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Roma.
Hicimos esta
entrevista al cardenal Cipriani hace 15 días. El fin de semana
pasado, la congregación de cardenales pidió a la prensa
la cortesía de no solicitar entrevistas a los purpurados. Algo
que en Roma se respeta escrupulosamente.
Juan Luis Cipriani,
arzobispo de Lima, es probablemente el único cardenal de la
historia que ha participado en competiciones internacionales de baloncesto,
en su caso con la selección nacional de Perú. Es también
el primer cardenal del Opus Dei. Llegó a ser muy conocido por
su papel de mediador en la crisis de los rehenes de la residencia
del embajador de Japón en Lima, en diciembre de 1996. Sus primeros
recuerdos sobre Juan Pablo II.
¿Qué
rasgo del carácter destacaría en el Papa?
Ha resuelto de una manera maravillosa la aparente
contradicción entre oración y acción. Con Juan
Pablo II he aprendido que la oración no lo aleja del mundo,
sino que lo acerca mucho a la gente. Ha sido un hombre de profunda
oración... Creo que esta lección es una maravilla para
el mundo de hoy y para muchos siglos.
Póngame
un ejemplo.
En una ocasión, yo le estaba relatando
los problemas que tenía en la diócesis de Ayacucho:
terrorismo, violencia, falta de clero
Y él iba diciendo:
oración, oración, oración... Yo pasaba a otro
tema, y él respondía "oración. Al
final le pedí que hiciéramos un resumen, y me respondió
más oración. Eso me convirtió a ese
convencimiento de que el Papa que viaja, que escribe, que es tan cercano
a todas las culturas, es un hombre que desde la mirada de Cristo,
desde la oración, ha sido tal vez el hombre de más acción
y liderazgo del mundo.
¿Cuáles
cree que son los desafíos actuales de la Iglesia católica?
En primer lugar, dar a conocer la verdad.
Hay que desenmascarar el sentido del pecado para que podamos ir al
fondo de los hechos. La pobreza no es la causa de la violencia y no
es un problema estructural como dicen los sistemas políticos.
Tiene en su raíz un profundo pecado: egoísmo, mentira,
injusticia. La teología de la liberación ha predicado
lo contrario durante muchos años: que la pobreza es una estructura
que se genera de manera automática por el hecho de que los
más ricos someten a los pobres. Con esa teología, que
es más una ideología, no vamos a ningún lado.
Otro desafío, un diálogo con el Norte, con los países
más desarrollados, en el que se invoque con más fuerza
la solidaridad.
¿Cree
que el Papa puede tener un sucesor latinoamericano?
Es una especulación inútil.
El Espíritu Santo ayudará a la Iglesia hasta el final
de los siglos. Lo que tenemos que ver es qué es lo que la Iglesia
necesita en estos momentos y quién lo puede hacer mejor, y
luego dejar actuar al Espíritu Santo. Introducir variables
de tipo sociológico, geográfico, porcentajes de población
católica, me parece que es completamente ajeno a los planes
de Dios sobre el futuro del Papa.
¿Cómo
dirige el cónclave el Espíritu Santo?
Habla al interior de quien hace oración.
Hace falta el silencio, meditación, el esfuerzo por limpiar
el alma. Cuando el Espíritu Santo habla, crea pensamiento.
Donde uno pensaba Pedro, sale Pablo. Es real que si escuchamos al
Espíritu Santo tenemos fe y vida de oración. Evidentemente,
el Espíritu Santo habla a seres libres e inteligentes, pero
por sus frutos los conoceréis.
Algunos
temas que afrontará el próximo cónclave. Por
ejemplo, el celibato. ¿Piensa que pueden existir formas nuevas
de ejercer el sacerdocio?
Una correcta antropología demuestra
que no. Por lo menos, yo no veo ninguna alternativa. Porque el celibato
es realmente un matrimonio con la Iglesia, es el compromiso de todo
el corazón y de toda la vida. Y ese matrimonio tiene unos hijos
que son los fieles: esa exclusión de un amor terreno es una
inclusión de un amor terreno. No hay necesidad de complementariedad,
como si hubiera un desequilibrio. Quienes dicen lo contrario no conocen
el amor o no conocen la virtud.
Ahí
no hay cambios.
Por unos cuantos problemas no se puede dejar
de lado algo tan grande como es el amor y la entrega a Dios, y de
esa manera la entrega a los demás. Pienso yo que la Iglesia
está muy bien, y seguirá caminando muy bien así.
Lo que sería bueno es un testimonio más pleno de un
celibato alegre, entusiasmante, apostólico.
Sin
duda en el cónclave también se debatirá sobre
el gobierno colegial.
Tenemos que distinguir. A veces hay una tendencia
a que las mayorías decidan aspectos doctrinales. Eso no es
aceptable. La Iglesia no es una democracia y cuenta con el Vicario
de Cristo. Más bien, el principio que se emplea es un principio
de comunión. Pienso que las conferencias episcopales deben
ser lo que está establecido tanto en el código como
en su propia norma jurídica: un lugar donde hay una expresión
de afecto colegial y una coordinación.
¿Y
qué debe ser continuado de la labor de este Papa?
En primer lugar, la llamada universal a la
santidad, mencionada en la Novo Millennio Ineunte. Casi todos
los católicos son laicos, gente que está en la calle,
deportistas, hombres de ciencia, empleados, políticos, economistas.
Todos están llamados a la santidad, todos podemos ser santos,
así lo dice la Christi fideles laici. Eso está
por desarrollarse y es una fuerza muy grande para que la Iglesia no
se reduzca a la idea de la jerarquía.
Más
cosas que deben continuarse.
Veo yo que hay que relanzar el tema de los
sacerdotes y seminarios. Las vocaciones crecen a un ritmo quizá
demasiado lento. Creo que hace falta una promoción de ejemplos
vivos, de sacerdotes, de obispos y diría yo, también
de cardenales.
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