Navarro-Valls: "conectar el Evangelio con la cultura es el gran desafío cristiano"

Desde el día en que el cardenal Martínez Somalo revolucionó a la facción seudoprogresita de la Santa Sede, al ofrecer por vez primera en la historia la dirección de la Sala Stampa a un laico, hasta la última imagen del viaje del Papa a Madrid, donde Navarro Valls daba instrucciones a un presidente Aznar, liberal pero muy atento, han pasado casi veinte años. Dos décadas en la vida de este cartagenero universal, psiquiatra, amante del teatro y corresponsal de ABC, trabajo en el que conoció al entonces cardenal Wojtyla, quien después le encargó modernizar la comunicación de la Santa Sede. Y lo logró. Ofrecemos un extracto de la entrevista a Joaquín Navarro Valls, director de la oficina de prensa de la Santa Sede, realizada por Antonio Botías del diario "La Verdad".

Selección de Almudena Ortiz www.PiensaunPoco.com

 

—Durante el último viajes del Papa a España hemos comprobado cierta mejoría física. ¿A qué cree que se debe? ¿Cómo y cuándo descansa Juan Pablo II?

        —Su fuerza viene de dentro. Se alimenta de las verdades en que cree. No depende del estado de ánimo. No se paraliza ante la dificultad. Cuando me preguntan sobre la salud del Papa me remito a los hechos: una actividad cotidiana increíble; cinco grandes viajes -uno a Mongolia- programados para este año, el primero de los cuales ha sido a España. Descansa poco y se olvida mucho de sí mismo.


—Durante estos años ha ido anotando diferentes anécdotas del Pontificado. ¿Escribirá alguna vez un libro sobre ellas? ¿Como se recordara a Juan Pablo II?

        —Hubiera sido por mi parte una insensatez no anotar cosas de las que fui testigo en todos estos años en circunstancias muy diversas. Por ahora, son sólo notas cronológicas que un día me ayudarán a revivir estos años extraordinarios. Quizás se recordará al Papa como un santo místico realista.


—¿Cree que los medios de comunicación corren el peligro de dejar de comprometerse con los valores y la moral a cambio de mayores ingresos en publicidad o poder?

        —Ese riesgo existe. Y cuando se cae en él, nos encontramos con un periodismo servil, acomodaticio al poder económico o secuestrado por la ideología del momento. El periodismo no es inmune, por principio, al desacierto. Como no lo es ninguna otra actividad humana. Como siempre, la última palabra la tienen los lectores: comprar el periódico que interesa e ignorar el que no interesa.


—Usted ha revolucionado la comunicación en la Iglesia en una tarea de gran proyección, con el fin de que se informe de forma adecuada. ¿Falta aún catapultar a los medios a los miles y miles de católicos que no arman ruido y que están haciendo una gran labor en lo más profundo de Africa, América o Asia?

        —Es una tarea necesaria y de carácter profesional. El desafío quizás está en lograr que valores a los que se da importancia en la vida individual, la tengan también a nivel cultural y social. Y esto es tarea de todos pero particularmente de los laicos, de los cristianos de a pie. Conectar el Evangelio con la cultura ha sido el gran desafío histórico del cristianismo desde el principio; y es hoy particularmente urgente. Dicho de otro modo: ese millón de personas que rezaban con el Papa en Madrid hace pocos días, deben poder ver en la vida social esos mismos valores en los que creen a nivel individual.


—¿Caminamos hacia una futura unión de las iglesias cristianas?

        —Es un objetivo inevitable por difícil que pueda aparecer. Y Juan Pablo II ha realizado cosas inimaginables hasta hace pocos años en este campo. El camino está abierto.