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Conociendo
al enemigo
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José
González Horrillo
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Manual
Básico para Católicos sin Complejos
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José
González Horrillo
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'La
valentía de Benedicto XVI'
El
papa Benedicto XVI acaba de realizar un valiente viaje a Inglaterra.
El Papa alemán (el "pastor alemán", tituló
un tabloide inglés poco después de la elección
de Joseph Ratzinger como pontífice), el papa de Roma, ha visitado
durante cuatro días el país que se enfrentó a
muerte a Alemania en la Segunda Guerra Mundial; el país que
hace cuatrocientos sesenta y siete años rompió puentes
con la autoridad pontificia romana, promoviendo una iglesia nacional,
coincidente en el tiempo con la reforma luterana.
Claves del viaje.
Comencemos por la dimensión histórica que acabamos de
citar. Ha sido la primera visita oficial del papa de Roma a Inglaterra
desde que Enrique VIII decretase en 1534 el Estatuto de Primacía
(Acts of Supremacy) que declaraba a la corona de Inglaterra como "única
cabeza suprema en la tierra de la Iglesia de Inglaterra, llamada Ecclesia
Anglicana". Un anterior viaje de Juan Pablo II no tuvo carácter
oficial. La reaproximación de Roma a Inglaterra es un hecho
histórico de primer orden que ninguna persona que tenga una
mínima noción de los fundamentos europeos puede ignorar
o minimizar. Por debajo de la confusa espuma de los días, las
capas tectónicas de Europa se están moviendo.
La segunda clave podríamos
decir que es de orden intelectual. Benedicto XVI ha sido la tercera
personalidad extranjera invitada a hablar ante las autoridades británicas
en el Westminster Hall, lugar de las primeras sesiones del Parlamento
inglés. Antes lo hicieron Charles de Gaulle y Nelson Mandela.
En su discurso, que conviene releer, el Papa realizó una decidida
defensa del papel de la religión en la vida pública,
tomando como referencia la figura de Tomás Moro, condenado
a muerte en aquel lugar por defender sus ideas ante el dictado de
la autoridad política. "Para los legisladores la religión
no debe ser un problema que resolver, sino un contribuyente vital
a la conversación nacional", dijo Benedicto XVI. En ese
importante discurso, Joseph Ratzinger alertó contra la irrupción
de un laicismo agresivo que pretende borrar las huellas de la religión
en el espacio público. Dijo el Papa en Westminster: "Cada
generación debe preguntarse ¿cuáles son los requerimientos
que los gobiernos pueden imponer razonablemente a sus ciudadanos?".
Los anglicanos escucharon con mucha atención las palabras del
Papa. Estaban presentes en Westminster, David Cameron, Gordon Brown,
Tony Blair y Margaret Thatcher.
Tercera clave: el
diálogo ecuménico con la Iglesia Anglicana, en el marco
de la lenta pero posible reaproximación de las diferentes confesiones
cristianas. El sector anglicano contrario a la ordenación de
mujeres y homosexuales ya ha llamado a la puerta de Roma.
Y por último
lugar, aunque no lo último - en absoluto- la radical autocrítica
por los casos de pederastia en la Iglesia y su encuentro con víctimas
de las agresiones sexuales. La Iglesia católica se halla ante
un grave asunto que está dañando su credibilidad y su
autoridad moral. Esa es la realidad, pero sólo desde la más
absoluta mala fe puede afirmarse o sugerirse que Benedicto XVI sea
cómplice de tal situación. Al contrario, el mundo hoy
conoce lo que ha pasado gracias a la firme determinación del
Papa de reparar el grave pecado cometido por ministros de la Iglesia.
Un viaje valiente
que ayuda a entender la importancia de la próxima visita de
Benedicto XVI a Barcelona.
Publicado en La Vanguardia 20 de septiembre 2010-09-20
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