Entrevista con el cardenal vasco-francés que acaba de
publicar un nuevo libro.
Cardenal Etchegaray: «Tiro adelante como un asno...»
Más de veinte años después de la aparición de su obra en francés «Tiro adelante como un asno... a tiempo y a destiempo» («J’avance comme un âne... à temps et à contretemps»), que vendió 50.000 ejemplares, el cardenal Roger Etchegaray publica «Tiro adelante como un asno...: guiños al cielo y a la tierra» («J’avance comme un âne… : petits clins d’œil au ciel et à la terre», Ediciones Fayard), una edición enriquecida por su larga experiencia al servicio del Papa en la Curia Romana. «A partir de mi testimonio, espero dar a comprender algo del gusto que tengo por vivir...» declara el cardenal Etchegaray, vasco-francés de 84 años, hoy apartado de toda responsabilidad oficial en la Iglesia, pero sumamente activo.
El cardenal Etchegaray, antiguo arzobispo de Marsella, presidente emérito de los consejos pontificios para la Justicia y la Paz y «Cor Unum», prevé también la publicación de sus memorias el año próximo.
Confiesa, en esta entrevista, el inmenso placer que ha sentido al escribir esta «recopilación de meditaciones, hechas de ojeadas y esbozos –dice él mismo
que deben ser tomada según la dosis indicada».
Este deseo: «Sed felices de existir» es el más bello de los deseos jamás recibidos en su existencia. Él lo entrega a sus lectores...
ROMA, martes, 13 marzo 2007 (ZENIT.org).
Una mirada ciega hacia la luz
Gustave Thibon
Mero cristianismo

Descríbanos en principio el contexto en el que se decidió esta reedición de «Tiro adelante como un asno...», publicado en 1984.

        Es más que una reedición. Cuando dejé Marsella para venir a Roma, había ofrecido este libro a los marselleses porque llevaba el olor de la lavanda, todos los olores de Marsella. Era un best-seller en la época. Tuvo una tirada de 50.000 ejemplares, lo que es enorme, me dijeron, para un libro religioso. Y luego, agotado desde hace tiempo, muy a menudo me preguntaban «Tiro adelante como un asno... ¿dónde está?».

        Entonces mi editor, Fayard, consintió en reeditar el libro, pero completamente reescrito, yo diría «rejuvenecido» después de 20 años.

        De hecho, la mitad de las páginas de esta nueva edición no existía en la primera. Las cosas habían evidentemente evolucionado. Pero, 20 años después, esta nueva edición permanece fiel a sus orígenes, en el sentido de que todas las páginas parten de la actualidad, no de la actualidad de la que se habla en la radio, en la tele o en el periódico, aunque ésta también esté presente, sino la actualidad tal y como es para un cristiano, la actualidad del Dios que vive.

        Lo importante es hacer la relación entre Dios y el mundo, entre la tierra y el cielo De aquí el subtítulo del libro «guiños al cielo y a la tierra», es decir, a las personas que me rodean, o de lo que yo oigo hablar por los medios, y después a Dios que está siempre presente en mí, por la oración cotidiana sobre todo. Es importante que no falte este contacto cada día con Dios, que es nuestro Padre.

Las reflexiones que usted hace en esta obra, ¿son reflexiones que se ha hecho al hilo de sus empeños en el servicio a la Santa Sede, y que hoy tiene el deseo de compartir como un «desbordamiento» tras años de discreción obligada?

        Me atrevo a decir que mi libro es un libro corriente. No un libro de historia, de ciencia o teología. Un libro que debe permitir a cada uno conservar este contacto con Dios y con nuestros hermanos. Sigo pensando en escribir mis memorias. Una petición que me ha sido hecha por el mismo editor, Fayard, y que acabé por aceptar tras haber dudado mucho tiempo. Finalmente, he cedido, y el libro debería aparecer el año próximo. Pues bien, en las memorias hay que ser fiel a lo que se ha hecho, o se ha visto. Mientras que aquí, en «Tiro adelante como un asno...», puedo contar las cosas quizá de una manera ligera, mucho más espiritual en el sentido del humor. Estos pequeños guiños que propongo hablan de mi estado espiritual. Se sabe que un guiño, es algo discreto, rápido y que supone una cierta complicidad. Guiñar el ojo significa que se comprende con medias palabras. Las páginas de mi libro, hay que leerlas en pequeñas dosis. Se puede tomar el libro no importa cuándo, no importa en qué página. No hay orden. Y los guiños permiten saborear los acontecimientos para sacar «jugo», es decir todo el sabor: todo lo que vivimos, todo lo que hacemos, tiene un gusto.

Entonces justamente, háblenos de este placer intenso que ha tenido al reescribir esta obra...

        He ha dado un inmenso placer escribir el libro. Esto me ha permitido, sobre todo al envejecer (tengo 20 años más que cuando salió el primer libro), conservar toda mi juventud de espíritu ante los encuentros que puedo hacer a mi alrededor y que son muy variados. Estos encuentros son imprevisibles.

        Algunos creen que soy un hombre muy disciplinado, pero de hecho soy alguien que no tiene programas fijos. Como decía san Vicente de Paúl: «son los acontecimientos mis maestros». Por tanto, tomo la vida como viene, no con mucha filosofía sino con mucha fe: las cosas agradables o desagradables y ¡hay muchas en una vida!

        Me ha encantado el poder entregar mi pequeño testimonio, que parte de cosas muy diversas, y espero haber podido hacer comprender algo sobre el placer que tengo de vivir. Aunque no quiera establecer una elección o preferencia en mis páginas, su pregunta me remite a una frase de mi libro: «Sed felices de existir».

