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Deal
Hudson, |
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7. "La inconformidad es algo positivo, ya que todos deberíamos mantener nuestras mentes abiertas a nuevas ideas". Puede que hoy en día oigáis mucho esta frase, especialmente con el despertar de los escándalos por abusos en la Iglesia. Todo el mundo quiere encontrar una solución al problema y, al intentar hacerlo, algunas personas defienden ideas que están fuera de la enseñanza de nuestra fe católica (por ejemplo, el sacerdocio femenino, la apertura a la homosexualidad, etc.). Mucha gente culpa a la Iglesia por ser demasiado rígida en sus creencias y por no querer probar nada nuevo. Lo cierto es que muchas de las ideas a favor de algunas reformas que están en el aire no son nuevas. Ya fueron planteadas hace tiempo, y la Iglesia las consideró. De hecho, la Iglesia ha pasado la totalidad de su vida examinando cuidadosamente las distintas ideas y determinando cuales están en línea con la ley de Dios y cuáles no. Ha rechazado herejía tras herejía, mientras construía concienzudamente los principios de la fe. No debería ser una sorpresa que existan otras miles de Iglesias cristianas actualmente, puesto que, en un momento dado, todas ellas tuvieron "nuevas ideas", hasta el punto de encontrarse fuera de los principios de fe. La Iglesia tiene la gran responsabilidad de proteger la integridad de nuestra fe. Nunca rechaza ideas porque sí, como dirían algunos detractores, sino que, detrás de las creencias que defiende como ciertas, yacen 2.000 años de oración y estudio. Esto no significa que tengamos que estar de acuerdo con todo. Siempre se puede discutir sobre la mejor forma de profundizar en la verdad; por ejemplo, cómo podemos mejorar nuestras relaciones clero-laicado, siempre dentro de la línea de nuestra fe. 8. "Si se interpreta correctamente, la Biblia no condena la homosexualidad. Más bien rechaza la promiscuidad, ya sea homosexual o heterosexual. Por tanto, no tenemos motivos para oponernos a las relaciones de amor homosexuales". A medida que la actividad homosexual gane aceptación en nuestra cultura, habrá más presión entre los cristianos para explicar la clara prohibición de la Iglesia al respecto. Ahora se trata de la línea liberal estándar la que proclama que la Biblia, cuando se interpreta correctamente, no prohíbe la actividad homosexual. Pero esta proclamación choca con claros pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. El primero, naturalmente, es la famosa historia de los ángeles enviados por Dios a Sodoma para visitar a Lot: "No se habían acostado todavía [los ángeles], cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, jóvenes y ancianos, todo el pueblo sin excepción, cercaron la casa. Llamaron a Lot y le dijeron: "¿Dónde están esos hombres que han venido a tu casa esta noche? Sácanoslos para que abusemos de ellos". Lot salió, cerró la puerta y les dijo: "Hermanos míos, os suplico que no cometáis tal maldad. Yo tengo dos hijas vírgenes; os las voy a sacar fuera, y haced con ellas lo que queráis; pero no hagáis nada a estos hombres, puesto que han entrado a la sobra de mi tejado. Ellos le respondieron: "¡Quítate de ahí!". Y se decían: "Éste vino aquí como emigrante, y quiere constituirse en juez; haremos contigo peor que con ellos." Le empujaron violentamente y trataron de romper la puerta. Pero los dos hombres sacaron su brazo, metieron a Lot con ellos en casa y cerraron la puerta..." (Génesis 19:4-10). Lo que nos comunica este pasaje es bastante claro. Los hombres de Sodoma eran homosexuales que querían tener relaciones con los hombres que estaban en la casa. Lot les ofreció a sus hijas, pero no les interesaron. Poco después, Sodoma fue destruida por Dios a causa de los pecados de sus gentes, es decir, sus actos homosexuales. Este hecho es confirmado en el Nuevo Testamento: "...Como a Sodoma y Gomorra y las ciudades circunvecinas que, al igual que aquéllas, se dedicaron a la lujuria y a la homosexualidad y quedaron como ejemplo, sujetas a la pena del fuego eterno" (Judas, 7). Pero desde luego, éstos no son los únicos pasajes de la Biblia que condenan la actividad gay. El Antiguo Testamento contiene otra condena nada ambigua: "No te acostarás con un hombre como se hace como una mujer; es una acción infame" (Levítico, 18:22). Y estas declaraciones no se limitan al Antiguo Testamento. "Por eso Dios los abandonó a sus pasiones vergonzosas; pues, por una parte, sus mujeres cambiaron las relaciones naturales del sexo por otras contra la naturaleza. Por otra, también los hombres, dejando las relaciones naturales con la mujer, se entregaron a la homosexualidad, hombres con hombres, cometiendo acciones vergonzosas y recibiendo en su propio cuerpo el castigo merecido por su extravío" (Romanos 1:26-27). Para un cristiano liberal, es extremamente difícil explicar este pasaje. Aquí no se mencionan en ningún momento la promiscuidad o la violación gays; más bien, Pablo carga contra CUALQUIER relación homosexual (que él describe como "no natural", "vergonzosa"). Los cristianos liberales se encuentran en un dilema. ¿Cómo se puede compatibilizar la homosexualidad con la Biblia? Por lo que parece, su solución es retirar de la Biblia su poder moral, y perderse en círculos retóricos intentando escapar a su claro mensaje. | ||
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