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| Una auténtica sorpresa | Cuando
Karol Wojtyla se asomó a la logia central de la Basílica
de San Pedro la tarde del 16 de octubre de 1978, hacía más
de cuatro siglos y medio que la sucesión de papas italianos había
venido ocupando el escenario.
No sólo esto, sino que a lo largo del siglo XVII y buena parte del XVIII los pontificados romanos fueron breves: muchos papas italianos de breve duración, de cuatro o cinco años. Esto contribuye a aumentar el número desmesuradamente. ¿Por qué tantos italianos? | |
| Repasemos la historia |
La razón es muy sencilla. Desde el siglo XVI no hace falta remontarse a tiempos anteriores el equilibrio de poderes se mantiene en Centroeuropa entre cuatro grandes protagonistas que son príncipes cristianos: su Majestad Piadosísima (el Monarca Portugués), Su Majestad Católica (el Monarca Español), Su Majestad Cristianísima (el Monarca Francés), Su Majestad Apostólica (el Emperador Austro-húngaro). En las esquinas Este y Oeste están Su Majestad Británica y el Zar de todas las Rusias, anglicano el uno y ortodoxo el otro, que mantienen la iglesia nacional. Inmediatamente se comprende que los intereses políticos de todos estos monarcas son muchas veces contrapuestos y que una de las intenciones habituales de los Romanos Pontífices haya sido la de la paz y concordia entre los príncipes cristianos. En todos los países cristianos había algunos cardenales, elegidos en muchísimos casos tras sutiles negociaciones entre los príncipes y el Papa. La preponderancia en número y en calidad de los italianos en el Sacro Colegio garantizaba la presencia sustancial de un buen número de electores independientes que no eran cardenales funcionarios. Tenían su sede y su trabajo y toda su vida en los Estados Pontificios y podían mirar con mucha más soltura al bien de la Iglesia. | |
| Obispo de Roma | Además, el Papa es el Obispo de Roma y el Obispo universal de la Iglesia Catholicae Ecclesiae Episcopus; pero lo primero y la fuente de todos los privilegios pontificios es el ser obispo de la diócesis de Roma. En cuanto tal debía ser elegido por personas incardinadas en la urbe, y eso es el origen del Colegio Cardenalicio. | |
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