El futuro de la Iglesia

El cardenal Antonio María Rouco Varela participó en el Foro de Debate de El Mundo el pasado jueves y respondió con agilidad a los temas que le plantearon los periodistas. Acaba de ser reelegido Presidente de la Conferencia Episcopal y su mayor preocupación es el futuro de la Iglesia en España, ante el que se muestra optimista. Confió en que el plan pastoral, recientemente aprobado, aumente la presencia de la Iglesia en la sociedad española, apostó por una mayor claridad y transparencia en su actuaciones y, para demostrarlo, respondió con rapidez y claridad la mayoría de las preguntas de su interlocutores.

Cardenal Rouco Varela, El Mundo, 13.IV.02

El ingenio y el valor al servicio de la caridad

El celibato se debe mantener por razones teológicas y pastorales

        —José Manuel Vidal. Al hilo de la cascada de escándalos de este último año, una de las respuestas más habituales de la Iglesia española era que sufría una «campaña hostil de los medios de comunicación». Daba la sensación de que ustedes estaban a la defensiva, como una fortaleza asediada que tiene enemigos por todas partes. Esa respuesta fue repetida por muchos obispos españoles, ¿se ha descartado ya esa tesis?

        Yo nunca he hablado de ello, ni quiero hablar tampoco. De todos modos, ha llamado la atención la cobertura que se ha prestado a estos asuntos en la cuantía de referencias de todo tipo informativas, editoriales, de comentarios, etcétera, y la que se dedica a otros, que parecerían tener mayor importancia. Pero esta manera de reflejar estos momentos de la vida de la Iglesia en España en la información y en la opinión tiene y tuvo un aspecto positivo, naturalmente: descubrir que efectivamente interesa la Iglesia y que está muy relacionada con la vida y con lo que podrían llamarse los aspectos, quizá, más decisivos para la existencia de muchos ciudadanos y de un gran sector de la sociedad española. Creo que psicológicamente también es explicable que algunos lo hayan sentido así, como una campaña hostil, pero no es una tesis de la Conferencia Episcopal.

        —Rafael Moyano. Ya sabemos cómo piensa la Iglesia en cuestiones de sexualidad externa. Sobre la sexualidad interna, a raíz de la revelación de la homosexualidad del cura de Valverde del Camino o de los recientes casos de abusos sexuales a menores en EEUU, ¿hay algún planteamiento doctrinal en los seminarios, en la Iglesia, para abordar estos temas? Me refiero por ejemplo a que en este momento hay un movimiento creciente que cuestiona la continuidad del celibato.

        Creo que nosotros estamos actuando de acuerdo con los elementos más actualizados que puede enseñar la psicología, pero también recurriendo a lo que puede llamarse la dimensión espiritual del problema. Es decir, que eso con celibato o sin celibato se puede dar igual, no es un problema de celibato, ése es nuestro punto de vista y nuestra opinión. Se puede dar en cualquier circunstancia y en cualquier modo de asumir el ser humano esa dimensión de su personalidad.

        —Pedro J. Ramírez. ¿Por qué, sin embargo, toda la prensa norteamericana está vinculando estos episodios de pederastia de una manera estrecha y constante al celibato, y por qué en otras confesiones religiosas en las que no existe el celibato, sucesos como éstos son mucho menos frecuentes o a lo mejor mucho menos notorios?

        Yo diría lo segundo, claro. Por otro lado, también la intensidad de relación y de trabajo pastoral que ejerce y practica un sacerdote con respecto al que ejercen en otras confesiones es muy distinta, es muy grande. Es decir, la fórmula y modo de actuar en la Iglesia sueca o en la Iglesia noruega es mucho más funcionarial, diría yo. Pero, además, creo que efectivamente habría que saberlo y que hay que tener información sobre eso, pero no tenemos.

