Católicos: fe e inteligencia

Élie Maréchal Le Figaro
Traducción: Teresa Martín en Alfa y Omega 5.jun.2003

Motivos objetivos de esperanza

        Una nueva página está empezando a escribirse en la Historia del catolicismo francés: éxito de las propuestas de formación, florecimiento de las revistas, coloquios por todas partes: jamás fue tan alto el nivel medio de formación de los católicos. Se acabó la querella modernista que marcó las mentalidades hasta mediados del siglo XX. Se acabó la época de los Maritain, de Mounier y otros filósofos cristianos, o de Congar, Daniélou, de Lubac y Chenu, pléyade del Concilio Vaticano II. Se acabó la rebeldía de 1968 que mermó las filas e hizo desaparecer instituciones como el Centro de los intelectuales católicos. Llegamos al inicio de una nueva época: en Francia, el católico de 2003 reclama simultáneamente fe e inteligencia.

        En casi todas las diócesis, los lugares de formación para laicos se han multiplicado. Las Facultades e Institutos católicos –en París, Toulouse, Angers, Strasbourg, Lille, Lyon–, que mantienen su papel de faros, atraen a más gente cada día. La catho, la Universidad Católica de París, registra un aumento constante de sus efectivos desde hace veinte años, y tiene actualmente 19.261 estudiantes inscritos, de los cuales 1.875 cursan Teología y Ciencias de la Religión; el 60% de estos últimos son laicos. El Centro de Sèvres, creado en la capital en 1974, cuenta con 250 estudiantes, repartidos en tres ciclos, y cerca de 2.000 oyentes de pago. También en París funcionan el Centro para la inteligencia de la fe, el Instituto de Filosofía comparada y, de fundación más reciente, la Escuela–Catedral y el Centro Trinidad, regido por la Comunidad del Emmanuel.

Cifras de publicaciones en alza         Otro signo de ese afán por comprender lo que creemos: el florecimiento de revistas católicas, cuyo ámbito de lectores rebasa ampliamente el de los fieles que asisten a la misa dominical. En cabeza encontramos la revista Études, de los jesuitas (cerca de 15.000 ejemplares vendidos cada mes, el año pasado, lo cual representa un aumento del 10% con respecto al año 2001), seguida de Projet (entre 4.000 y 5.000 ejemplares), Christus (entre 8.000 y 9.000 ejemplares, también con un aumento de 10% con respecto a 2001) y, finalmente, Croire, cuya difusión en expansión supera actualmente los 12.000 ejemplares. La influente revista Communio –subtitulada "para la inteligencia de la fe"– tira 2.500 ejemplares y cuenta con 1.500 suscriptores (teólogos, filósofos, historiadores). El comité responsable de la edición francesa –existen otras ediciones en el extranjero– está mayoritariamente formado por laicos, y consigue, además de mantener estable su número de abonados, rejuvenecerse con talentos de menos de treinta años de edad. En cuanto a revistas más recientes, hay que citar a Sedes Sapientiae (1.300 ejemplares), Kephas (lanzada a principios de 2002 con una tirada de 1.700 ejemplares) y Liberté politique (3.000 ejemplares), que encuentra cierta audiencia entre los estudiantes. Se manifiesta así un nuevo tipo de lectores, cultivados, ávidos de doctrina sólida, con nivel universitario y frecuentemente con alta capacidad de irradiación.
Hoy de modo diferente pero real

Una renovación en red
        A diferencia de sus mayores, estos nuevos intelectuales católicos funcionan en red. En enero, 750 estudiantes católicos de Escuelas Superiores se reunieron para reflexionar sobre el problema del mal. En abril, hubo en Lyon una sesión nacional de Iniciación al pensamiento social de la Iglesia, dirigida a jóvenes entre 18 y 35 años. Acaba de fundarse también una asociación de economistas católicos.

        Los movimientos carismáticos, Emmanuel, Chemin neuf, Béatitudes, etc., proponen múltiples sesiones de formación. En París, el Centro Sèvres, de los jesuitas, llena fácilmente sus aulas cada vez que organiza sesiones, encuentros, tertulias o debates sobre temas teológicos, políticos o éticos. Los cafés teológicos se llenan en ciudades de provincia como Périgueux y Caen. El concurso general de teología para jóvenes estudiantes conoce un éxito importante.

        Con la intención de resucitar el dinamismo del Centro de Intelectuales Católicos de los años cincuenta, el padre Armogathe lanza nuevos Encuentros Católicos. El 15 de febrero, en Toulouse, hubo un Foro para cristianos con cargos políticos. Son signos, todos ellos, de una espiritualidad que busca o encuentra razones para creer.

        "La gente –afirma el padre François-Xavier Dumortier, Presidente del Centro Sèvres– se siente mal preparada para dar razón de su fe en situaciones nuevas. Los desafíos de hoy reclaman la valentía de pensar, para servir mejor intelectualmente a la Iglesia y a los hombres".

Interés por la seria verdad         "Desde hace unos años –hace notar el padre Guy Lescanne, sacerdote y sociólogo–, observo una regresión de los complejos. Los católicos, con mayor libertad y con más seguridad que antes, tocan su partitura e incluso manifiestan cierta humilde satisfacción al reconocerse cristianos". Diagnóstico confirmado por el padre Patrick Valdrini, Rector del Instituto Católico de París: "La gente viene a dialogar, a plantear sus preguntas sin complejos: la secularización avanzada les conduce a interrogarse. Después del derrumbamiento de las ideologías, no quedan sino los grandes sistemas estructurantes. La Iglesia ha evolucionado y parece más dialogante". Indudablemente, el Vaticano ha tenido un papel determinante en esa renovación, por la abundancia y la pertinencia de la enseñanza de Juan Pablo II –por ejemplo, las encíclicas Centesimus annus, Veritatis splendor, y Fides et ratio–. Recientemente, en una Nota doctrinal, el cardenal Ratzinger decía: "La fe en Jesucristo (...) reclama de los cristianos un esfuerzo para participar, con un compromiso fuerte, en la construcción de una cultura que, inspirándose en el Evangelio, propone de nuevo el patrimonio de valores y el contenido de la tradición católica".
Primacía actual de la formación

        Nuestros nuevos intelectuales católicos encuentran respuesta en el episcopado. Si en los años setenta la mejor forma de ser nombrado obispo era ser responsable de un grupo de Acción Católica –con tintes ideológicos a veces muy marcados–, actualmente, 60 de los 104 obispos franceses han sido profesores de Seminario antes de recibir la mitra. No es de extrañar, pues, que esos ex-profesores sigan ocupándose de enseñar lo relativo a la fe en sus diócesis respectivas, se preocupen por mantener un buen clima intelectual, propongan numerosos itinerarios de formación y escriban libros para entendidos.

        El vivero es prometedor. Sin duda, jamás fue tan alto el nivel medio de formación de los católicos en la historia del catolicismo francés. "Dentro de diez o quince años –afirma el padre Dumortier–, se verá que la época actual ha constituído una fase de germinación y de maduración importante. Si hay pocos nombres de intelectuales destacables hoy en día, es porque la generación de los que tienen cincuenta años ha tenido que ponerse a trabajar muy pronto en la investigación y en la enseñanza, sin tener el tiempo necesario para madurar una obra". El padre Valdrini añade: "Las eminencias intelectuales han desaparecido, y no se ve que surjan grandes sistemas. Los católicos intelectuales de hoy son acompañadores, antes que maestros inaccesibles del pensamiento".