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El milagro de Juan Pablo II La Razón 24.04.03 - Alex ROSAL |
| No tendrá problemas | Estoy convencido de que el Papa Juan Pablo II es un santo viviente, un testigo ejemplar de Cristo, que todavía debe dar mucha "guerra" aquí abajo antes de ir a descansar a su merecido Paraíso. Y cuando esto suceda aunque algunos dudan ya de su finitud y por eso lo apodan en el Vaticano como "Karol, el eterno", comenzará a realizar milagros a porrillo. Y no dudo de que la Iglesia lo pueda elevar a los altares a los pocos años de su fallecimiento. Su testimonio cristiano ahí está, es incontestable, incluso, para sus más recalcitrantes críticos. Tiene una buena hoja de servicios para presentarse delante de san Pedro, el portero del paraíso, y pedirle que le deje pasar al Cielo sin demasiados problemas. |
| El "milagro" de algo insólito |
Y entre los milagros que la Congregación para las Causa de los Santos estudiará para certificar la dignidad de santidad de Juan Pablo II, sin duda, posiblemente la mayoría, serán de carácter físico. Curaciones milagrosas de enfermedades incurables para la ciencia de hoy y asuntos por el estilo. Sin embargo, el "Papa Wojtyla", como gustan llamarle los progres de nuestro país, ha realizado ya en estos días un milagro de estos increíbles. Humanamente poco comprensibles. ¿Qué milagro? El milagro o milagrón, o más bien super milagro del "Papa Wojtyla" es haber sido escuchado, valorado, respetado e incluso querido por una gran parte del rojerío de nuestro celtibérico país. Los anticlericales profesionales, los progres de salón y sus compañeros mártires han dado su brazo a torcer y han visto en Juan Pablo II a un hombre grande, a un Papa especial. La tozuda actividad por la paz y contra la guerra en Iraq de este anciano enfermo, ha cautivado a nuestra izquierda de siempre. Es un milagro. ¿Vaya si lo es! |