        —Pedro J. Ramírez. Pero es que entonces habría que deducir que hay una especie de campaña o una especie de planteamiento desde el prejuicio por parte de todos los grandes medios de comunicación internacionales que están vinculando escándalos sexuales, violaciones, relaciones con menores, casos de pederastia... como una consecuencia directa del celibato.

        Bueno... pues a lo mejor están equivocados, no lo sé. Una cosa es contar hechos y otra después analizarlos, interpretarlos. También habría que ver la forma y modo de contar los hechos. Se trata de casos casi en su totalidad muy antiguos, que llaman mucho la atención que sean de hace 25 años, 30 años. En algunos casos se ha demostrado, en el caso del cardenal Bernardin, que había sido una calumnia enorme. Están por medio también las indemnizaciones, están también las peculiaridades del Derecho y de los derechos de los ordenamientos jurídicos de los países anglosajones donde falta mucha norma general.

        —Justino Sinova. Pero en todo caso, ¿no ha llegado el momento de acabar con el celibato sacerdotal? ¿De que la Iglesia se replantee de verdad si no es el momento de dejar de exigirlo?

        Bueno, la Iglesia cree que no, es decir, en el Concilio Vaticano II se ha hecho una reafirmación plena y además teológicamente muy explicada de que hay que seguir manteniendo la ley del celibato sacerdotal. Por razones teológicas, por razones pastorales y por razones también, diría yo, de disponibilidad en el ejercicio del ministerio sacerdotal por parte de los que lo ejercen. El problema no es la ley, el problema es el que se acepte o no se acepte esa forma de vida.

        —Gumersindo Lafuente. En una sociedad como en la que vivimos en la que la mujer ejerce, como es lógico, cualquier protagonismo en igualdad de condiciones al hombre, hay muchas mujeres que quisieran ser sacerdotes y el Vaticano no se lo permite.

        A este respecto, la postura de la Iglesia tiene dos quicios. Uno es que el sacerdocio es un Sacramento, es decir, no es producto de la historia de la Iglesia, no es producto de la acción de los hombres de la Iglesia, sino que tiene que ver con las iniciativas de su fundador: Jesucristo. Y, segundo, el sacerdocio tiene una función dentro de la Iglesia que no está en relación con los derechos personales, sino como un servicio simbólico que tiene que ver de nuevo con la naturaleza sacramental del sacerdocio. Si el sacerdocio fuera una función sociológica o una función política de gobierno, producto de lo que se llama la organización eclesiástica, decir que la mujer no puede ser sacerdote sería un absurdo. Pero en todo el otro ámbito de la vida de la Iglesia no hay diferencia entre hombres y mujeres. Y hay muchas actividades en la vida de la Iglesia que las ejercen ellas con mucho protagonismo.

        —Carmen Gurruchaga. Usted disfrácelo como quiera, pero en el gobierno de la Iglesia no hay mujeres.

        No en los aspectos sacramentales, pero en los aspectos prácticos sí...

        —Carmen Gurruchaga. Pero en los doctrinales...

        En los doctrinales sí, porque hay muchas teólogas. Es decir, se podría aplicar también al orden de las realidades naturales, la función simbólica de la mujer y el hombre es distinta. Y a la hora de llevar adelante la misión de la Iglesia, que de eso se trata, al final, en la Iglesia, quién vale más es el santo. En el orden de las realidades vivas, existenciales y misioneras vale más quien más ama, no el que ejerce determinadas funciones. Entonces, creo yo, bien leído, bien explicado y bien entendido, no supone ningún problema de discriminación. Incluso valdría también para los hombres, es decir, la función sacramental que ejerce el sacerdote no la pueden hacer los hombres que no estén ordenados.

        —Gumersindo Lafuente. Ciencia, bioética..., ¿qué posición tiene la Iglesia hacia avances como la clonación e, incluso la eutanasia?

