva, más familiar, más carismática, más dinámica, más mariana. Os deseo a todos que la experimentéis». Los futuros sacerdotes le hicieron algunas preguntas: ¿qué nos dirías si fueras párroco?, ¿cómo favorecer los contactos ecuménicos? Y Lubich, con esa alegría que la caracteriza, les dio una sola respuesta: «El arte de amar soluciona todos los problemas, purifica toda intención, permite construir la Iglesia». |