Lo que todo católico debería saber responder (V)

Deal Hudson,
editor de www.crisismagazine.com
www.e-cristians.net

         9. "Los católicos deberían escuchar su propia conciencia en todas las cosas... ya sea el aborto, el control de la natalidad o la ordenación de mujeres".

        Es cierto, el Catecismo lo dice muy claro: "El hombre tiene derecho a actuar en conciencia y en libertad para tomar decisiones morales personalmente". "No debe ser forzado a actuar en contra de su conciencia, ni se le debe prohibir que actúe según su conciencia, especialmente en temas de religión" (1782). Esta enseñanza es la base de lo que significa tener libre albedrío. Sin embargo, esto no significa que la conciencia esté libre de toda responsabilidad o que ignore la ley de Dios. Esto es lo que el Catecismo llama tener "una conciencia bien formada". El Catecismo otorga una gran responsabilidad a la conciencia de la persona: "La conciencia moral, en el corazón de cada persona, le conduce en el momento apropiado a hacer el bien y evitar el mal... Constituye un testigo de la autoridad de la verdad en referencia al Bien supremo al que tiende todo ser humano, y acoge los mandamientos. Al escuchar a su conciencia, el hombre prudente puede oír cómo Dios le habla" (1777).

        Dicho de otra manera, nuestra conciencia no se limita a "lo que sentimos que está bien", sino que se trata de lo que juzgamos correcto basándonos en lo que sabemos por las enseñanzas de Dios y la Iglesia. Para realizar este juicio, tenemos la responsabilidad de estudiar y rezar estas enseñanzas muy detenidamente. El Catecismo contiene una sección enteramente dedicada a la cuidadosa formación de nuestra conciencia. Así de importante es a la hora de tomar decisiones correctas. Y al final, tanto si estamos en lo cierto como si no, vamos a tener que dar cuenta de nuestras acciones: "La conciencia nos permite asumir la responsabilidad de las acciones realizadas" (1781). Si está correctamente formada, nos ayuda a ver cuándo hemos hecho algo mal y se nos deben perdonar los pecados.

        Mediante la búsqueda de una conciencia totalmente formada, experimentamos una gran libertad, porque estamos acercándonos a la Verdad infinita de Dios. No se trata de una traba o de algo que nos impide hacer lo que queremos, sino una guía que nos ayuda a hacer lo que está bien. "La educación de la conciencia garantiza la libertad y conlleva la paz del corazón" (1784).

        10. "Los métodos naturales de planificación familiar son sólo la versión católica del control de natalidad".

        Los métodos naturales tienen detractores en todos los ámbitos y lugares. Algunos creen que es una alternativa poco realista al control de la natalidad (que, por otra parte, no consideran incorrecto), mientras otros opinan que está tan mal como el control de la natalidad. Los métodos naturales han tenido que caminar por una frágil línea entre ambos extremos. En primer lugar, el principal problema que tiene el control de la natalidad es que actúa contra la naturaleza de nuestros cuerpos y de la naturaleza en general. Su fin es desvincular el acto (sexo) de su consecuencia (embarazo), básicamente reduciendo la sacralidad del sexo a la mera búsqueda del placer.

        Si se utiliza para buenos fines, el control de la natalidad es una herramienta que se usa para discernir si una pareja tiene los medios (ya sean financieros, físicos o emocionales) para aceptar un bebé en sus vidas. Ello implica una comprensión del propio cuerpo, una cuidadosa evaluación de nuestra situación en la vida, discutir el tema con el cónyuge y, por encima de todo, oración. Más que desvincularse de la realidad plena del sexo, se trata de adentrarse en una comprensión más profunda de todos los aspectos implicados. La gente que defiende el control de la natalidad apunta a las personas que no pueden permitirse tener más niños o a aquellos cuya salud puede estar en peligro en caso de otro embarazo. Pero estas razones son perfectamente legítimas para recurrir a los métodos naturales, y se trata de situaciones en las que éstos serían totalmente efectivos, además de estar aprobados por la Iglesia.

        Otras personas opinan que recurrir a cualquier tipo de control sobre la medida de la familia es jugar con Dios y no dejarle que sea Él quien provea para nosotros como Él crea conveniente. Es cierto que debemos confiar en Dios y aceptar siempre las vidas que nos envía, pero ello no significa que no debamos intervenir para nada en la cuestión.

        Por ejemplo, en lugar de ir tirando el dinero por ahí diciendo "Dios proveerá", las familias deben llevar un riguroso control de su economía e intentar no despilfarrar. Los métodos naturales son como ese presupuesto, que nos ayuda, mediante la oración, a reflexionar sobre nuestra situación en la vida y actuar en consecuencia. Es parte de nuestra naturaleza humana comprendernos a nosotros mismos y utilizar nuestro intelecto y nuestra voluntad, en lugar de esperar pasivamente a que Dios se ocupe de todo. Estamos llamados a ser buenos administradores de los talentos que nos han sido dados, y debemos tener cuidado de no tratar esos talentos de forma descuidada.