        Esto es lo que se me dijo cuando yo era montañés, en otro tiempo, en un refugio. Y este deseo me ha influido mucho. Es el más bello deseo que se pueda hacer a alguien. Le leo mi «guiño» sobre la alegría de vivir (p. 214), sobre el gusto de de vivir, el gusto de Dios que da el gusto de vivir si se le hace nuestro cómplice: «Tras haber digerido bien este deseo de apariencia tan banal, os lo entrego como el más bello de todos y que el gusto de vivir os dé el deseo de cantar, ya sea de manera entonada o desentonada...».

        Entre los grandes escritores de nuestra época, cito a uno de los que a mí más me gusta, Paul Claudel. Es un pasaje de su obra de teatro «Le soulier de satin» (El zapato de raso) cuando este personaje extraordinario Doña Música dice: «Mi Dios, me has dado este poder de que todos estos que me miran tengan deseo de cantar». Quiero comunicar el gusto de vivir, como yo mismo lo tengo, a los que se encuentran conmigo, los que me ven como soy, con mis límites, mis defectos que también son visibles.

Usted habla del placer de vivir, hablemos entonces también de su gusto por el diálogo frente a la diversidad humana, de su apego a sus orígenes vascos que quizá explica su pasión por los viajes.

        Es verdad y le agradezco que subraye mis orígenes vascos. Yo estoy muy orgulloso de ello. Muy orgulloso de todo lo que mi pequeño País Vasco y mi familia vasca me han dado para ser lo que soy hoy. Se dice que el vasco es aventurero. Puede ser verdad. Hay grandes aventureros, corsarios, pero hay también misioneros y pienso en uno de ellos que amo mucho: san Francisco Javier, que tenía una hermana casada en mi pequeña aldea de Espelette. San Francisco Javier, «el hombre con sandalias de viento» que llegó hasta Japón, que quiso ir a China y que no pudo porque murió a sus puertas. Era un auténtico vasco. No es que me quiera comparar con él, pero siempre ha habido algo en mí de misionero, primero como cristiano, luego como sacerdote, como obispo, y ahora como cardenal, he sido enviado por el Papa en misión a los cuatro rincones del mundo.

        He viajado mucho, pero he viajado también por placer, por gusto personal, e incluso todavía a mi edad estoy siempre listo para emprender grandes viajes. Tengo además proyectos que hacer todavía si la salud me lo permite. Creo que mi cabeza está todavía bien, puedo por tanto todavía hacer rodar mi joroba por todas las partes del mundo.

        Voy por placer pero también porque Dios quiere hacer de cada hombre un mensajero de su amor, de su mensaje que es un mensaje de fraternidad. Cuando se ha comprendido esto, no se desea permanecer en un lugar. Esto te hace cosquillas en los pies y te da ganas de ir a todas partes. Yo he hecho todos mis viajes, todas mis misiones, porque el Papa me lo pedía, pero con ese espíritu.

Se reconoce ahí la testarudez del asno, por retomar el título de su libro «Tiro adelante como un asno...», un título insólito por lo demás...

        Es verdad, cuando le decía al principio que el libro tuvo mucho éxito, hay que reconocerlo, también se debió a este título un poco extravagante. Esto ha ayudado mucho a su éxito. Me he comparado con el asno al principio porque me gustan mucho los asnos, que no son tan «asnos» como se dice. A Jesús le gustaban mucho los asnos, porque sobre un burrito hizo su última entrada en Jerusalén, justo antes de dar su vida por nosotros.

¿Y piensa que es necesaria verdaderamente la testarudez del asno para conservar la esperanza en el mundo actual, en la llegada de un mundo de paz? ¿Es el mensaje que quiere transmitir en su obra?

        El asno tiene muchas cualidades: es sobrio, marcha lentamente pero con un paso muy seguro; va por caminos escarpados, por tanto lejos de las autopistas donde la rapidez impide ver montura y caballero. Lo que falta hoy son asnos por los pequeños senderos, para encontrarse y charlar Hoy se corre demasiado, cruzándose apenas, sin rozarse incluso cuando la vía está hecha para mirarse, sin egoísmos, sino para aprender del otro todo lo que nos puede dar de bueno.

        Cada uno es una riqueza, a menudo desconocida: creemos que somos peores de lo que realmente somos. Cuando nos encontramos, es necesario saber que se tienen muchas cosas felices, buenas, excitantes que compartir y que nos dan un mayor gusto de vivir.

Así que usted está «jubilado», pero por lo que cuenta sigue muy activo...

        Activo, sí! Pues aunque no tenga responsabilidades en la Iglesia oficialmente, siempre tengo una responsabilidad con mis hermanos, de cualquier edad.

        Dios me ha dado todavía buena salud, e aunque estuviera enfermo, pienso que estaría todavía activo en el sentido en el que la palabra «activo» quiere decir «actuar».

        Ante todo se puede actuar con la oración, y no se cree nunca suficientemente en su importancia, en la eficacia de la oración, esa comunicación de los espíritus que nos aproxima a todos.

        Y luego están los encuentros: hoy mi actividad consiste en recibir a mucha gente. Rechazo muchas invitaciones a congresos, conferencias, pues prefiero recogerme, pero no me encierro nunca.

        Quiero hacer de mi apartamento en Roma una casa abierta a todos, una tienda como las de los nómadas. Es una imagen que me gusta pues es signo de apertura a los demás. He conocido esta experiencia en otro tiempo en algunos desiertos. Es extraordinario. Entonces es lo que yo querría hacer ahora. Que éste sea mi ministerio, mi misión. Responder a todos los que llaman a mi puerta, quienes quiera que sean, grandes y pequeños. Y para mí no hay grandes y pequeños. Somos todos iguales y me gusta recibir a quien quiera que sea. Esta es mi alegría y me sigo sintiendo feliz por existir.