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| Un análisis serio | A nadie le cabe duda de que el veinticinco aniversario de la elección de Juan Pablo II coincide con el epílogo de su pontificado. El propio Papa hace continua referencia, en sus últimos mensajes, al encuentro definitivo del alma con Dios, e incluso suplica oraciones para superar con fidelidad el ocaso de su misión. Además, hace tiempo que trata a los ancianos y a los moribundos con esa cercanía del que recorre el mismo final de trayecto. Supongo que esta certeza sobre el rondar de la muerte le ayudará a recibirla con serenidad, mas a pesar de sus gravísimas limitaciones físicas, el pontífice no ha virado el rumbo trazado para la Iglesia en este último cuarto de siglo, en el que le ha cabido la responsabilidad de aplicar el Vaticano II a un mundo en crisis, sin cansarse en su exhortación sobre la gran Verdad: Dios existe, se ha manifestado al hombre en Cristo y, a través de Él, participa en nuestro mismo destino de dolor, muerte y resurrección definitiva. Porque Wojtyla, por encima de cualquier otro análisis al que le someta la historia, es el Papa de la fe. |
| El venido del frío | En estas fechas de conmemoraciones, sobrecoge conocer los augurios del Papa Luciani sobre su predecesor en la silla de Pedro. Mi pontificado será breve, y me sustituirá aquel que en el Cónclave se sentó enfrente de mí, decía, refiriéndose al joven cardenal polaco. Los hechos se sucedieron con milimétrica exactitud; treinta y tres días después, un hombre venido del frío que parecía haber recibido el evangélico don de lenguas, se asomó al mundo como nunca lo había hecho ningún otro pontífice. |
| El epicentro de su mensaje | A pesar de que las estadísticas reconocen en Karol Wojtyla la superación de todas las marcas, en cuanto al compendio de su actividad pastoral y a su capacidad mediática, poco importan los datos si soslayan el epicentro de la predicación de este eslavo asombroso, que se ha dirigido al orbe a partir de su experiencia como adolescente y anciano, como actor de teatro y obrero, como seminarista, sacerdote y obispo, como víctima repetida de los regímenes totalitarios y adalid de la libertad, como atleta y enfermo, como poeta y filósofo, como contemplativo y como hombre del mundo. En todas las experiencias del Papa trascienden el yo y el tú, ejes de su antropología de la esperanza: no estás solo, no estás vencido, tienes un destino de eternidad. Es la oración de Juan Pablo II, que encuentra a Dios como emisor de semejante diálogo, padre que aguarda inquieto por salir a recibirnos. |
| Nunca abandonado | En su primer viaje a París, durante el encuentro que mantuvo con los jóvenes franceses en el Parque de los Príncipes, un estudiante universitario le preguntó sobre los motivos de la fe del Papa, ya que no había encontrado razones para creer. Wojtyla, después de contestar al muchacho, se sintió inseguro de que su respuesta hubiera sido la adecuada, y solicitó que le buscasen entre la multitud para transmitirle una invitación a almorzar, mano a mano, en los apartamentos pontificios. En la ciudad del Vaticano, lejos del griterío y del tumulto, el Papa le planteó con mayores matices esas razones para creer, esperar y amar a aquel de quien nunca se ha sentido abandonado. |
| Dos grandes objetivos aún sin lograr | Durante estos veinticinco años, en los que son contados aquellos viajes en los que no ha recibido una onda expansiva de fervor popular, Juan Pablo II se ha introducido, a través de la televisión, en los hogares de todo el planeta. Me consta que no se sabe de nadie, poderoso o desconocido, que no haya sucumbido a su aura de bondad tras un encuentro personal con el Papa, que ha cosechado la amistad incluso de personas alejadas de la Iglesia. Sin embargo, sus ojos no verán resueltos dos de sus grandes propósitos: la propagación de la cultura de la vida frente a su ominosa trivialización, sobre todo en los países desarrollados, y la unificación de las iglesias cristianas. Wojtyla ha realizado un esfuerzo extraordinario, a ojos de devotos y detractores, para que ambos procesos se aceleren, pues nadie ha hablado con tanta frecuencia e intensidad sobre el peligro que supone la guerra para la paz del mundo, o del daño irreversible que el aborto, la eutanasia y la experimentación embrionaria pueden llegar a producir a la familia humana. Al mismo tiempo, el Papa ecuménico ha hecho avanzar de manera significativa la unidad de los cristianos, fomentando a la vez la hermandad con las demás religiones monoteístas. |
| "Magno" |
La Iglesia ya le titula como Juan Pablo "Magno", honor que recibieron los grandes Papas de la historia después de muertos y canonizados. Sin embargo Karol Wojtyla, el joven Lolek, que prescindió de tiara y silla gestatoria, que rompió con la distancia del protocolo, después de veinticinco años se sigue sintiendo servidor entre los servidores, como le gusta encabezar sus escritos dogmáticos. |