¿Por qué los papas suelen ser italianos?
La gente se pregunta por qué en la historia ha habido tanta abundancia de papas italianos. Algunos parece que sienten la tentación de creer que puesto que Italia es el país de la mafia, nadie mejor que ellos para ocupar la silla de Pedro durante siglos y siglos.
Enrique de la Lama Facultad de Teología Universidad de Navarra
12 de abril de 2005 Expansión (Madrid)
Una auténtica sorpresa         Cuando Karol Wojtyla se asomó a la logia central de la Basílica de San Pedro la tarde del 16 de octubre de 1978, hacía más de cuatro siglos y medio que la sucesión de papas italianos había venido ocupando el escenario.

        No sólo esto, sino que a lo largo del siglo XVII y buena parte del XVIII los pontificados romanos fueron breves: muchos papas italianos de breve duración, de cuatro o cinco años. Esto contribuye a aumentar el número desmesuradamente. ¿Por qué tantos italianos?

Repasemos la historia

        La razón es muy sencilla. Desde el siglo XVI –no hace falta remontarse a tiempos anteriores– el equilibrio de poderes se mantiene en Centroeuropa entre cuatro grandes protagonistas que son príncipes cristianos: su Majestad Piadosísima (el Monarca Portugués), Su Majestad Católica (el Monarca Español), Su Majestad Cristianísima (el Monarca Francés), Su Majestad Apostólica (el Emperador Austro-húngaro). En las esquinas Este y Oeste están Su Majestad Británica y el Zar de todas las Rusias, anglicano el uno y ortodoxo el otro, que mantienen la iglesia nacional. Inmediatamente se comprende que los intereses políticos de todos estos monarcas son muchas veces contrapuestos y que una de las intenciones habituales de los Romanos Pontífices haya sido la de la paz y concordia entre los príncipes cristianos.

        En todos los países cristianos había algunos cardenales, elegidos en muchísimos casos tras sutiles negociaciones entre los príncipes y el Papa. La preponderancia en número y en calidad de los italianos en el Sacro Colegio garantizaba la presencia sustancial de un buen número de electores independientes que no eran cardenales funcionarios. Tenían su sede y su trabajo y toda su vida en los Estados Pontificios y podían mirar con mucha más soltura al bien de la Iglesia.

Obispo de Roma         Además, el Papa es el Obispo de Roma y el Obispo universal de la Iglesia –Catholicae Ecclesiae Episcopus–; pero lo primero y la fuente de todos los privilegios pontificios es el ser obispo de la diócesis de Roma. En cuanto tal debía ser elegido por personas incardinadas en la urbe, y eso es el origen del Colegio Cardenalicio.