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Por un motivo bastante sencillo: como todos saben el Santo Padre fue ingresado en el Policlínico Universitario Gemelli con procedimiento de urgencia. En estos casos la responsabilidad de coordinar el equipo médico compete al director del departamento de Emergencia y Admisión, papel que cubría yo en ese momento. Continué siguiéndole porque el diagnóstico me involucraba en mis competencias.
No hay ningún misterio. La razón de la hospitalización, como varias veces se ha dicho en los comunicados de prensa, ha sido únicamente la «laringo-traqueitis aguda con crisis de laringoespasmo». Laringo-traqueitis aguda que afortunadamente se ha resuelto con relativa rapidez y sin otras complicaciones. El episodio se ha producido en la estructura física de una persona de 84 años marcada todos lo ven por enfermedades precedentes, pero por una complexión muy fuerte.
El equipo médico no ha sido expropiado de nada. Al contrario, de común acuerdo se decidió que los llamados «boletines médicos» escritos por los médicos fueran leídos por los responsables de la oficina de prensa de la Santa Sede y del Policlínico Gemelli. Personalmente considero que al médico compete la redacción del boletín y no tanto su lectura, sobre todo cuando la evolución clínica, como en este caso, tiene lugar con regularidad y en ausencia de eventos imprevistos o de particular gravedad. También por este motivo se decidió contener los comunicados de prensa a no más de uno diario. No queríamos ocultar nada, como se ha demostrado por la conclusión del evento; mucho más sencillamente, y afortunadamente, no teníamos nada que añadir.
Impresión correcta. El tiempo de curación ha sido más rápido del inicialmente previsto por nosotros. Todas las exploraciones diagnósticas efectuadas han demostrado la buena y pronta respuesta a las terapias, la resolución de la laringo-traqueitis aguda y la ausencia de complicaciones. Por este motivo pudimos anticipar en un día la salida del Santo Padre.
Ciertamente en buenas condiciones generales, aunque tendrá que concluir el período de convalecencia. Es sabido que, tras una inflamación aguda, el organismo necesita tiempo para recuperar plenamente las propias energías. En esto no es una excepción el Santo Padre.
Diría que semejantes eventos ponen necesariamente a dura prueba cualquier estructura hospitalaria. Pero el problema es que hay que estar siempre listos para afrontarlos de la mejor manera. Y en cualquier caso la estructura está llamada a dar lo mejor al huésped ilustre sin quitar nada a la asistencia prestada a los demás enfermos. Para lograr este objetivo ya desde hace algunos años el Policlínico Gemelli se ha dotado de un «Plan para la gestión de las emergencias» que consiente hacer frente a intervenciones excepcionales e imprevistos (huéspedes ilustres, pero también la llegada simultánea de numerosos heridos después de un desastre) sin interferir con la actividad ordinaria del hospital. Diría que también esta vez el plan ha funcionado perfectamente. En la medicina moderna es importante una buena programación, sin que se pueda dejar nada al azar o a la improvisación.
La inmensa emoción, el honor de atender al Santo Padre y, al hacerlo, comprender lo que debe representar cada paciente para el médico y la manera en que el médico debería vivir su misión. Ha sido, para mí, un enorme privilegio y al término de diez días que me han visto muy cerca del Santo Padre he salido con la conciencia de haber recibido mucho más de lo que he dado. Sensaciones más profundas, y que difícilmente olvidaré, querría mantenerlas en el ámbito de lo privado. | ||
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