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Juan Pablo II no argumenta en términos de guerra justa Rafael Navarro-Valls. Catedrático
de Derecho |
| El Papa no es pacifista | En el entramado de posiciones encontradas
en que se debate el problema iraquí, el ángulo visual del
problema, tal y como lo plantea Juan Pablo II, adquiere especial interés.
El Papa está en contra de la guerra, desde luego. Pero la postura del Pontífice no es una posición radicalmente pacifista en su clásica versión irenista (del griego irené, paz). Es decir, la de quien considera que el valor supremo es la paz y, por tanto, para alcanzarla estaría abierto a hacer concesiones ilegítimas o injustas. Para Juan Pablo II «la guerra nunca es una simple fatalidad». Y no lo es «cuando el Derecho internacional, el diálogo leal, la solidaridad entre los Estados» enmarcan el hábitat natural de solución de las contiendas. |
| La fuerza de el propio Derecho universal |
Repárese que en esta referencia al Derecho internacional subyace el hecho de que no hay que esperar hasta el voto de Naciones Unidas o a una nueva resolución que marque los límites del conflicto para que Sadam Husein actúe en la dirección que le está pidiendo la comunidad internacional. Es ya el propio derecho internacional en la versión de Juan Pablo II quien está obligando a Sadam a todo lo que concierne a la neutralización de armas de destrucción masiva y a las orientaciones marcadas por el bloque de resoluciones adoptadas desde 1991. Pero, en la visión de Juan Pablo II, si el Derecho internacional marca los cauces de actuación jurídica, la responsabilidad marca los linderos morales del problema. No son Estados Unidos, la OTAN o Irak los únicos responsables de la guerra. Es responsabilidad de TODOS evitarla. Lo que quiere decir que Estados Unidos será, obviamente, responsable de la guerra si la inicia sin el respaldo internacional. Pero Sadam Husein deberá cargar con gran parte de la culpa. |
| Cooperación internacional para mantener la paz |
Esto explica la misión del Cardenal Roger Etchegaray. La finalidad de la misión Pontificia a Bagdad fue según el portavoz de la Santa Sede «demostrar a todos la solicitud del Santo Padre a favor de la paz, y ayudar a las autoridades iraquíes a hacer una seria reflexión sobre el deber de una afectiva cooperación internacional basada sobre la justicia y el Derecho internacional, con la finalidad de asegurar a aquellas poblaciones el bien de la paz». Es decir, se trata de enfatizar con la mayor claridad que Husein debe cooperar con la comunidad internacional del modo marcado por ella misma. La entrevista con el vicepresidente iraquí se movió en esa línea. Línea que Juan Pablo II remarcó en las entrevistas con el secretario general de la ONU y con Tony Blair. |
| Pensando en el bien de las personas |
Si se recuerda, cuando hace unos años se debatía sobre la pena de muerte, el Pontífice la excluyó de la reserva de penas expiatorias, sin entrar demasiado en la cuestión de «legítima defensa», como base movible de su justificación. También ahora aunque sin eludir el problema Juan Pablo II no argumenta en los términos tradicionales de «guerra justa». Mas bien se fija en las masas iraquíes extenuadas por más de 12 años de embargo. De ahí su insistencia en que «la guerra nunca es un medio como cualquier otro, al que se puede recurrir para solventar disputas entre naciones». Como recuerda la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y el Derecho internacional, «no puede adoptarse, aunque se trate de asegurar el bien común, si no es en casos extremos y bajo condiciones muy estrictas, sin descuidar las consecuencias para la población civil, durante y después de las operaciones». |