Juan Pablo II |
El Cardenal Ricard
María Carles, arzobispo emérito de Barcelona, acudió
la noche de este jueves 5 de mayo a una de las habituales cenas que
organiza la Asociación E-Cristians y explicó diversas
experiencias del cónclave, sin violar el juramento de silencio.
Ante unos 120
comensales, el cardenal Carles empezó por recordar la figura
de Juan Pablo II a través de fragmentos del testamento que
dejó el Papa polaco: sus reflexiones sobre el sacerdocio de
Cristo, su entrega total a Dios, su estar listo para la muerte ya
en 1980 y más aún en 1982 tras el atentado de Alí
Agca, su "Nunc Dimittis" escrito en el 2000, al llevar
a la Iglesia al nuevo milenio, sus menciones agradecidas a su familia
difunta, al rabino de Roma, a sus colaboradores...
Tuvo además
palabras de aprecio por la "encíclica escrita con sus
últimos días, cuando no ocultó la enfermedad
y el sufrimiento; así sí que se puede ir contra la eutanasia,
porque lo hacía un hombre que lo pasaba muy mal".
|
| Recuerdos
entrañables |
Carles también
comentó puntos de la obra del nuevo Papa Benedicto XVI, especialmente
sobre la conciencia cristiana de Europa, sobre el "cisma"
desde el s.XIX entre "cristianos" y "laicos",
sobre el "extraño y patológico odio de Occidente
a sí mismo". El nuevo Papa insiste en que si no se aprecia
lo sagrado de la propia historia, es difícil hablar de respeto
a otras culturas. "El Islam está en situación de
ofrecer una vía espiritual válida al mundo, mientras
que Europa no la ofrece", leyó el cardenal traducíendo
a Ratzinger del italiano. También recordó a Toynbee
cuando dice que "el destino de la sociedad depende siempre de
minorías creativas". "Eso es lo que deben ser los
cristianos, una minoría creativa", señaló
Carles.
También
recordó unas palabras del cardenal Ratzinger en un cementerio
de soldados alemanes de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos
enrolados a la fuerza, enviados a luchar como él mismo. "Estos
muchachos nos miran y preguntan: ¿y vosotros qué hacéis
para que el mundo no sea de nuevo devastado por el miedo, la violencia,
la mentira?"
El Cardenal,
que ha sido criticado recientemente al relacionar Auschwitz con la
oposición del gobierno del PSOE a la objeción de conciencia
ante las "bodas" gays, trató el tema de la objeción
ante el poder injusto. "Si a un médico se le obliga a
abortar, a matar enfermos, etc... y aún así se le llama
democracia... ¡claro que eso es Auschwitz!", señaló.
|
| |
Pero para muchos
lo más interesante fueron sus comentarios acerca de los memorables
días de abril en Roma, que destacamos a continuación.
El
precónclave
En las reuniones
del precónclave, por las mañanas de los días
antes del cónclave, cada cardenal podía hacer intervenciones
de 7 minutos, para no enrollarnos demasiado. Allí uno ya
tiene sus conocidos, cardenales con los que te has encontrado dos
o cuatro veces al año porque trabajan contigo en dicasterios
concretos y cosas así. También están los cardenales
eméritos, mayores, que no votan. Todos juntos, unos 180.
Y estos días servían para conocernos más profundamente.
Hablábamos para hacer una mirada del mundo y de la Iglesia
durante esos doce días. Gente de todas las razas, países,
culturas, explicando los problemas y las cosas positivas de sus
países y sus iglesias. Esos días no queríamos
hablar del perfil del nuevo Papa. Hablábamos de la Iglesia.
Experimentar esto ha sido una gracia de Dios.
En el primero
de los 12 días del precónclave, se explicaba a los
cardenales cuál era el orden para entrar en las reuniones,
sentarse, por qué puerta se entraba, como se llamaban esas
puertas. El riojano cardenal Somalo, como camarlengo, se colocaba
a la izquierda, Ratzinger como decano del Colegio a la derecha...
