Joan Rigol i Roig, Presidente de la Fundación de la Sagrada Familia
Joan Rigol i Roig (Torrelles de Llobregat, 1943), Presidente de la Fundación de la Sagrada Familia, hombre de formación humanística y filosófica, máster en Dirección de Empresas por ESADE, ha sido un hombre clave en la política catalana: miembro de Unió Democrática de Catalunya (UDC), partido que presidió entre 1987 y 2000, ha sido consejero de Trabajo y de Cultura en la Generalitat; diputado en el Congreso y Vicepresidente del Senado, y presidente del Parlamento de Cataluña (1999-2003). También ha sido secretario de la Confederación de la Pequeña y Mediana Empresa y miembro de la Junta Directiva del Fomento, la patronal catalana. Pertenece a diferentes Patronatos de carácter sociocultural (Gran Teatro del Liceo, Fundación Olof Palme, Instituto Universitario Ortega y Gasset...).
Mundo Cristiano
Disfrutar de Gaudí

—El templo lleva más de un siglo en construcción, ¿por qué tanto tiempo?

        —Gaudí decía que su cliente era Dios, y Dios no tiene prisa. Además, ha habido una época en que la construcción estaba condicionada a la capacidad de obtener recursos económicos para levantarlo. Y otro elemento que ha ralentizado es que intentar hacer el proyecto de Gaudí a través de los restos de maquetas y planos que se han encontrado exige un estudio previo importante. Las cosas tienen su propio ritmo.

—En estos años, ¿cómo se ha financiado la Sagrada Familia? ¿Han sido todo donaciones, ha habido subvenciones?

        —No ha habido ninguna aportación oficial. Todo procedía del dinero que se obtenía a partir de colectas y donaciones. Eso fue así hasta que el monumento tuvo la suficiente personalidad y, en el contexto de la Barcelona post-92, llevó a tener una buena cantidad de ingresos por las entradas que cobramos por la visita. Nos financiamos con esto y con la tienda de recuerdos (que es otra fuente importante), más las donaciones que recibimos, muchas de ellas, testamentarias.

—Puede dar la impresión de que la Sagrada Familia es un proyecto muy barcelonés. ¿Se pretende que sea más universal?

        —Este es el reto que tenemos, a partir de la consagración del templo. Hasta ahora, representa fundamentalmente una obra en curso de Gaudí, monumental, centrada en su construcción y su arquitectura. De hecho, el autor pretendía que la Sagrada Familia fuese un referente de la Iglesia universal. Tanto porque viene a visitarla gente de todo el mundo, como por su contenido en el conjunto de la Iglesia. En este sentido, después de abrir el templo al culto deberemos darle un contenido y un mensaje propio de la universalidad de la Iglesia.

—¿Por qué se la conoce como "la catedral de los pobres"? ¿Hace referencia al modo de conseguir las aportaciones?

        —Efectivamente. Era un estilo casi franciscano de pedir el dinero e ir construyendo conforme a lo que se tenía. El propio Gaudí se implicó hasta el punto de salir él mismo a pedir por la calle. Es comprensible, porque la Sagrada Familia era su vocación total, como arquitecto, como persona, como cristiano.

El túnel del AVE

—¿Qué piensa respecto al túnel del AVE?

        —Tenemos informes de técnicos de alto nivel que nos dicen que es preocupante. Que un túnel pase ante unas aguas subterráneas puede afectar a la cimentación de la Sagrada Familia, y además, las vibraciones de los trenes pueden afectar más. Por todo eso hemos acudido a la Justicia, pero la Justicia nos da largas. Ante este hecho consumado de que en principio resulta inminente que el túnel va a pasar, hemos recurrido a la Unesco, que nos ha propuesto que pongamos controles técnicos y, si se detecta un riesgo inmediato vamos a pedir que paren la obra. Así estamos.

—¿Por qué entonces no se plantean alternativas?

        —Creo que las hay, pero no debo ser yo quien diga por dónde puede pasar el AVE. Sólo digo que crea un riesgo. Civilizadamente hemos hecho lo que creíamos oportuno y nos encontramos ante una situación de hecho que intentamos gestionar lo mejor posible.

La visita del Papa

—¿Qué significa la dedicación del templo por parte del Papa?

        —Por un lado, va a ser calificada como basílica. Y, sobre todo, indica la capacidad de que la gente que nos visite pueda ver el mensaje de la Iglesia, un mensaje de fraternidad. La idea de la Sagrada Familia trae consigo la consecuencia de la fraternidad cristiana. Que puede ser compartida por creyentes y no creyentes.

—Porque no nos debemos quedar con la idea de que el templo es sólo un monumento, aunque espectacular...

        —Falsearíamos completamente su sentido si nos quedáramos solo pasmados por la monumentalidad del templo o la extraordinaria visión de Gaudí, y no entráramos en el fondo: crear un espacio del espíritu para que cada uno sienta ese sentido de fraternidad (los cristianos, a través del ejemplo de Jesucristo; los no cristianos, a través de sus buenos sentimientos).

