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Lo único importante |
Hace unos días, una parroquia de Madrid comenzó a impartir un curso de los fundamentos del cristianismo entre sus feligreses más comprometidos, algunos de los cuales llevaban cerca de 30 años cooperando con el párroco. Los temas eran de lo más básico: Dios, Jesucristo, la salvación, etc. La sorpresa del sacerdote fue mayúscula cuando comprobó que, para algunos de sus más cercanos colaboradores, Cristo era una especie de "fuerza espiritual", una "energía positiva", pero no un hombre de carne y hueso que vivió hace dos mil años en Galilea. Decía
C. S. Lewis que "el problema de los cristianos es que hemos predicado
el cristianismo, pero nos hemos olvidado de predicar a Cristo".
Los católicos, especialmente en España, sabemos de qué
va más o menos nuestra fe; cuáles son las "normas
de conducta" que debemos seguir; si la Virgen tiene que ir delante
o detrás en la procesión o a qué santo le tengo
que encender la vela para que mi hija encuentre marido. Pero de relación
personal con Jesucristo, nada. Por eso hay muchos católicos
con un cacao mental considerable y tantos ambones desde los que se
predican machaconamente normas de moral y no un encuentro real con
Dios. Es como empezar a leerse un libro por la mitad y no enterarse
de nada de lo que pasó al principio. | |||||
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