Veinte reclusos crean el primer grupo neocatecumenal de prisiones

La iniciativa surgió en la sección de preventivos de Picassent

La Razón Julio 2002
Un sentido religioso muy profundo en todo caso

        Un total de 20 presos de la sección de preventivos del centro penitenciario de Picassent, en la Comunidad Valenciana, han formado por iniciativa propia el primer grupo de vida cristiana que se crea en el recinto. El fundador del Camino Neocatecumenal, comenzó su apostolado en uno de los barrios más marginales de Madrid. Hoy, su espiritualidad sigue viva y mantiene la atención vital y espiritual hacia los más desfavorecidos.

        La comunidad, integrada en el Camino Neocatecumenal, fundado por el madrileño Kiko Argüello, cuyos estatutos fueron aprobados por la Santa Sede el pasado 29 de junio, acoge también a reclusas y a presos de nacionalidad extranjera, principalmente colombianos "que poseen un sentimiento religioso muy profundo", según ha indicado el sacerdote que ejerce de capellán de preventivos, Ramón Devesa.

Para cuando salgan de prisión

        Todos los jueves, los internos de la comunidad neocatecumenal se reúnen para desarrollar la celebración de la Palabra. Asimismo, participan de forma activa en las eucaristías del fin de semana, que se celebran, expresamente para el grupo, los sábados por la mañana para los módulos de los presos, y por la tarde, para las mujeres.

        Según ha explicado Ramón Devesa, la comunidad cristiana promovida por los reclusos "pretende servir de plataforma de lanzamiento para la implicación de los internos en sus parroquias una vez abandonen la prisión".

Música para la Eucaristía         Recientemente, en la misma prisión de Picassent, otro grupo de reclusos, esta vez del pabellón de penados, ha formado un coro de música religiosa, en una iniciativa también pionera en las prisiones de la Comunidad Valenciana. El grupo, que cuenta con un repertorio de algo más de cuarenta piezas corales, interviene en las eucaristías del fin de semana que se celebran en la cárcel y tiene previsto ampliar sus actuaciones a distintas celebraciones culturales organizadas por la dirección del centro. El coro, que surgió a iniciativa del capellán de penados, Juan Carlos Fortón, es dirigido por dos reclusos que disponen de conocimientos musicales.
Una inquietud que se difunde

        Estos dos presos enseñan a los restantes internos que forman parte del conjunto, no sólo a interpretar música religiosa vocalmente, sino también a utilizar instrumentos como guitarras, bongos y teclados, según indica este capellán, que junto al sacerdote José Vicente Garrido se responsabiliza de la pastoral en el apartado de penados. Tras formarse el grupo "han sido muchos los reclusos que se han interesado en formar parte del coro, aunque por cuestiones organizativas hemos tenido que fijar un máximo de alumnos", ha precisado el capellán. Todos los viernes el grupo al completo se reúne en una de las dependencias de la cárcel para realizar los ensayos. Así, según Fortón, los presos participan activamente en la vida cultural y religiosa del centro y contribuyen a ofrecer "no sólo un nuevo servicio en la eucaristía sino también a estimular la evangelización a través de la música".