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Vocabulario cristiano para el tercer milenio: "IGLESIA"
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| Así ha sido la voluntad de Dios | Quiso Dios santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados entre sí, sino constituirlos en un pueblo (LG, 9). Con estas palabras explica el Concilio Vaticano II el sentido que tiene esa comunidad de todos los creyentes en Jesucristo que llamamos Iglesia. En los diversos usos neotestamentarios del término, se entiende a la Iglesia en sentido particular (asamblea en acto para el servicio litúrgico y comunidad establecida en un lugar o territorio), o bien en un sentido universal, es decir, el pueblo entero disperso por todo el mundo que ha sido reunido en el nombre de la Santísima Trinidad. Para comprender la realidad designada por este nombre hay que remontarse al designio libre y misterioso de Dios Padre de salvar a todos los hombres, llamándolos a la comunión consigo mediante su Hijo en la fuerza del Espíritu Santo. |
| "El nosotros de la fe" | En el Evangelio de Cristo se indican las estructuras fundamentales e irrenunciables de la Iglesia. Dentro del único pueblo de Dios, donde subsiste una dignidad común de los miembros por su regeneración en Cristo, la gracia común de los hijos y la vocación común a la santidad (sacerdocio común de los fieles), «algunos, por la voluntad de Cristo, han sido constituidos para los demás como doctores, dispensadores de los misterios y pastores» (LG 32) (sacerdocio jerárquico o ministerial). Esta estructura del único pueblo de Dios se expresa también mediante el binomio ministros sagrados y laicos. Articulada de este modo, la Iglesia se expresa como «comunidad de creyentes» que, en estrecha adhesión a sus propios pastores establlioecidos por Cristo, son reunidos por él mediante la proclamación del Evangelio, son santificados mediante los sacramentos y son enviados al mundo como testigos de su resurrección. La Iglesia es el nosotros de la fe. Es importante recordar la insistencia del Concilio en que todos los fieles (ministros sagrados y laicos) están llamados a una misma santidad: los fieles todos, de cualquier condición y estado que sean, son llamados por Dios cada uno por su camino a la perfección de la santidad por la que el mismo Padre es perfecto (LG, 11). |