        Dentro de la Iglesia se parte de algunos principios. El primero: el respeto que se debe a todo ser humano desde que lo es, un respeto completo y total. Los datos científicos dicen que efectivamente eso se produce con la concepción. El código genético queda definitivamente establecido. Segundo dato: todo ser humano tiene derechos propios y no se le puede condicionar por nadie, ni siquiera por sus padres y menos por los que no lo son y que por otras vías lo quieren producir o reproducir. El niño no es un objeto, es una persona, un ser humano y tiene su raíz, vocación personal y hay que respetarla. El padre no tiene derecho a producirse un hijo como él quiere, como le va a gustar o como le va a dejar de gustar.

        —Justino Sinova. Quería preguntarle de las relaciones de la Conferencia Episcopal con el Partido Popular, y en concreto, sobre dos cuestiones: una, la enseñanza de la religión en la escuela, y luego, el tono de la legislación que está promoviendo el PP.

        La Iglesia no tiene una relación preferente con el PP. Ha tenido una una relación normal con el PSOE, la tiene con el partido del Gobierno. Nosotros aspiramos a mantenerlas fluidas y creo que lo hacemos así, pues influye el talante de las personas que están en los puestos de responsabilidad en los partidos y en la misma Iglesia. En este momento, mantenemos una relación de diálogo fluido y cordial con el PP y también con el PSOE, aunque menos intensa. Y en los asuntos que afectan a las relaciones Iglesia-Estado no hay ningún problema. Y menos en los otros asuntos a los que usted se refiere, a los que podrían llamarse asuntos de inspiración general de la legislación y de la acción de Gobierno. En este campo nosotros echamos de menos que no se resuelva el problema de la enseñanza religiosa de una manera clara, sólida, inteligente, conciliadora, y que no se pueda hacer de una manera que esté por encima de los vaivenes normales de la alternancia de las mayorías en el Parlamento y en los gobiernos. Esperamos que eso pueda resolverse antes de que termine la legislatura a través del proceso de la reforma o de las leyes que se ocupan de la reforma del sistema educativo. Y después tenemos el problema de la financiación de la Iglesia... Ahí hay más consenso, más acuerdo con la Iglesia. Y ya, otros asuntos de carácter institucional relacionados con el régimen de relación Iglesia-Estado, realmente no hay. Hombre, se ha puesto en duda por parte de algunos comentaristas y columnistas la validez de los convenios actuales al menos tal como están; nuestra opinión es que no necesitan revisión, que necesitan buena aplicación. Yo creo hay que que andar con cuidado a la hora de hablar de la revisión constitucional, pues creo yo que hay que andar con mucho tiento y con mucha prudencia a la hora de hablar de los acuerdos España-Santa Sede.

        —Fernando López Agudín. Hace bastantes décadas un político tuvo la insensatez de decir que España había dejado de ser católica, y al cabo de poco tiempo tuvo la oportunidad desagradable de comprobar que no era así. Hoy nadie lo dice, pero España no es que ha dejado de ser católica, pero sí creo que está dejando de serlo, no en un sentido ya meramente estadístico, me refiero a valores cristianos. ¿Usted cree que con su Plan de Acción Pastoral va a superar, o por lo menos va a frenar, esa tendencia decreciente? ¿Y usted cree que es posible el trabajo que usted se propone, las metas que usted se propone, con un tipo de desarrollo económico, no basado precisamente en valores cristianos como la fraternidad, la solidaridad, la caridad, etcétera.?

