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Veinte años
en Roma El trabajo diario al frente de uno de los cargos más importantes de la Iglesia Católica; la relación con Juan Pablo II; su infancia transcurrida en Alemania... El cardenal Joseph Ratzinger ha dejado espacio a las confidencias en una entrevista concedida a corazón abierto a Radio Vaticano. Nacido en Baviera el 26 de abril de 1927, Ratzinger se convirtió en uno de los teólogos más escuchados en la Iglesia Católica tras participar como perito en el Concilio Vaticano II de 1962 a 1965. Tras haber sido vicerector de la Universidad de Ratisbona de 1969 a 1977, Pablo VI le nombró arzobispo de Munich y Freising el 24 de marzo de 1977. Juan Pablo II le llamaría a Roma para ser Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe el 25 de noviembre de 1981. En estos veinte años el cardenal se ha caracterizado por defender el «capital» más precioso de la Iglesia Católica: la verdad de fe, en coherencia con la revelación de Cristo, encarnada en el tiempo presente. Entrevista a Joseph
Ratzinger, 23.XI.01 |
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Así es como comenta Ratzinger su delicado papel. ¿Cómo es posible tener hoy día autoridad en cuestiones de fe? Cardenal Ratzinger: Es ciertamente una tarea difícil, en parte porque ya no existe el concepto de autoridad. El hecho de que una autoridad pueda decidir algo parece hoy incompatible con la libertad para hacer lo que uno quiera. Es difícil también porque muchas tendencias generales de nuestra época se oponen a la fe católica: se busca una simplificación de la visión del mundo. De este modo, Cristo no podría ser Hijo de Dios, sino un mito, una gran personalidad humana, pues Dios no puede haber aceptado el sacrificio de Cristo, Dios no sería un Dios cruel... En definitiva, hay muchas ideas que se oponen al cristianismo y habría que replantear muchas verdades de fe para que se adecuaran al hombre de hoy. Pero tengo que decir que muchas personas también agradecen el que la Iglesia siga siendo una fuerza que expresa la fe católica y ofrece un fundamento sobre el que se puede vivir y morir. Y esto es para mí algo consolador. Sus veinte años en la Congregación vaticana han quedado íntimamente ligados a este pontificado. ¿Cuáles son sus recuerdos más intensos? Cardenal
Ratzinger: Los recuerdos más intensos están ligados a los
encuentros con el Papa en los grandes viajes y al gran drama de
la teología de la liberación, donde buscamos el camino justo.
Después viene el compromiso ecuménico del Santo Padre: esa búsqueda
de una gran apertura de la Iglesia en la que al mismo tiempo no
pierda su identidad. Pero, ¿cómo es el Papa? ¿No tiene algún adjetivo que sirva para hacerle más familiar? Cardenal Ratzinger: El Papa es sobre todo muy bueno. Es un hombre que tiene un corazón abierto. Es también un hombre chistoso, con el que se puede hablar con gran alegría y tranquilidad. No estamos todo el tiempo subidos en las nubes; estamos en esta vida... Esta bondad personal del Papa me convence una y otra vez. No hay que olvidar tampoco su gran cultura, su normalidad, y el hecho de que tiene los pies sobre la tierra. ¿Podría describirse a sí mismo? Cardenal
Ratzinger: Es imposible hacer un autorretrato; es difícil
juzgarse a sí mismos. Puedo decir sólo que provengo de una familia
muy sencilla, muy humilde, y por eso más que un cardenal me siento
un hombre sencillo. |