Y Ratzinger dijo, con aspecto divertido: "tiene gracia, después
de 20 años de estar aquí, ahora me entero de cómo
se llama la puerta por la que hemos de entrar".
En estos días
hacíamos sólo descansos de 10 minutos, y sólo
teníamos agua para beber, de una marca que hay en Roma por
todas partes. La verdad es que yo no pensaba que iba a vivir la
experiencia de un Cónclave. Los cardenales teníamos
conciencia de que aquellos 115 hombres teníamos que escoger,
con el Espíritu Santo, a quién regiría a 1.100
millones de católicos. En reuniones anteriores, veíamos
crecer el número. Recuerdo una en que me dijeron: "ya
hemos superado los 1.000 millones". Y ahora ya son 1.100 millones.
La Iglesia tiene cuerda para muchos siglos.
En
la Capilla Sixtina
El juramento
es emocionante. Y no sólo el primero, al entrar en el Cónclave,
el que se vio por la televisión. Cada mañana y tarde,
con el voto en la mano, cuando subías al altar, y veías
al Cristo del Juicio Final, rodeado por la Capilla Sixtina... Decíamos
la fórmula: "juro ante este Cristo ¡que me juzgará
a mí!... que este es el Cardenal que yo creo que..."
¡Cuando estás ahí no caben ni lobbies ni grupos
de presión ni simpatías ni nada de eso!
Lo que sientes
cuando 115 personas de razas y culturas distintas se ponen de acuerdo
en la cuarta votación, es que ves que el Espíritu
santo actúa. No se votaba por simpatías o por culturas
similares, era el Espíritu.
A las 17.30
en punto salieron los dos tercios. Yo tenía este mismo reloj
que llevo encima de la mesa y me fijé: las 17.30 exactas.
¡Súbito! Enseguida se aplaudió, en cuanto el
recuento dio los dos tercios. Aún quedaba acabar el recuento,
y los escrutadores pidieron silencio, y que por favor esperásemos
a acabar de contar todos los votos.
Cuando un candidato
adquiere los dos tercios, el decano del Colegio de Cardenal le pregunta
si acepta. Pero en este caso el decano era el mismo Ratzinger así
que quien le hizo la pregunta fue el vicedecano, el cardenal Sodano,
Secretario de Estado. Y Ratzinger respondió en latín:
aunque indigno, por obediencia, acepto. Cuando después eligió
el nombre, el nuevo Papa improvisó allí mismo en latín
una explicación de por qué escogía a Benedicto
XVI, por la admiración que tenía a Benedicto XV, que
veía como un maestro.
El cardenal
Meisner, de Colonia, es un hombre muy, muy serio. Tras la aceptación
entró Benedicto XVI, por primera vez vestido de blanco, todos
los cardenales abrazaban al Papa. En esos momentos fue cuando yo
vi a Meisner llorando como un niño, y luego sonándose
la nariz como un niño, emocionado. Se veía que quería
a su amigo.
El cardenal
protodiácono, Medina, que es chileno, de aspecto serio pero
de muy buen carácter, nos explicó que hizo a posta
la larga pausa en el Habemus Papam, y también a posta repitió
dos veces lo de "eminentísimo"... Era exactamente
lo que quería hacer.
Tras
la elección
Al volver a
la residencia de Santa Marta tras la elección, las monjas
y el personal de servicio de la casa nos aplaudían como si
hubiésemos ganado algo. El Santo Padre Benedicto les saludaba
a todos, y las monjas y ragazzas del servicio iban a besarle la
mano, pero él las besaba en la cara. ¡Y se hicieron
fotos besándose con el Papa! Éste es el que llaman
"el Gran Inquisidor".
Durante años
se ha hecho una insistente caricatura del Cardenal Ratzinger. He
dicho varias veces a la prensa que sólo hace falta que le
veamos hablar, actuar, que esperemos un poco y la caricatura desaparecerá
por sí misma.
Se hablaba
mucho en la prensa de elegir un Papa "de transición".
¿Por qué se le llama así, porque a lo mejor
dura unos siete u ocho años? Nuestros jefes de gobierno políticos
gobiernan 4 años ¡y nadie los llama "de transición"!
|