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Antes de nada hay que recordar que se trata de un proceso que está siguiendo un recorrido muy particular: por la temprana decisión de Benedicto XVI de abrir esta Causa de beatificación, y por el hecho de que se trata de un Pontífice. Por esta última razón, todos los escritos magisteriales elaborados durante su pontificado no entran en el proceso. Nosotros hemos recogidos todos los textos de Karol Wojtyla realizados antes de su elección como Papa, y los documentos no magisteriales de su pontificado, en la práctica cinco libros.
Hace falta comprobar que hay, si es que queda algo, en el archivo personal de Juan Pablo II. No olvidemos que en su testamento, del que monseñor Stanislaw Dziwisz es albacea, estaba dispuesto que sus apuntes fueran destruidos. Si quedara cualquier cosa, debería ser consignada al tribunal diocesano y examinada por la Comisión histórica del Vicariato de Roma.
Hemos preparado una lista de cien personas. Es todavía un elenco provisional, y en el curso del proceso se pueden incluir otros. Se han elegido personas que pueden testimoniar acerca de la vida del Juan Pablo II en diferentes etapas de su vida, sobre su vida, virtud y fama de santidad.
Tiene que ser nombrado el Colegio de teólogos censores, que tienen el cometido de examinar los escritos recogidos y valorar si están en conformidad con la doctrina; después hay que iniciar las audiciones de los testigos, que proceden de todo el mundo.
De momento, es absolutamente impredecible su duración. El material a estudiar es enorme, y todavía hace falta decidir cuál va a ser la técnica jurídica a seguir para la recogida de testimonios, si serán escuchados todos o no, si el tribunal se trasladará a cada país para la entrevista con los testigos, si se abrirá un proceso rogatorio en los lugares donde vive cada uno de ellos, o si se solicitará la colaboración de los tribunales de las diócesis donde viven Por todo ello, cabe pensar que todo comenzará en otoño. Nada distinto a esto se puede decir en alto.
Por ahora, sólo puedo decir que se trata de un pío deseo. El trabajo técnico puede ser considerado como «normal», en suma. Por supuesto, la competencia última en este asunto es del Santo Padre, y él puede decidir lo que quiera.
Ante todo, hay que decir que la competencia sobre el reconocimiento de un milagro pertenece a la Congregación para las Causas de los Santos, no al tribunal diocesano. Nuestra investigación debe recoger diferentes signos y, en efecto, han llegado muchas, también por correo electrónico, con su correspondiente documentación; pero puedo decir que, de momento, no hay ningún procedimiento abierto sobre ningún milagro. | |
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