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| Profundidad de un misterio | Dirigiendo
su mirada a lo alto, Jesucristo pronuncia su última palabra:
"Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu"; para luego
expirar entregando su espíritu. A continuación, la cámara
eleva paulatinamente la toma, hasta el punto de enfocar el calvario
desde una altura que evoca la perspectiva del Cielo. En ese momento,
se desprende una gota de agua la lágrima de Dios Padre
que termina por estrellarse en el montículo del calvario, provocando
un terremoto. De esta forma tan sencilla y sugerente, se abre una ventana
al designio divino redentor: ¡Dios Padre se ha conmovido ante
la entrega de su Hijo en la cruz! Para entender esto, es necesario desempolvar y recuperar algunos pasajes bíblicos, desgraciadamente olvidados o relegados, en los que se revela que Dios Padre entregó a su Hijo a la cruz, como sacrificio de salvación y reparación por toda la humanidad: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados." (1 Jn 4, 9). | |
| Cólera y misericordia | Maticemos
que sería un error interpretar que Cristo es entregado a la cruz
por el Padre en contra de su propia voluntad. El Hijo ofrece su vida
al Padre, libremente y por amor, para reparar nuestra desobediencia
(Cfr 1 Tim 2, 6). Finalmente, el Padre, conmovido, acepta el sacrificio
de su Hijo. La resurrección de Cristo no es sino el abrazo del
Padre a Cristo, por el que acoge su ofrenda en favor de todos los hombres.
Como fruto de este designio de salvación, la humanidad es reconciliada
con Dios por medio de Cristo: somos hijos en el Hijo. Mel Gibson se ha tomado la libertad de unir la escena del inicio del terremoto, narrado en Mateo 27, 51, con la caída de esta lágrima divina. De esta forma, esa lágrima pasa a ser expresión, al mismo tiempo, de la cólera y de la misericordia divina. Aclaremos que, evidentemente, en Dios no puede haber irritación egoísta ni espíritu de represalia. Por lo tanto, hemos de entender la cólera de Dios como la expresión de la santidad divina que sufre por el rechazo de la gracia de salvación, e intenta por todos los medios superar los obstáculos derivados de la mala disposición del hombre, al igual que lo hizo al expulsar a los mercaderes del Templo (Jn 2, 14ss). | |
| Por la obediencia ... | Por
ello mismo, la cólera divina expresada en ese terremoto, se traduce
en misericordia para el soldado romano que atraviesa con su lanza el
costado de Cristo. La película ha querido recoger un paralelismo
referido por el escriturista Ignace De La Potterie. En efecto, allí
donde los evangelios de Marcos y Mateo narran que el velo del Templo
se rasgó en el momento de la muerte de Cristo, de forma paralela,
el evangelio de San Juan relata que el costado de Cristo fue también
rasgado por la lanza. Ya no hay ningún velo que nos oculte a
Dios. En la muerte de Cristo se descubre el misterio escondido en el
Antiguo Testamento. Dios ya no tiene secretos con nosotros. El Corazón
de Cristo, nos revela la intimidad de Dios: "A vosotros ya no os
llamo siervos, sino amigos; porque todo lo que he oído a mi Padre
os lo he dado a conocer" (Jn 15, 15). Intercalado en las diversas secuencias del terremoto originado tras la caída de la lágrima de Dios Padre, se reserva una breve e intenso flash para reflejar la desesperación de Satanás. En efecto, el acto de obediencia que se encierra en la cruz, supone la victoria definitiva sobre el demonio, quien en todo momento había estado al acecho, intentando apartar a Jesús del designio redentor recibido de su Padre. Así entenderemos la importancia del pasaje bíblico: "Si por la desobediencia de uno, todos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno, todos serán justificados" (Rom 5, 19). | |
| Buena catequesis |
Tenemos
que agradecer sinceramente a Mel Gibson que no se limitase en la producción
de su película a una descripción externa de los sucesos
de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Por el
contrario, ha prestado un inestimable servicio a la fe católica,
al ponernos en contemplación de la dimensión salvífica
de la muerte de Cristo. | |
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