El Santo Cura de Ars
Jean de Fabregues
"Aquí, sin vengar a tus parientes, no eres nadie"

El Sínodo africano insiste en la reconciliación, pero en muchas culturas del continente el perdón es una idea extranjera, ajena al país. Cesare Mazzolari, italiano, obispo de Rumbek, en el sur de Sudán, es testigo.

La Razón

Manual Básico para Católicos sin Complejos
José González Horrillo

Esperanza a partir del perdón

        "En el sur de Sudán, la venganza es una virtud. Forma parte de la cultura. Se piensa que no eres una persona de verdad si no consigues vengarte" explica a LA RAZÓN. "Aquí sólo los cristianos predicamos el perdón, animamos a rechazar la ira y la venganza y a entregarlas a Dios. Sólo Dios enseña a perdonar y a ser una persona nueva. He visto muchos actos de perdón, sobre todo muchas madres y esposas perdonando a quienes mataron a sus hombres. Fueron veinte años de guerra, causó dos millones de muertos. Estoy convencido de que el sacrificio de las madres que han ofrecido a Dios sus tragedias familiares, su perdón, es lo que ha traído la paz de 2005. Fue la oración de esas mujeres generosas, reconciliadas con Dios y sus enemigos", asegura.

        El obispo recuerda una ocasión, durante la guerra, en que "llegaron aviones del norte, islamistas, y bombardearon una de nuestras misiones. Una bomba de racimo explotó al lado de un árbol donde se escondían cinco misioneros: se quemó el árbol, pero a ellos no les pasó nada. Son cosas de Dios".

        A sus 72 años, este comboniano dirige una diócesis del tamaño de media Italia, con 80 por ciento de animistas. Le ayudan 30 sacerdotes y 54 religiosas. Desde la asociación solidaria que ha fundado, CESAR (www.cesarsudan.org), coordina el trabajo de 13 escuelas, 240 maestros y 320 enfermeros, un signo de esperanza para los casi cuatro millones de habitantes de Rumbek.