        Puede que ese proceso de descristianización, valga la expresión, o de secularización de la cultura y de la moral en los países europeos, en España, sea muy grande. Es más, nosotros hablamos de un cierto proceso interno de secularización dentro de la Iglesia misma. Se ha hablado de cristianismo anónimo, es una frase de Karl Rahner, pero hay que ver cómo se explica, claro. Es decir, cristianismo anónimo se da cuando uno vive como cristiano sin saberlo. En realidad, en buena parte de la teología católica se dice que se puede vivir como cristiano sin saberlo. ¿Cuál es la postura de la Iglesia y la del Papa y la nuestra? En la vida diaria normal es apostar por ir a lo esencial de la experiencia cristiana, y da resultado. Lo que pasa es que uno no sabe hasta dónde, pero puedo contar multitud de anécdotas absolutamente sorprendentes y desconocidas. No sólo ya de los misioneros y misioneras que trabajan en África, y de la imprescindible presencia de ellos para que funcione el mundo, de la ayuda que viene a través de las ONG. Absolutamente imprescindible, si no no llega nada. Aquí hay monasterios, comunidades de vida contemplativa, no puedo citar el nombre para que no vayan ustedes allí, sino les perturban en su paz. ¿Pueden imaginarse que haya un monasterio de clarisas de 72 religiosas cuya edad media no supera los 30 años? Todas ellas proceden de las profesiones más exitosas en las que se mueve la mujer en España. No caben, están durmiendo en literas, ocho están en espera de poder entrar en el monasterio. Es así.

        —Fernando López Agudín. Sobre el tema de la inmigración. Tenemos cada vez una mayor población de inmigrantes, y dentro de esa tasa de inmigrantes, cada vez los musulmanes son una parte más destacada. ¿Cuál es la posición de la Conferencia Episcopal española sobre las reivindicaciones religiosas de los inmigrantes?

        Nosotros creemos que se les debe tratar de forma que su derecho a la libertad religiosa sea plenamente reconocido. Segundo, que ese reconocimiento no tiene por qué implicar ni debe implicar el recorte o la negación de otros derechos fundamentales de la persona. Ese derecho a la libertad religiosa tiene su límite, por lo tanto, en lo que hasta en la doctrina del Vaticano se llama los límites del orden público o del bien común general.

        —Pedro J. Ramírez. ¿Usted sería partidario y contempla la idea de que en un centro religioso católico concertado haya profesores islámicos y se enseñe el Corán en el aula de al lado de la que se está enseñando la religión católica?

        Hombre no, es decir, podía ser un caso extremo si no tuvieran ninguna otra posibilidad de encontrar un sitio donde pudieran enseñarlo. Si en el sistema educativo del país correspondiente no hubiese posibilidad alguna para estos chicos y estos profesores y estas familias de encontrar una forma de explicarlo, un ámbito de enseñanza, sí que lo haríamos. Ahora, si aquí no hay más campo de fútbol que el del Madrid, pues entonces que venga todo lo que pueda y que juegue, pero si hay varios campos que cada uno juegue en el suyo, ¿no?

        —Pedro J. Ramírez. Si hay un número suficiente de padres que quieren que en su colegio se enseñe la religión islámica tal y como se enseña la religión católica, parece que...

        Los colegios concertados no son colegios del Estado y tienen derecho constitucionalmente reconocido por el propio Tribunal Constitucional, en sentencia del año 81, a mantener su ideario y su identidad, tanto en la práctica con respecto al profesorado y con respecto al alumnado. Además, con consecuencias que afectan, incluso, a la vida interna del colegio. El que acepte esas reglas del juego puede entrar, el que no las acepta no puede entrar. Como enseñanza estructurada en casos de necesidad, y sólo en casos de necesidad, sí se puede enseñar el islamismo, pero habiendo otras posibilidades no es lógico. Ustedes vienen aquí y lo hacemos, pero eso no es lo coherente.

        —Felipe Sahagún. Una cuestión muy concreta sobre el Papa ¿Sería una tragedia para la Iglesia católica que el Papa se retirara?

        No, ninguna tragedia. Puede ser, claro que puede ser. Pero llamar a eso una tragedia sería totalmente impropio.

        —Jose Manuel Vidal. ¿Cómo está el Papa físicamente? Se está especulando ya con su lucidez mental. Hasta ahora se hablaba de su falta de movilidad física que todos vemos, pero últimamente se empieza a hablar de que el Parkinson puede afectarle a la cabeza... ¿Sus problemas físicos no afectan a su estado mental?

