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Entrevista a James Caviezel, Jesús en la película "La Pasión". ¿Quieres hacer de Jesús?
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Nunca. Cuando era más joven, alguna vez me dijeron: "Te pareces a Mel Gibson". Se lo conté a Mel y me respondió: "¡Qué va!, yo soy mejor parecido" (ríe).
Recibí una llamada telefónica en la que me dijeron que el productor Stephen McEveety quería entrevistarse conmigo sobre una película acerca del surf. Quedé con él para comer y después de algunas horas, Mel Gibson apareció por ahí. Él empezó hablando sobre lo que Cristo realmente padeció y yo le dije: Cierto, ví la película de Zeffirelli (Jesús de Nazareth). Él contestó: No, no, yo estoy hablando sobre la realidad. Entonces caí en la cuenta. Le dije: "Tu quieres que haga de Jesús".
Era una fachada. Ellos estaban tratando de sondearme.
Él habló sobre eso arameo, hebreo y latín pero pensé: "No está pensando realmente en hacerlo así" (ríe). Trabajar con Mel Gibson es un poco como bailar un vals con un huracán. Es siempre excitante y no estás bastante seguro de adónde te va a llevar. Creí que aprender los idiomas iba a ser la parte más difícil. No fue así, el sufrimiento físico fue lo peor, sobretodo por el frío.
Si, en invierno. Me congelaba con esa túnica sobre el cuerpo. El sufrimiento físico empezaba a las 2 de la mañana. Lo peor eran ocho horas de maquillaje sin poder sentarme; yo estaba encogido. Durante la crucifixión el viento bajaba por los cañones cortándome en pedazos. El frío era como ... ¿has visto esas cosas de feria, donde a un hombre le sujetan a una rueda y le dan vueltas, y le tiran cuchillos que fallan por muy poco? En esta película sentí como si todos los cuchillos me alcanzaran.
Habían puesto un tablero en mi espalda de una media pulgada de grueso, para que los soldados romanos no pudieran golpear mi espalda. Pero uno de los soldados erró, me dio de lleno en la espalda y me arrancó la piel. No podía ni gritar ni respirar. Es tan doloroso que entras en shock. Me fijé en el soldado y probablemente solté un taco. Después de un par de golpes más, se equivocó otra vez. Tengo una cicatriz de unas 14 pulgadas en mi espalda. Así que tuvimos días buenos y días malos.
Bueno ¿sabes que fui alcanzado por un rayo?
Si, estábamos rodando el Sermón de la Montaña. Segundos antes del suceso, estaba todo quieto y entonces fue como si alguien me abofeteara en las orejas. Durante siete u ocho segundos percibí un color rosa, y una sensación de que se me erizaban los pelos; la gente empezó a gritar. Ellos decían que tenía fuego en el lado izquierdo de mi cabeza y una luz alrededor de mi cuerpo. Todo lo que te puedo decir es que parecía que tenía un corte de pelo a lo Don King.
Le amo más de lo que nunca creí posible. Le amo más que a mi esposa, que a mi familia. Había veces, cuando estaba suspendido en la cruz, que apenas podía hablar. ¡La continua hipotermia era atroz!... Creo que he viajado a un lugar al que nunca habría ido. No quiero que la gente me mire. Todo lo que quiero es que ellos vean a Jesucristo.
Me dijo que él había atravesado por un mal momento en su vida, y que redescubrió los evangelios hace 12 años. Haciendo esto, Mel concluyó que las heridas de Cristo sanaron sus heridas. Y pienso que la película expresa eso.
Eso ha sido la cosa más frustrante que hemos visto. Te puedo decir claramente que este hombre no es ni mucho menos antisemita. Nunca le noté algo por estilo. Maia Morgenstern (que hace de Virgen María) es la guapa actriz judía y rumana cuyos padres padecieron el Holocausto. Cada día él le decía: "Maia, cuéntame tus tradiciones. ¿Es correcto hacer esto?" Él quería hacer la película muy semítica. En vez de tener un Jesús ario, con los ojos azules, prefirió un Jesús semítico. Nuestra fe está cimentada en la tradición judía. Nosotros creemos que procedemos de la casa de David. Creemos que provenimos de la casa de Abraham, así que no podemos odiar lo propio. Esa multitud situada delante de Poncio Pilatos vociferando por la cabeza de Cristo, de ninguna forma es la culpable de que a toda la raza judía se le impute la muerte de Cristo. Las acciones de Mussolini, no condenan a todos los italianos, ni las odiosas acciones de Stalin condena a todos los rusos. Todos somos culpables de la muerte de Cristo. Mis pecados le pusieron a Él allí. Los tuyos también. De eso va esta historia.
Ellos tienen todo el derecho a defender su fe. Pero yo creo que cuando todos mis hermanos judíos vean esta película, se darán cuenta de que no se trata de echar culpas. La película trata de amor. De sacrificio. De perdón y esperanza. |