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''Hay que hacer presente el cristianismo en los corazones de los hombres''
Ignasi Miranda www.e-cristians.net |
Pienso que se está dando demasiada importancia a esta cuestión. La nueva evangelización, que es lo más importante, no se hace con leyes ni con frases en los tratados constitucionales, sino cambiando el corazón de los hombres. Yo, como cristiano, podría vivir perfectamente en una Europa con una Constitución que no haga referencias explícitas a sus raíces cristianas. Tenemos que hacer presente el cristianismo en los corazones de los hombres y en el conjunto de la sociedad, no tanto en textos legales. La Iglesia reconoce el Estado no confesional como un valor muy comprensible en nuestro tiempo. Evidentemente se trata de una laicidad que no significa laicismo a la francesa, una corriente procedente de un determinado contexto histórico que hay que superar. En cualquier caso, pienso que, como cristianos, tenemos que aprender a vivir con los valores laicos y con una visión secular del bien común. La nueva evangelización pasa necesariamente por una auténtica secularidad cristiana, que requiere un reconocimiento de los valores de la vida pública para vivir en ella cristianamente desde el respeto a la libertad, a los derechos y a la responsabilidad de cada uno. Desde esa estructura social, se puede penetrar muy bien con el espíritu cristiano, algo que no es un trabajo exclusivo de la vida política, sino de un apostolado que pasa por la formación y el testimonio de vida cristiana.
Al hablar de transmisión de la fe, no importa el número porque los cristianos tenemos que ser fermento y sal. Unos pocos cristianos auténticos pueden cambiar el mundo. Lo que ocurre en Francia, donde se quiere imponer el laicismo excluyente pero también donde están funcionando importantes comunidades cristianas, tiene su causa en una crisis por la que ha pasado la Iglesia después del Concilio Vaticano II en lo que se refiere al anuncio de la fe. Los pastores y los laicos tenemos que hablar con claridad cuando damos a conocer a Jesucristo y, además, presentar el cristianismo no sólo como una alternativa, sino sobre todo como un camino de salvación. Este camino, ciertamente, no va contra el mundo moderno. Se incultura en ese mundo que también tiene unos valores que pueden ser asumidos, pero (claro está) siempre que no expulsen de la sociedad la dimensión sobrenatural del hombre.
Yo creo que sí porque, lógicamente, la Iglesia ya no tiene hoy en día, a diferencia de lo que ocurría antes, tantos apoyos públicos de las instituciones del Estado. Pero esto también es positivo, porque el cristianismo debe centrarse en lo esencial, que es ser fermento para la sociedad, y no tanto en adquirir un protagonismo más o menos relevante entre las estructuras temporales y las administraciones civiles, unas realidades que pueden regirse perfectamente por la laicidad siempre que en ellas haya personas que viven el ideal cristiano. Es un tema complejo pero, de todas formas, el hecho de que ahora haya tantos movimientos, que hacen mucho más vivo el espíritu cristiano en la sociedad, es un signo de que la vida cristiana es y siempre será atractiva. La intensa actividad de estos grupos también es una señal de que se está llenando un vacío: el que debe ocupar el cristianismo vivido por el ciudadano corriente en medio de una civilización moderna que busca el bienestar. Necesitamos un nuevo tipo de cristiano, un hombre solidario y de fe en una sociedad moderna y desarrollada.
El noviazgo es una preparación para la fidelidad, que significa sacrificio, saber amar a pesar de todo al otro tal y como es, precisamente porque es el marido o la esposa. La sociedad actual intenta hablar de amor sin hablar de sacrificio y renuncia, valores para los cuales también prepara la fase del noviazgo. En nuestra civilización y en nuestra cultura, se está presionando a la juventud para que piense que el amor son las diversiones y la consumación del placer, pero el amor necesita una fase de noviazgo que pasa por el espíritu de sacrificio en el terreno corporal, sexual y en muchos otros. La sexualidad y el sentimiento personal de gozo corporal es algo bueno, pero hay que aprender a renunciar y a buscar el bien del otro. Si se vive el amor prematrimonial como una consumación total de las relaciones corporales, el amor verdadero, fiel y entregado, no puede madurar ni desarrollarse. El gran problema es resistir a la presión a que nos somete una cultura que confunde el amor con el erotismo y los sentimientos. Hay que promover ese amor de pareja que es, en definitiva, darse al otro con generosidad y espíritu de sacrificio.
No es una cuestión de prohibiciones. El matrimonio es la verdad fundamental de la sexualidad, que no es en el hombre solamente un hecho biológico y pasional, sino que tiende a ser amor. Y el amor es, como ya he dicho, darse mutuamente con fidelidad, para siempre y desde una apertura a la trasmisión de la vida. Por tanto, el matrimonio es la realización auténtica de esa sexualidad. Si es prematrimonial, estamos hablando de una falsificación de la sexualidad, de una forma infrahumana de vivirla y de una visión equivocada sobre la verdadera naturaleza del amor humano. |