entrevista con el cardenal Juan Luis Cipriani.
"El Papa nos enseñó que todos podemos ser santos"
"El Espíritu Santo ayudará a la Iglesia hasta el final de los siglos"
Javier Martínez-Brocal
14/04/2005 La Gaceta de los negocios
 

Roma.

        Hicimos esta entrevista al cardenal Cipriani hace 15 días. El fin de semana pasado, la congregación de cardenales pidió a la prensa la cortesía de no solicitar entrevistas a los purpurados. Algo que en Roma se respeta escrupulosamente.

        Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, es probablemente el único cardenal de la historia que ha participado en competiciones internacionales de baloncesto, en su caso con la selección nacional de Perú. Es también el primer cardenal del Opus Dei. Llegó a ser muy conocido por su papel de mediador en la crisis de los rehenes de la residencia del embajador de Japón en Lima, en diciembre de 1996. Sus primeros recuerdos sobre Juan Pablo II.

        ¿Qué rasgo del carácter destacaría en el Papa?
    Ha resuelto de una manera maravillosa la aparente contradicción entre oración y acción. Con Juan Pablo II he aprendido que la oración no lo aleja del mundo, sino que lo acerca mucho a la gente. Ha sido un hombre de profunda oración... Creo que esta lección es una maravilla para el mundo de hoy y para muchos siglos.

        Póngame un ejemplo.
    En una ocasión, yo le estaba relatando los problemas que tenía en la diócesis de Ayacucho: terrorismo, violencia, falta de clero… Y él iba diciendo: oración, oración, oración... Yo pasaba a otro tema, y él respondía "oración”. Al final le pedí que hiciéramos un resumen, y me respondió “más oración”. Eso me convirtió a ese convencimiento de que el Papa que viaja, que escribe, que es tan cercano a todas las culturas, es un hombre que desde la mirada de Cristo, desde la oración, ha sido tal vez el hombre de más acción y liderazgo del mundo.

        ¿Cuáles cree que son los desafíos actuales de la Iglesia católica?
    En primer lugar, dar a conocer la verdad. Hay que desenmascarar el sentido del pecado para que podamos ir al fondo de los hechos. La pobreza no es la causa de la violencia y no es un problema estructural como dicen los sistemas políticos. Tiene en su raíz un profundo pecado: egoísmo, mentira, injusticia. La teología de la liberación ha predicado lo contrario durante muchos años: que la pobreza es una estructura que se genera de manera automática por el hecho de que los más ricos someten a los pobres. Con esa teología, que es más una ideología, no vamos a ningún lado. Otro desafío, un diálogo con el Norte, con los países más desarrollados, en el que se invoque con más fuerza la solidaridad.

        ¿Cree que el Papa puede tener un sucesor latinoamericano?
    Es una especulación inútil. El Espíritu Santo ayudará a la Iglesia hasta el final de los siglos. Lo que tenemos que ver es qué es lo que la Iglesia necesita en estos momentos y quién lo puede hacer mejor, y luego dejar actuar al Espíritu Santo. Introducir variables de tipo sociológico, geográfico, porcentajes de población católica, me parece que es completamente ajeno a los planes de Dios sobre el futuro del Papa.

        ¿Cómo dirige el cónclave el Espíritu Santo?
    Habla al interior de quien hace oración. Hace falta el silencio, meditación, el esfuerzo por limpiar el alma. Cuando el Espíritu Santo habla, crea pensamiento. Donde uno pensaba Pedro, sale Pablo. Es real que si escuchamos al Espíritu Santo tenemos fe y vida de oración. Evidentemente, el Espíritu Santo habla a seres libres e inteligentes, pero por sus frutos los conoceréis.

        Algunos temas que afrontará el próximo cónclave. Por ejemplo, el celibato. ¿Piensa que pueden existir formas nuevas de ejercer el sacerdocio?
    Una correcta antropología demuestra que no. Por lo menos, yo no veo ninguna alternativa. Porque el celibato es realmente un matrimonio con la Iglesia, es el compromiso de todo el corazón y de toda la vida. Y ese matrimonio tiene unos hijos que son los fieles: esa exclusión de un amor terreno es una inclusión de un amor terreno. No hay necesidad de complementariedad, como si hubiera un desequilibrio. Quienes dicen lo contrario no conocen el amor o no conocen la virtud.

        Ahí no hay cambios.
    Por unos cuantos problemas no se puede dejar de lado algo tan grande como es el amor y la entrega a Dios, y de esa manera la entrega a los demás. Pienso yo que la Iglesia está muy bien, y seguirá caminando muy bien así. Lo que sería bueno es un testimonio más pleno de un celibato alegre, entusiasmante, apostólico.

        Sin duda en el cónclave también se debatirá sobre el gobierno colegial.
    Tenemos que distinguir. A veces hay una tendencia a que las mayorías decidan aspectos doctrinales. Eso no es aceptable. La Iglesia no es una democracia y cuenta con el Vicario de Cristo. Más bien, el principio que se emplea es un principio de comunión. Pienso que las conferencias episcopales deben ser lo que está establecido tanto en el código como en su propia norma jurídica: un lugar donde hay una expresión de afecto colegial y una coordinación.

        ¿Y qué debe ser continuado de la labor de este Papa?
    En primer lugar, la llamada universal a la santidad, mencionada en la Novo Millennio Ineunte. Casi todos los católicos son laicos, gente que está en la calle, deportistas, hombres de ciencia, empleados, políticos, economistas. Todos están llamados a la santidad, todos podemos ser santos, así lo dice la Christi fideles laici. Eso está por desarrollarse y es una fuerza muy grande para que la Iglesia no se reduzca a la idea de la jerarquía.

        Más cosas que deben continuarse.
    Veo yo que hay que relanzar el tema de los sacerdotes y seminarios. Las vocaciones crecen a un ritmo quizá demasiado lento. Creo que hace falta una promoción de ejemplos vivos, de sacerdotes, de obispos y diría yo, también de cardenales.