El adiós del fotógrafo de los últimos seis papas
18 de julio de 2007 La Razón
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Por todo el mundo

        El "fotógrafo de los papas" se jubila. Arturo Mari deja atrás las fotografías oficiales de seis papas diferentes: de Pío XII a Benedicto XVI, cientos de baúles llenos de negativos. Durante más de medio siglo, este italiano cubrió todos los viajes pontificios y plasmó todas y cada una de las homilías en San Pedro. Dicen que en 51 años de trabajo nunca se puso enfermo ni cogió días libres. "El entusiasmo me lo transmitieron los papas. Tenía 16 años cuando comencé, en 1956 con Pío XII. Mi primer trabajo fue una beatificación. Estaba emocionado, pero eso no me impidió empezar a tomar fotos", explica. Con gran probabilidad, Mari es el reportero que más imágenes ha publicado en la Historia, ya que las instantáneas más famosas de la vida de papas como Juan Pablo II salieron casi todas de su cámara: el atentado de Ali Agça, los viajes a España, México y Tierra Santa. Momentos que fueron portadas en todo el mundo y que han pasado a la posteridad a través del ojo fotográfico de este romano.

Imágenes para la Historia

        Su experiencia profesional es tan vasta que a Mari le cuesta sintetizarlo en palabras. "Un pontificado de 27 años no se puede resumir. Ha habido momentos extraordinarios. Con Juan Pablo II hubo un cambio en la Iglesia y en mi persona; ha sido lo más formativo de mi vida. Tantos encuentros inolvidables... La Historia habla por sí misma, no soy yo quien tiene que hablar de ello o juzgarlo". ¿Los momentos más difíciles? "Sin duda el atentado. Era algo que nadie se esperaba. Conseguí hacer las fotos, pero no es por mérito mío, sino que simplemente lo hice. Salieron solas. Quizá la Virgen guió mi mano. Lo importante es que hay fotografías que han quedado para la Historia", asegura.

Anécdotas desconocidas

        Mari define su relación con Juan Pablo II como "familiar" y asegura que nunca ha sido tratado con una actitud altiva en el Vaticano. "Con el paso del tiempo éramos como una familia", asegura. Tan ligado estaba a los pontífices que Mari recela de narrar o comentar las anécdotas, ni comparar la fotogenia de cada uno: "Fueron todos personas maravillosas". Rehúsa, al menos ante los micrófonos de la Prensa, porque después, en la intimidad de la escritura, el fotógrafo sí que ha plasmado uno de los testimonios más cercanos que existen sobre la vida de los papas.

        En un libro recientemente publicado en Italia ("Arrivederci in Paradiso"), Mari narra anécdotas desconocidas, como la del ex presidente de la República italiana, Sandro Pertini, socialista y ateo. En febrero de 1990, Pertini agonizaba en un hospital de Roma cuando, según cuenta Mari, pidió: "Llamen a mi amigo". Ahí está su relato: "En el hospital no sabían a quién se refería, hasta que el Presidente dijo que se trataba del Papa. Juan Pablo II canceló inmediatamente sus compromisos y fue rápidamente al hospital, donde se encontró con un problema absolutamente inesperado: la mujer de Pertini no quiso dejarle entrar en la habitación. El Santo Padre explicó que le había llamado su amigo en su lecho de muerte. Después, como vio que no había nada que hacer, dijo a la señora Pertini: ¿Me permite una silla? Así puedo estar cerca aun estando fuera. Ella le respondió: "Haga lo que quiera". Así, el Papa comenzó a rezar delante de la puerta. Rezó el Rosario y parte del Breviario. Al finalizar, dijo: Ahora él está en paz. Se levantó de la silla y se marchó".