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El
hombre en busca de sentido
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Viktor E. Frankl
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Las
crónicas de Narnia (obra completa)
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C.S.
Lewis
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El encuentro
con un libro supone para millones de personas el umbral de entrada
al mundo de la verdad, de la belleza y de la libertad.
Tiene mucha importancia
el cultivo de la inteligencia y la preparación cultural en
la formación de la personalidad. La lectura incide en la capacidad
de comunicación oral y escrita, lo que permite una participación
más inteligente en la vida social.
El cultivo de
las humanidades ayuda a adquirir hábitos de contemplación
estética o intelectual: una cultura profunda favorece el desarrollo
de una razón que no sólo hace, sino que también
considera y contempla. La Literatura, la Historia, la Filosofía,
el Arte y tantas otras disciplinas, cultivan aspectos de la inteligencia
o de la sensibilidad importantes para el desarrollo humano.
Las grandes obras
literarias de Fedor Dostoievski,
Miguel de Cervantes,
León Tolstoi
y de otros, ayudan a conocer la psicología humana más
que un tratado de Psicología.
Un educador de
nuestro tiempo recomendaba a los adolescentes que leyeran buenas novelas
sobre el amor, de ese modo adquieren experiencia de cómo se
puede conocer al verdadero amor del falso. Una chica que ha leído
40 historias de amor, tiene ya 40 experiencias, riqueza que no dan
las telenovelas. No nos referimos a las novelitas ilustradas que
quedan sólo en emociones y sentimientos, sino a los libros
con calidad literaria.
Lecturas
de calidad
Las personas
que han leído autores clásicos, con cierto orden y tiempo
para reflexionar, tienen una visión más penetrante de
la realidad. Leer autores valiosos alza el nivel del pensamiento.
Convencer no es vencer, es más bien implicar a otros en un
esfuerzo común por conocer la verdad.
Leer ayuda a
matizar, a razonar y participar en el debate cultural que se refleja
en los medios de comunicación y en la vida diaria. Además,
la buena literatura, clásica y contemporánea narrativa,
dramática, poética, ha contribuido siempre a la
formación ética y a la educación de los sentimientos,
aspectos esenciales de la madurez humana.
Los grandes libros
permiten compartir experiencias de gran valor; permiten conocer personalidades
como la de Hamlet o la de El Quijote; descubrir, a través
de las mitologías antiguas, tentativas de respuesta a interrogantes
existenciales; disfrutar con el amor a la naturaleza que late en las
novelas de Tolkien; acercarse a la Roma de Nerón con Henryk
Sienkiewicz; penetrar en el proceso de una conversión como
en Las Confesiones de San Agustín, o en El hombre
en busca de sentido de Viktor Frankl.
A continuación
citamos algunos libros que pueden ser parte de tus lecturas.
De
Oscar Wilde: La importancia de llamarse Ernesto, El
ruiseñor y la rosa, El Príncipe Feliz
(cuentos).
De Martín
Luis Vigil: La muerte está en el camino, La vida
sale al encuentro.
De Manuel Tamayo
y Baus, La locura de amor (sobre Juana la Loca).
De Von Chamizo,
El hombre que perdió su sombra (cuento alemán).
De Antonio de
Saint-Exupery, El Principito.
De Honorato de
Balzac, Eugenia Grandet. La protagonista de esta obra es
hija de un rico y avariento burgués. Posee firmeza de carácter
y piedad. A la muerte de sus padres se convierte en el centro
de las ambiciosas pretensiones de los mejores "partidos"
de Saumur. Es un personaje sencillo y animado por una inextinguible
vida ideal.
De Charlotte Brontë,
Jane Eyre. Jane es una huérfana que conoce el egoísmo
de los parientes ricos y la dureza de los institutos de beneficencia
de su época. Aunque la trama está embebida de ingenuidad,
Jane vive en el tiempo porque es un personaje "vivo",
ardiente y rebelde, profundamente religiosa pero dispuesta a denunciar
la hipocresía de las convenciones de su tiempo.
De Daphne Du Maurier,
Rebeca. Pocos personajes hay en la historia de la literatura
que tengan tanta intensidad como Rebeca. Es la protagonista absoluta
de la novela, aunque murió hace años y su cadáver
yace en el fondo del mar. Pero está omnipresente y marca
a todos los personajes que habitan en la casa en la que ella vivió.
De Henry James,
Daisy Miller. Daisy es una muchacha americana, bella y
rica, que suple con desenvoltura la falta de una educación
refinada. Independiente, llena de sinceridad y de coquetería
lleva consigo la naturaleza y las costumbres de un mundo nuevo,
pero la sociedad de la vieja Europa da la voz de alarma y en torno
a ella se hace el vacío. La figura de Daisy Miller es una
de las mejores imágenes femeninas de las que James ha narrado
la vida interior.
De Fernando de
Rojas, La Celestina. Celestina es lo que comúnmente
se conoce con el nombre de "alcahueta", pero también
es la personificación de la brujería y variadas
astucias al servicio de su profesión. La grandeza de Celestina
fluye de la misma realidad, de sus rasgos simultáneamente
repugnantes e impregnados de simpatía, de gracia de mujer
de pueblo, de prudencia proverbial y de pedantería erudita.
Es una obra fuerte pero el bien y el mal quedan muy claros.
De Sófocles,
Antígona. Los dos hermanos de Antígona mueren
uno a manos del otro. El nuevo tirano de Tebas, su tío,
entierra a uno y niega la sepultura al otro, y amena de muerte
a quien lo haga. Antífona cumple con lo que cree que es
su deber desafiando a la muerte.
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