—Gaudí tenía una intención evangelizadora con el proyecto. ¿Tiene noticia de casos concretos? Conversiones (aparte de la conocida del escultor Etsuro Sotoo), descubrimiento de la vocación cristiana...

        —No tenemos un censo de conversiones... A veces observo cómo muchas personas se ven impregnadas del espíritu que genera la arquitectura gaudiniana. Realmente, les ves en una reflexión que va más allá del quedar pasmado por la altura o la forma artística. Me parece que esta interpelación que crea este ambiente de Gaudí es el camino que él quería: que a través del arte de la piedra una persona se pudiese elevar hacia la contemplación de Dios.

—¿La visita del Papa impulsará el proceso de beatificación de Gaudí?

        —El proceso sigue su curso habitual, según las normas de la Santa Sede. La venida del Papa, por otro lado, es cierto que sustenta la obra de Gaudí y su persona, y supongo que ayudará a que la causa se agilice.

Un genio

—Se habla de Gaudí como de un genio? ¿Qué es lo que más le caracteriza?

        —No soy experto en arquitectura. Pero puedo decirle que transforma absolutamente el neogótico. Gaudí hace un templo esbelto al máximo, sin ningún contrafuerte y a la vez, donde debería estar la piedra fundamental que aguanta los nervios de la bóveda, hay un agujero. Lo consigue con una mezcla de cálculos geométricos y de visión de la naturaleza. Crea una figura de espacio sagrado absolutamente novedosa.

—No sólo la Sagrada Familia, sino que buena parte de la obra de Gaudí obedece a un concepto arquitectónico ligado con lo religioso, ¿no?

        —Es evidente que en Gaudí, en especial en la Sagrada Familia –pero también en la Casa Milá y en otras– el hecho religioso es fundamental. Toda la Sagrada Familia es una catequesis hecha de piedra. Están las Bienaventuranzas, el Padrenuestro, la Pasión… Recientemente, se ha publicado un libro, obra de Armand Puig, que explica toda la simbología religiosa del templo, y es muy extensa. Él siempre pensó que este templo era su obra decisiva.

Mensaje actual

—¿Qué mensaje da el templo al católico del siglo XXI?

        —Que hay un espacio del espíritu que necesitamos las personas para reencontramos con nosotros mismos. Cuando viene un visitante al templo, incluso aunque no sea creyente, percibe que es un espacio donde la espiritualidad que ha creado Gaudí le asume de un modo interno y muy fuerte. Para los creyentes, esta espiritualidad se concreta en Jesucristo, en su Nacimiento, en su Pasión, en su Gloria, y es un sentido de la trascendencia cristiana. Esta religiosidad en un marco de arte, no deja de ser una manera de expresar nuestra trascendencia. Y todo ello se construye en el marco de una sociedad laica, pero que es capaz de comprender el lenguaje religioso de las piedras.

—Con Gaudí, resulta claro que el arte lleva a Dios.

        —Por supuesto. Esa es una de las principales tesis de Benedicto XVI, que repite que una de las maneras de llegar a Dios es a través del sentido contemplativo de lo que Dios nos ha puesto alrededor, desde la naturaleza, hasta el esfuerzo de las personas para concretar a través del lenguaje artístico la dimensión espiritual.

El misterio sobre Gaudí

—¿Por qué la biografía de Gaudí aparece rodeada de cierto misterio? Se le muestra ligado con temas esotéricos, con sociedades secretas...

        —La fuerza de Gaudí, y su fuerza religiosa, ha sido tan potente que algunos le quieren ver la quinta pata del gato. Como es un personaje de gran modernidad en su expresión arquitectónica, y en su creatividad, les cuesta entender que un hombre tan religioso pueda haber hecho eso, y buscan unas tesis de esoterismo y similares, que, por otro lado, se aguantan poco.

—¿Cuáles son los rasgos ideológicos de Gaudí?

        —Fue un catalán muy convencido, hasta el punto de que se llegó a pasar una noche en el cuartelillo de la policía por no haberse dirigido en castellano a un guardia que le interpelaba. Pero es evidente que su eje fundamental es su sentido religioso, cristiano. Baste pensar en que la fotografía posiblemente más conocida de él es una donde aparece en la Procesión del Corpus, porque era un cristiano militante.

—La imagen de un Gaudí huraño y antipático. ¿Corresponde a la realidad?

        —Huraño no era, pero era una persona de convicciones. No era un carácter flojo. Seguía muy de cerca la espiritualidad y bebía de la liturgia de Dom Gueranger, creador del movimiento litúrgico. Era una persona no acomodaticia, que tenía su propia ruta.

—Por último, ¿cuándo se acabará definitivamente el templo?

        —La nave central estará abierta al culto el día 7 de noviembre, con el Papa, y a partir de ahí se dejará abierta. Creo que el templo se podrá terminar en unos quince años. Pero a partir de ahora se construirá todo desde el exterior y será más visible comprobar cómo se avanza.