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Su sonido de los oídos al corazón |
Hay
a quienes molestan. Su sonido mañanero interrumpe el sueño,
y si tocan al atardecer se inmiscuyen en la serie de televisión
o en la conversación que mantienen con alguien. Más de
un párroco ha recibido protestas por el repique de campanas de
su iglesia.
Hay sin embargo otros tantos, yo diría que muchos más, a quienes nos encanta oírlas, ya sea en la madrugada o al atardecer, y casi podría decirse que mantenemos buena amistad con ellas, especialmente con las veteranas campanas de la catedral, por cuyo nombre, Juana, Gabriela y María, las conocemos. Digo que quizás somos más los que las disfrutamos, a juzgar por las visitas que han recibido durante estos días en el atrio de la catedral, preparadas para emprender el viaje camino de la restauración, porque tampoco los años pasan en balde para ellas. Ni el frío, ni la lluvia ni el viento de estos días nos han frenado a la hora de ir a despedirlas, para así, de paso, verlas de cerca y enterarnos de sus secretos, su edad y el nombre del artífice que las fundió. "Alabo a Dios verdadero, llamo al pueblo, reúno a los clérigos, hago huir a Satán, lloro a los difuntos, adorno las fiestas", nos dice la de Oraciones en la inscripción grabada sobre ella. Otra nos habla de niños, de los párvulos a quienes su tañido despedía de este mundo. Las hay con un lado más gastado que el otro, porque precisamente allí golpeaba el badajo en los entierros, y las que llamaban a rezar en las grandes fiestas de la iglesia. La abuela, la María, que deja oír su voz por toda la Cuenca, contempla desde su torre el trasiego de amigos. Ella esperará también restaurada, en lo alto y recibirá a las otras con melodiosa voz, dispuesta a seguir llamándonos, con perdón de los detractores. La campana de Santa Felicia de Labiano acompañó mi boda. Es algo que echo en falta en muchas iglesias en bodas y bautizos, y, ¿no serán éstas precisamente las fiestas a las que se refiere la campana de Oraciones de la Catedral? | |||||
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