        No le afectan a su estado mental y menos al espiritual. Yo he estado muy cerca de él hace tres o cuatro semanas y no hay problema que yo sepa.

        —Gabriel Albiac. Mi pregunta pasa del tema teológico al tema diplomático. ¿Existe alguna preceptiva en la cual la diplomacia vaticana pudiera jugar algún tipo de mediación en el conflicto de Israel?

        Por la información que yo tengo, desgraciadamente, no mucha. De todos modos, la presencia de representantes en Jerusalén sigue, actúa en un contexto difícil porque en el grupo de la población palestina está el grupo de los cristianos. En la Santa Sede siempre hay una apertura para hacer lo que se pueda en ese campo.

        
El problema vasco

        —Carmen Gurruchaga. Es muy significativo que los obispos de Bilbao y San Sebastián sigan haciendo el planteamiento equidistante entre las víctimas del terrorismo y quienes asesinan o las familias de quienes asesinan. ¿Qué puede hacer la Iglesia para evitar la confusión que reina sobre su postura en el País Vasco?

        Que monseñor Blázquez o monseñor Uriarte se muevan en una equidistancia entre las víctimas del terrorismo y los que asesinan es un problema de interpretación. Yo no leo así, creo que no hacen esa operación intelectual de equidistancia, y menos moral, sino más bien lo contrario. Es decir, no sólo en los textos, sino en los gestos. Creo que los gestos de estos dos monseñores, obispos de Bilbao y San Sebastián, todos estos años son de identificación plena con las víctimas, de estar al lado de ellas, de apoyar todo lo que puedan, y no ciertamente de estar al lado de todo el ambiente y el ámbito del terrorismo vasco.

        —Fernando Garea. En el caso del País Vasco, la Iglesia ha tenido un papel muy activo e incluso de mediación. ¿Cree que de alguna forma la Iglesia o una parte de ella puede mantener esa posición, y bajo qué condiciones?

        Hombre, cuando se habla de mediaciones, siempre, en ese campo tan concreto al que usted se refiere, al final se trata de la mediación de una persona y no de una parte de la Iglesia. Pero ciertamente en la historia de la Iglesia siempre se ha hecho. Si se lo piden las partes implicadas sin ninguna duda y a veces aunque no se lo pida ninguna de las dos. Si pudiéramos articularlo bien sería fantástico.

        —Lucía Méndez. Después de todo lo que ha pasado en el último año, que ha sido un año duro para la Iglesia Católica en España...¿Consideraría que la crisis les ha servido para, digamos, cambiar algún tipo de comportamiento o adecuar su actuación a lo que la inmensa mayoría de la sociedad puede pensar o no? ¿Estos acontecimientos les han servido para reflexionar y sacar conclusiones?

        Respecto al tema del terrorismo y en lo relacionado a la actuación de los obispos y de los que tenemos responsabilidades públicas en la Iglesia no puede quedar, nunca, ninguna ambigüedad doctrinal en el aire. Claro, decirlo desde fuera del País Vasco es decirlo en unas circunstancias un poco más fáciles. Por otro lado, a veces no tenemos en cuenta lo que puede llamarse la estructura de la Iglesia Católica... Siempre se ha pensado e identificado con una organización monolítica que funciona en todo el mundo a golpe de lo que dice el Papa en Roma. Eso no responde a la realidad. Cuando dicen si el presidente de la Conferencia Episcopal dice o no dice, y éste recibe cartas preguntándole acerca de lo que dice a sus obispos yo respondo: «Mire usted, no son mis obispos, no tengo ninguna autoridad sobre ellos, si acaso, sobre mis obispos auxiliares».

        Lo de Gescartera tiene un significado muy distinto y creo que observado a fondo el derecho canónico vigente no tiene por qué producirse ninguna ambigüedad en torno a eso. Lo que sí nos hemos dado cuenta es de que falta información por parte nuestra, sobre todo hacia fuera, no tanto hacia lo que podríamos llamar catolicismo interno, los católicos que viven la Iglesia. Los que han estado dentro y están dentro de la vida de la Iglesia saben cómo funciona eso y saben que, efectivamente, el estilo de actuación es de sobriedad, de rigor. Hombre, no de mucho formalismo, primero, porque tampoco hay tanto que administrar y, segundo, porque se supone que funciona la conciencia moral y personal.

