Milagros: por qué y por qué no
¿Por qué Dios haría aparecer una imagen de la Madre Teresa en un panecillo en Texas pero no desvía dos aviones del World Trade Centre?
Dwight Longenecker
Las "cosas" de mi amigo

        Mi amigo Steven me entretiene y me asombra porque es al mismo tiempo un católico devoto y un devoto dubitativo. No tiene tiempo para dedicar a los aspectos más entretenidos de la religión católica como son las visiones de la Santa Virgen María, los estigmatizados, los cuerpos incorruptos de los santos o las reliquias de la Vera Cruz. Steve arruga la nariz ante estos fenómenos milagrosos aunque despreocupadamente recita el credo en misa cada semana en el que profesa creer en la Encarnación, el Nacimiento Virginal y la resurrección de los muertos.

        Seguramente cree que Dios mismo nació de una Virgen en Palestina hace 2.000 años, que fue asesinado en un conflicto político y se alzó de nuevo al tercer día; no debería tener problemas con Vírgenes que lloran, cuerpos de santos que huelen a rosas, monajs que levitan o monjes con poderes curativos. Pero si le tanteo con estos temas Steven susurra crípticamente: “no creo que el cristianismo dependa de lo milagroso”.

El humano y pobre punto de vista

        Debo admitir que la lógica está de su lado. Steven me pregunta por qué Dios Todopoderoso debería preocuparse de hacer llorar lágrimas reales a una Madonna en Italia pero no interviene para detener a decenas de miles de Africanos matándose en Ruanda. Pregunta por qué la Virgen María se aparecería a unos chavales de Bosnia para rezar, pero no les dice a los soldados bosnios que no violen, saqueen y maten. ¿Por qué, se pregunta, Dios haría aparecer una imagen de la Madre Teresa en un panecillo en Texas pero no desvía dos aviones del World Trade Centre? Si estos milagros son de Dios, ¿no hace eso parecer que Dios está ocupado con trucos de magia mientras el mundo arde? En comparación, la lira de Nerón parece poca cosa. Me toca balbucear.

        Pero quizá los milagros tienen muy poco que ver con nuestro tipo de lógica. Quizá sólo son una parte de la creación del Cosmos maravillosamente extravagante que hace Dios. Quizá los milagros son chistes introducidos en el sistema como esos dibujos antiguos en los que tenías que encontrar caras ocultas. Una vez descubrías la cara, toda la imagen se veía distinta. Quizá los milagros son las caras ocultas que nos ayudan a ver de forma diferente el cosmos entero. Nos recuerdan que el muro entre este mundo y el siguiente tiene grietas, y así es como entra la luz.

De lo que no nos enteramos

        Los argumentos de Steven persisten. ¿Por qué Dios hace milagros extraños y asombrosos pero no los hace grandes y gloriosos? Pero, claro, ¿quién puede decir que cada día no ocurren un millón de milagros grandes y gloriosos? ¿Cuántos aviones son llevados sobre las alas de los ángeles para evitar que se estrellen? ¿Cuántos hombres malignos se echan atrás en sus planes demoníacos en el último momento? Nunca sabremos cuánto mal se ha evitado milagrosamente gracias a la oración. Nunca sabremos de estos milagros preventivos porque las cosas terribles no llegaron a suceder.

        Ser demasiado lógico acerca de estas cosas no sólo es tozudez, también es pequeñez. Uno sólo puede hacer un juicio correcto cuando tiene todos los hechos, y el único que los tiene todos es el Todopoderoso. En el plan general de la cosas bien podría ser que los milagros pequeños sean los más efectivos. A través de ellos corre una magia y una lógica mucho más profunda. En el drama general, ¿quién sabe lo que puede venir de un milagro pequeño?

        .Después de todo, se podría decir: ¿por qué la Santa Virgen se molestó en aparecerse a esa muchacha campesina e iletrada de Lourdes? Sin embargo, a partir de ese suceso millones han sido bendecidos y sanados y llevados al Reino.

Sabemos poco

        Mirando más atrás, Abraham podría haber dicho: “¿por qué Dios me pidió sacrificar a Isaac sólo para sacarse una cabra del sombrero en el último momento? ¿Qué quería decir?” Pero por su obediencia la noción de que el propio Hijo de Dios subiría al monte del sacrificio se mantuvo viva. De igual forma, una semana después de la Crucifixión un cínico podría haberse mofado y preguntar: “¿por qué el Todopoderoso se molestó en hacer el truco mágico ése con carne y huesos y resucitar al pobre y engañado predicador errante de Galilea? ¿Qué se supone que significa eso?”