"Nunca
había sentido tantos deseos de compartir una experiencia
que me ha marcado de por vida", reconoce el autor en esta entrevista
concedida a ZENIT, recordando que la canonización de Pío
de Pietrelcina (1887-1968), en 2002, batió todos los records
de fieles en la historia.
¿Cómo
se le recuerda al Padre Pío en el convento de San Giovanni
Rotondo, donde pasó casi toda su vida?
Con inmenso cariño. Hay fieles que siguen percibiendo
el intenso perfume de sus estigmas como la mejor señal de que
nunca les abandona, esa misma fragancia que dejó helado a más
de un incrédulo.
¿Quedan
muchas personas que le trataron íntimamente?
Pocas, pero he tenido la gran fortuna de entrevistarlas. Como
sor Consolata, una monja de clausura de 95 años que me recibió
en el convento para relatarme episodios tan inolvidables como desconocidos.
Nunca se lo agradeceré lo suficiente. Igual que a Pierino Galeone,
sacerdote octogenario con fama de santo, a quien el Padre Pío
curó milagrosamente tras la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo
que a Paolo Covino, el capuchino que administró la Extremaunción
al Padre Pío. Todos ellos rompen por primera vez su silencio
para hablar del Padre Pío en este libro.
¿Expresan
alguna idea común?
Todos coinciden en que él hizo lo mismo que Jesús
en la tierra: convirtió a los pecadores, sanó a los enfermos,
consoló a los afligidos... Cargó con la Cruz durante toda
su vida para redimir a los hombres del pecado. El Padre Pío sabía
muy bien que sin sacrificio personal era imposible ganar almas para
el Señor.
¿Quién
fue el Padre Pío?
Un regalazo que Dios hizo a los hombres en pleno siglo XX para
que sigan creyendo en Él. Es imposible acercarse con sencillez
y sin prejuicios a su figura y permanecer insensible. Conozco a mucha
gente cuya fe estaba muerta por falta de obras y que por intercesión
suya está ahora muy cerca del Señor, reza y es feliz haciendo
felices a los demás.
¿Hay
una relación entre sus horas de confesionario y los estigmas?
"Todo es un juego de amor", decía él.
De Amor, con mayúscula, por el prójimo; él sabía
muy bien que lo mejor se compra siempre al precio de un gran sacrificio.
El Padre Pío vivió "crucificado" durante cincuenta
años con estigmas en manos, pies y costado que sangraban a diario.
Semejante sufrimiento moral y físico era un medio infalible para
liberar a muchas almas de los lazos de Satanás. Por eso mismo
se pasaba a veces dieciocho horas seguidas en el confesionario.
Como un nuevo
cura de Ars...
Ahí radica la grandeza de este hombre de Dios. San Giovanni
Rotondo, donde vivió y murió, sigue siendo hoy un auténtico
camino de Damasco por el que millares de pecadores retornan al Señor.
Es el primer sacerdote estigmatizado en la Historia de la Iglesia, y
con unos carismas que le hacen muy especial, desde la bilocación
hasta el escrutinio de corazones que le permitía leer el alma
de los penitentes.
"Haré
más ruido muerto que vivo", comentó un día.
¿Qué quiso decir?
Habría que preguntárselo a los centenares de personas
en todo el mundo que por su intercesión siguen hoy convirtiéndose
y/o curándose milagrosamente de una enfermedad mortal. Muchos
de ellos aportan sus impactantes testimonios en este libro. Podemos
afirmar que el Padre Pío sigue obrando hoy desde Arriba más
prodigios que cuando estuvo en la tierra.
Usted recoge
algunas conversiones impactantes...
Gianna Vinci me relató en Roma uno de esos milagros que
le dejan a uno boquiabierto. En cierta ocasión, una mujer enferma
de cáncer rogó a su marido, agnóstico, que la llevase
a San Giovanni Rotondo, pues había oído que el Padre Pío
obraba milagros. El hombre puso una condición: esperaría
fuera de la iglesia. Así que entró sola la madre con su
hijo de diez años. Gianna Vinci estaba allí y lo vio todo.
La mujer se arrodilló en el confesionario del Padre Pío
mientras éste indicaba al niño que avisase a su padre.
El chiquillo obedeció: "¡Papá, te llama el
Padre Pío!", le dijo en la puerta. Pero aquel rapaz... ¡era
sordomudo! Emocionado, el padre acabó confesándose y su
esposa quedó curada del cáncer al instante.
¿Cuál
es el secreto de la popularidad de este santo?
El Amor por los demás, insisto. El Padre Pío sigue
recogiendo hoy los frutos de su siembra desde el Cielo. En Italia pude
sentir el gran cariño que la gente profesa a este pedazo de santo.
Al regresar a Madrid, mientras facturaba las maletas en el aeropuerto,
un policía empezó a poner pegas. Pero en cuanto vio el
retrato del Padre Pío que llevaba para un amigo, me dejó
pasar con una sonrisa. "¡Menudo salvoconducto!", pensé.
¿Va
siendo conocido fuera de Italia?
Espero que este libro sirva para darle a conocer más
en España, donde ya ha hecho unos cuantos milagros. En Argentina,
México, Chile o Filipinas cuenta cada vez con más devotos.
¿Qué
significa este libro en el conjunto de su bibliografía?
Es sin duda mi obra más importante. Nunca había
sentido tantos deseos de compartir con los lectores una experiencia
que me ha marcado de por vida. Dicen que cuando el Padre Pío
levanta un alma ya no la deja caer más. Pues eso mismo he comprobado
yo en mi propia carne. Invito a todo el que quiera, por muy escéptico
que sea, a conocer a este hombre de Dios. Le aseguro que no quedará
indiferente.
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