        Respecto al problema del profesorado de religión, la respuesta que está implícita en los acuerdos de España-Santa Sede es que, efectivamente, el derecho a la libertad religiosa es un derecho social, es un derecho que hay que estructurar social y jurídicamente.No está reñido con la libertad de cátedra ni con la libertad de enseñanza, sino todo lo contrario.

        Es decisivo para que pueda hablarse de enseñanza religiosa confesionalmente determinada, de la intervención de esa confesión en el nombramiento de profesores, en los programas de estudio. No es indiferente el estado de vida del que la imparte con relación a lo que enseña, eso es lo que está reconocido en el acuerdo de España con la Santa Sede sobre materia de enseñanza.

        
Las canonizaciones

        —Felipe Sahagún. Desde hace tiempo, la Iglesia se ha convertido en una fábrica de Santos de muy pocos años para acá. Por esto, muchos nos preguntamos: ¿cómo ha mejorado el sistema de investigación e información?

        Efectivamente, ha mejorado el sistema de información, eso es evidente. Pero ha mejorado también lo que puede llamarse la concepción del santo, el ideal de vida en clave de santidad. Léase los textos del Vaticano II para darse cuenta de ello. El número de beatificaciones y canonizaciones empezó a crecer inmediatamente después del concilio de Pablo VI, no sólo con Juan Pablo II. Y, además los procesos vienen de abajo arriba, no de arriba a abajo. No hay una orden de Roma.

        —Pedro J. Ramírez. Quizá el caso que ha puesto de actualidad todas estas preguntas es el caso de Monseñor Escrivá de Balaguer. Existe una impresión muy extendida en la sociedad española acerca de que la celeridad con la que el Fundador del Opus Dei ha conseguido la dignidad de santo tiene mucho que ver con el poder, la influencia dentro y fuera de la Iglesia de la propia institución que él fundó. Parece que es mucho más fácil llegar a ser santo si se tiene un aparato y una organización detrás con poder, que si has manifestado tu santidad de una manera más humilde.

        Yo le diría con respecto a esto que no es tan pronto, hace casi 30 años. Tenemos personajes que han sido santos más rápidamente que el beato José María Escrivá de Balaguer. Hay que reconocer que los procesos de canonización son complejos e implican una serie de actuaciones e investigaciones históricas, y eso se puede hacer en unos casos de manera más rápida que en otros. Yo estoy seguro que el caso de la madre Teresa es mucho más fácil, los hechos están muy patentes y la investigación fluye más rápido. Y yo estoy seguro de que en el caso de la madre Teresa de Calcuta será rapidísimo.

        —Pedro J. Ramírez. Lo que pasa es que, en el caso de la Madre Teresa de Calcuta, es un personaje cuyos valores personales, probablemente, son reconocidos de una manera muy general, incluso en los sectores no confesionales. En cambio, el caso de Escrivá de Balaguer es muy opuesto, es decir, una persona que fuera del ámbito de su organización y de los sectores de la Iglesia que simpatizan con su figura, es una figura extraordinariamente polémica. Incluso diría que para muchos encarna valores antitéticos que la Iglesia dice defender.

        De todos modos, los santos no son siempre ni han sido siempre personajes que no hayan encontrado oposición y crítica, es decir, que no... El problema de después es un problema de verdad de sus vidas. El santo tampoco es un señor perfecto, que no tenga defectos y que no haya podido tener sus debilidades. En fin, yo creo que si el beato Escrivá de Balaguer no hubiera dejado el Opus Dei detrás de él, a lo mejor, pues tendría menos opositores y se le comprendía mejor.