¿Falta de sensibilidad?
Remedios Falaguera
Bosco: la historia de mi secuestro
        A pesar de lo que muchos piensan, el trabajo de los periodistas no resulta fácil., especialmente cuando se trata de denunciar una injusticia, un escándalo del mal que anida en el corazón del hombre y que atenta contra la salud moral de la sociedad.

        Poner encima de la mesa aberraciones, abusos contra los derechos del hombre y la dignidad humana no es de exhibicionistas ni de vulgares. «Cuando la gente buena no hace nada —señalaba Christiane Amanpour, en el libro póstumo dedicado al fotoperiodista Miguel Gil—, los malos triunfan. Creo que los periodistas podemos ayudar a hacer del mundo un lugar mejor».

        ¿Cuántos periodistas se han hecho pasar por mendigos, prostitutas, narcotraficantes, encarcelados, .... para denunciar ante la opinión publica la desgarradora realidad que no queremos ver?

        ¿Cuántos de ellos han tenido que «hacerse violencia interior» fotografiando o plasmando con sus reportajes situaciones dramáticas y, convertirse así, en «la voz de los que no tienen voz»?

        ¿Cuántos de de estos periodistas, para que su corazón no se resquebraje con su trabajo, han tenido que acompañarlo con mucha oración y mucho trato con el Consolador de almas?

        Tengo el honor de conocer a profesionales que no han dudado ni un ápice en presentar, con crudeza, es verdad, los males del mundo. Unos males que nos envenenan, que nos abocan, en muchos casos, a un animalismo sin precedentes.

        Y mientras nosotros, inmersos en nuestra comodona vida, exigimos de los periodistas que denuncien estas situaciones a la opinión publica, pero `por otro lado, y como si de pusilánimes se tratara, les increpamos, a veces, por sus imágenes desgarradoras, su falta de sensibilidad ¿?, su descaro ¿? o, sus palabras malsonantes ¿?.

        ¿No nos damos cuenta de que gracias a ellos, los poderes públicos, las asociaciones, las ONG´s,... piensan y adoptan decisiones legales y educativas y las ponen en marcha para evitar lo que nos puede dañar?

        Es más, ¿no será que donde decimos sensibles queremos decir indiferentes?

        Pues bien, como decía Miguel Gil: «Aquí es donde se supone que debemos estar, ¿no? Hagamos lo que se pueda... Hacemos lo que tenemos que hacer».