Lo que todo católico debería saber responder (II)

Deal Hudson,
editor de www.crisismagazine.com
www.e-cristians.net

3. "El Antiguo y el Nuevo Testamento se contradicen mutuamente en varias ocasiones. Si un Dios omnipotente inspiró la Biblia, nunca habría permitido estos errores".

        Esta observación es bastante común, y se encuentra por todo Internet (sobre todo en sitios web ateos y de libre pensamiento). Un artículo en las páginas web ateas americanas destaca que "lo que es increíble sobre la Biblia no es su autoría divina, sino que alguien pudiera haberse creído que semejante cúmulo de despropósitos hubiera sido escrito por un Dios omnipotente". Normalmente, a esta afirmación, le siguen una lista de "contradicciones" bíblicas. Sin embargo, la enumeración de estas supuestas contradicciones en sí comete unos errores bastante básicos. Por ejemplo, al leer los libros de la Biblia, los críticos no suelen tener en cuenta el género en el que fueron escritos. Después de todo, la Biblia es una recopilación de distintos tipos de escritura: historia, teología, poesía, material apocalíptico. Si intentamos leer esos libros con la misma pasividad con que nos acercamos a un periódico moderno, ello sólo nos generará una gran confusión.

        Y la lista de "contradicciones" bíblicas lo confirma. Tomemos, por ejemplo, el primer elemento de la lista planteada por la Liga de Ateos Americanos: "Acuérdate del día del Sabbath para santificarlo" (Éxodo 20:8); y en cambio...: "Uno distingue un día de otro día, otro considera todos los días iguales; cada uno proceda según su propia opinión" (Romanos 14:5). ¡Ahí!, grita el ateo, existe una clara contradicción. Pero lo que está ignorando el crítico es algo que sabe cada cristiano: Cuando Cristo instituyó la Nueva Alianza, los requisitos ceremoniales de la Antigua se cumplieron (y pasaron). Por tanto, tiene mucho sentido que las antiguas reglas ceremoniales del Antiguo Testamento dejasen de valer para las gentes de la Nueva Alianza. Si el crítico hubiera entendido este sencillo principio de la cristiandad, no habría caído en este error tan elemental.

        El siguiente elemento de la lista de argumentos aportada por la Liga de Ateos Americanos cae en el mismo error: "...Y la Tierra subsiste siempre" (Eclesiastés 1:4); y en cambio, según el colectivo no creyente, el Nuevo Testamento apunta que "la Tierra, con sus elementos y las obras contenidas en ella, serán quemadas". Así pues, el Antiguo Testamento declara que la Tierra durará para siempre, mientras que el Nuevo dice que, a la larga, será destruida. ¿Cómo podemos armonizar ambas afirmaciones? De hecho, es bastante fácil, y de nuevo volvemos a la comprensión del género en el que fueron escritos ambos libros.

        Por ejemplo, el Eclesiastés contrasta las visiones del mundo seglares con las religiosas, y la mayoría de ellas están escritas desde un punto de vista seglar. Por esta razón, encontramos frases como "el pan ha sido hecho para reír, el vino alegra la vida y el dinero es la respuesta para todo" (Eclesiastés 10:19). Sin embargo, al final del libro, el escritor da la vuelta a la moneda, apartando toda la "sabiduría" que nos había ofrecido y recomendándonos esto: "Sed temerosos de Dios y guardad sus mandamientos, puesto que éste es todo el deber de un hombre" (12:13). Si el lector se detiene antes de llegar al final, estará tan confundido como el crítico de la Liga de Ateos Americanos. Sin embargo, teniendo en cuenta que el punto de vista que dio vida a la noción de la Tierra eterna es rechazado en las últimas líneas del libro, lógicamente no encontramos contradicción alguna con lo que fue revelado más tarde en el Nuevo Testamento. De hecho, éste sólo es uno de los argumentos que desmienten la supuesta contradicción.

        Las otras "contradicciones" entre el Antiguo y el Nuevo Testamento pueden ser contestadas de forma parecida. En casi todas las ocasiones, los críticos que las consideran confunden el contexto, ignoran el género y no conceden ningún espacio para la interpretación razonable. Estas listas no deberían alterar a ningún cristiano con pensamiento propio.

4. "No necesito ir a la iglesia, mientras sea una buena persona: Eso es lo que realmente importa".

        Este argumento se utiliza con frecuencia y contiene bastante ingenuidad. Cuando alguien dice que es una "buena persona", lo que quiere decir realmente es que no es "una mala persona". Gente mala es un atributo asociado a los que matan, violan y roban. La mayoría de personas no tienen que realizar grandes esfuerzos para evitar estos pecados, y ésta es la idea: Queremos el mínimo trabajo posible para ir tirando. No suena muy cristiano, ¿verdad? Pero dejando las mentalidades de lado, hay una razón mucho más importante por la cual los católicos van a la iglesia, a parte del ejercicio que hacen al caminar hasta allí. La Misa es la piedra angular de nuestra vida, por lo que la fe yace en su corazón: la Eucaristía. Se trata de la fuente de toda vida para los católicos, que creen que el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre reales de Cristo. No se trata sólo de un símbolo de Dios. Dios se hace físicamente presente en nosotros de una forma que no experimentamos sólo a través de la oración.

        Jesús dijo: "En verdad os digo, a no ser que comáis el cuerpo del Hijo del hombre y bebáis su sangre, no tendréis vida en vosotros; el que coma mi cuerpo y beba mi sangre tendrá vida eterna, y yo le levantaré en el último día " (Juan 6:53-54). Estamos haciendo honor al mandamiento de Jesucristo y confiando en esa promesa cada vez que vamos a Misa. Es más, la Eucaristía (junto con todos los otros Sacramentos) sólo está disponible para los que están en la Iglesia. Como miembros de la Iglesia, el cuerpo visible de Cristo aquí en la Tierra, nuestras vidas están íntimamente ligadas a las de los demás en esa Iglesia. Nuestra relación personal con Dios es vital, pero también tenemos la responsabilidad de vivir como miembros fieles del cuerpo de Cristo. Limitarse a ser una "buena persona" no es suficiente.