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La seguridad personal del pontífice depende de muchos «niveles» y se organiza según las múltiples áreas de su permanencia y tránsito. Ante todo, hay que aclarar que nos encontramos ante un nivel visible y ante otro invisible. Los miembros del primer nivel no son definibles como «secretos», aunque sin duda son «muy discretos». En cambio, los del nivel invisible están claramente ocultos y, por tanto, hablar de ellos es inapropiado e imposible. El nivel visible consta de tres grandes áreas. Dentro de la Santa Sede están su guardia de cuerpo personal los guardias suizos, y la Gendarmería Vaticana (heredera de la Guardia Noble y de la Guardia Palaciega de los estados pontificios). Fuera de los muros vaticanos, en el territorio italiano, actúan los agentes de la inspección de la Policía italiana, un comando dedicado en particular a la defensa de la Santa Sede. A nivel internacional, cada vez que el Papa viaja, su seguridad se confía a los distintos cuerpos de la nación que le hospeda.
En el nivel visible siempre vemos a hombres por una antigua tradición y probablemente porque se requiere una cierta prestancia física. En el nivel invisible quién sabe
Dentro de la Santa Sede existen sin duda criterios de elección, según la fiabilidad y la confianza personal. Por ejemplo, el coronel comandante de la Guardia Suiza es nombrado personalmente por el pontífice, al igual que el jefe de la actual Gendarmería Vaticana. En el exterior la elección la hacen los superiores del Ministerio de Interior italiano, que ciertamente tienen en cuenta muchos factores: solicitudes, indicaciones, experiencia en el campo de la protección cercana a hombres ilustres etc. Durante los viajes, oficialmente se movilizan los mejores elementos de los muchos cuerpos de cada nación anfitriona.
El número total del nivel visible puede ascender a varias decenas de personas pero, como he señalado, no son sólo italianos y se movilizan por áreas de intervención. Durante algún viaje en territorios muy difíciles, además de los miembros de la escolta, también se han utilizado a miles y miles de agentes.
Su papel más evidente es el de «defender la sagrada persona de los furores y de los entusiasmos». Tal definición fue formulada al final del siglo XV y sigue, de algún modo, vigente con el paso del tiempo. Algunos están preparados también para hacer de escudo humano en caso de extrema necesidad. Su papel más desconocido es el de de adaptarse a los distintos planes de seguridad, según varían las informaciones que llegan desde las múltiples fuentes de la inteligencia.
La gran reforma ocurrió en el 1970 con Pablo VI. Con el Papa Karol Wojtyla, a causa del atentado del 1981 y de sus muchos viajes, se ha reforzado extremadamente la vigilancia, sobre todo a escala internacional.
Según las informaciones a las que he tenido acceso, el Papa se encomienda casi totalmente a la divina Providencia. | ||
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